técnicas de motivacion
técnicas de motivacion

Se han escrito infinidad de libros y artículos sobre técnicas de motivación y, sin embargo, la enorme mayoría de ellos no sirven para nada. O proclaman cosas que no funcionan y no tienen base alguna (ni científica, ni lógica) o bien citan tácticas de motivación poco aplicables en la vida real.

Y la motivación es lo más importante, no nos engañemos. Especialmente si eres emprendedor, la motivación es el combustible para seguir adelante, para subir las cuestas y para perseverar cuando las cosas se ponen feas o no se ven resultados. Algo que ocurre la mayor parte de los días.

Más de una vez he dicho que el principal «juego» de emprender es interno y mental. Cuando el emprendedor flaquea, toda la empresa lo hace. Por eso, hoy quiero mostrar las 10 técnicas de motivación que sí funcionan en el mundo real, probadas tanto en los estudios, como en la experiencia propia.

Con estas 10 técnicas de motivación podremos tener ese extra de combustible para llegar hasta nuestros objetivos. Todos hemos sentido el poder de esos días en los que la motivación nos impulsaba. Días invencibles en los que éramos capaces de todo. Con suficiente motivación, no hace falta mucho más, así que empecemos ya con lo que realmente funciona y está probado.

1. Cambiar la mentalidad para aplicar las técnicas de motivación

Uno de los principales problemas con las técnicas de motivación más habituales es que casi todo lo que se enseña sobre el tema está equivocado. Por eso, la primera técnica de motivación a aplicar es entender cómo funciona de verdad.

La manera tradicional de explicar la motivación es esta: «Has de estar motivado para hacer algo».

Sin embargo, es un error fundamental. Cuando la motivación se estudia de manera seria, sin frases hechas que simplemente suenan bien, resulta que funciona justo al revés.

El orden correcto es este:

Cuando haces algo, la motivación nace.

La dirección habitual de la causalidad está invertida y la verdadera se basa en otro principio fundamental:

El éxito genera éxito.

¿Cuándo hemos estado más motivados realmente para seguir? ¿Cuándo no nos hacían falta frases alentadoras? Cuando hemos tenido un éxito real en algo. Cuando hemos conseguido esa venta, esa cita, ese logro. En ese momento, nuestro cerebro ha hecho conexión, le ha gustado esa sensación y automáticamente dice: «Quiero más», motivándote de verdad a conseguirlo.

En el mundo real dan igual las frases de ánimo y lo bien que suenan: o tenemos alguna sensación real de logro o acabaremos desmotivados. Y esa sensación se consigue haciendo cosas y terminándolas.

Hay un libro excelente de James Haden sobre el tema: The motivation myth. Los estudios y la teoría que corroboran todo esto de lo que estamos hablando, para quien quiera saber más, están desplegados con maestría en sus primeras 100 páginas. Pero a mí lo que me interesa ahora es cómo poner en práctica esta técnica de motivación.

Lo primero que tenemos que hacer es dejar de creer en todos esos cuentos de hadas que suenan bien. Los motivadores, coaches y demás han crecido como setas a la sombra de la palabra emprender, pero son básicamente inútiles. Pasión, libertad, grandes ideas… repiten estas cosas constantemente pero todo eso no importa sin acción. Esto es algo que cualquier emprendedor serio (que no viva de vender humo a otros) comprueba en sus primeros días.

Lo segundo es incentivar la acción por encima de todo. Cuando nos vamos a casa con la sensación de logro y trabajo cumplido, nos llenamos de la verdadera motivación para continuar el día siguiente. ¿Cómo aplicar eso en la práctica?

2. La escalera de los pequeños éxitos

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Lo ideal para estar motivados es recibir recompensa y reconocimiento externo. Si queremos estar motivados para vender, lo más efectivo es cerrar ventas. Lo que ocurre es que no podemos depender de eso porque es algo externo fuera de nuestro control.

Podemos realizar la acción de vender, pero que eso finalice con éxito depende del cliente. Así, no podremos tener nunca una motivación constante.

¿Qué hacemos entonces si no podemos obtener motivación externa fiable? Usamos la motivación interna.

Cuando nuestro cerebro termina algo y tacha la tarea que teníamos pendiente, recibe un pequeño impulso de dopamina positivo que le hace desear más y querer tachar otra. El éxito terminando una tarea engendra más motivación para acabar otra.

Para poner en marcha esa «escalera de pequeños éxitos» que nos motiven tenemos que:

  • Tener un plan paso a paso. Si no lo tenemos es hora de hacerlo con instrucciones detalladas y objetivos claros. Sin esto es difícil actuar y motivarse porque simplemente estamos trabajando en un lío amorfo al que no sabemos cómo meter mano o cuándo terminará. Y eso desmotiva.
  • Dividir las tareas hasta que sean ridículamente pequeñas. Este es el remedio básico contra la procrastinación, que es la que impide la acción y, por tanto, la motivación real, que no surge si no existe primero esa acción.
  • Repasar los éxitos y lo conseguido hasta ahora. Porque la mayoría de veces nos centramos en lo que tenemos por hacer todavía y eso causa frustración, porque parece que lo que hay que hacer no se acaba nunca.

La recomendación principal es pues dividir lo que tenemos que hacer en partes tan pequeñas, que sea casi imposible no terminar una tarea en 5 minutos. Así aprovecharemos una primera sensación de logro, de éxito realizando cosas. Eso nos motivará a seguir por esa escalera ascendente de pequeños logros y completar otra de las diminutas tareas en las que hemos dividido lo que tenemos que hacer.

Esta táctica para motivarnos parece sencilla y lo es, porque lo complicado, simplemente, no funciona.

Por esa escalera de pequeños éxitos conseguiremos llegar muy alto en motivación.

3. Desarrollar una maestría en lo que hacemos

Otro de los libros que siempre recomiendo sobre motivación y productividad es So good they can’t ignore you de Cal Newport.

Allí se desgrana otro punto importante para comprender las técnicas de motivación que funcionan:

Cuando empiezas a dominar algo y ser bueno en eso, surge la pasión y el amor por esa actividad.

De nuevo, la causalidad real está cambiada en la mente de la mayoría. De hecho, uno de los peores consejos que se le puede dar a alguien es el de: «Sigue tu pasión». Resulta que esa pasión nace de la maestría y el dominio. Sin ella, es imposible sentirnos motivados.

Si hacemos algo, hemos de esforzarnos por ser los mejores. Porque he aquí otra verdad: «Si no estás en esto de emprender para ser el mejor, entonces mejor que ni lo intentes». En serio. El mercado ya está saturado de mediocridad que sólo quiere quedarse con el dinero de alguien y trabajar lo mínimo. Todos hemos visto a esos tras una ventanilla que están ahí solo para cobrar la nómina del mes. No para aportar valor, ni dar un servicio, ni que les importe la persona que llega hasta ellos.

¿Cuál es el nivel de motivación general en esas personas? Nulo, porque falta esta técnica de motivación.

Si no tenemos un compromiso por ser mejores, estar siempre al tanto de las últimas novedades y ser los mejores expertos en nuestro campo que podamos ser, vamos a fracasar seguro y nos desmoralizaremos. Pero si nos preocupamos por dominar y convertirnos en expertos, he aquí un premio que a muchos les resulta inesperado: Cuando adquirimos la maestría en algo, aparece la motivación por ese algo.

He aquí una explicación más a fondo de por qué eso de «seguir la pasión» es un desastre y cómo esa maestría lleva a la motivación.

4. Para estar motivado es imprescindible tener una autonomía

La autonomía es otro componente clave de la motivación personal y la productividad. Estudios millonarios sobre el terreno como los de Google lo demuestran y, por eso, en nuestra empresa debemos favorecerla. Pero entendiéndola bien.

Autonomía no significa que cada uno haga lo que quiera, eso no funciona y, sin limitaciones y restricciones, tendremos la receta del desastre.

Autonomía significa capacidad de decidir dentro del trabajo que se hace.

Es decir, que yo puedo poner un objetivo o encargar que un proyecto se lleve a cabo en tal fecha, pero mientras se cumplan unos requisitos básicos, el cómo se haga es una cuestión del equipo o la persona encargada. Si dicha persona no tiene nada de autonomía a la hora de hacer algo, no tendrá motivación para hacerlo.

Como táctica de motivación, la autonomía se aplica en la práctica de dos maneras:

  • Si somos emprendedores, normalmente ya tendremos esa autonomía para desarrollar nuestro trabajo de la manera deseada. Si no, porque el cliente es demasiado férreo, debemos establecer límites para actuar con libertad o pronto nos desmotivaremos.
  • Si tenemos gente a nuestro cargo y lideramos equipos, debemos conceder esa autonomía como táctica fundamental de motivación de aquellos que trabajan para nosotros. Así, obtendremos resultados en la práctica. Eso es genial porque, como hemos visto, también son una técnica efectiva de motivación.

5. La técnica de motivación de tener un propósito

Otra táctica de motivación que funciona es que nuestro trabajo tenga un propósito. Esto significa que lo que hacemos está al servicio de algo más grande que nosotros mismos y va más allá del dinero.

Desde una buena causa hasta algo que mejore la vida de los demás, debemos trascender lo meramente monetario. Es más, se ha demostrado una y otra vez en los estudios que el dinero, una vez recibimos por nuestro trabajo una cantidad justa y suficiente, no es una buena técnica de motivación.

Hace mucho tiempo, comencé mi actividad como emprendedor dentro de la asesoría «tradicional». Cuentas, impuestos, etc. Lo tuve que dejar, no solo porque no me motivaba en absoluto, sino porque estaba acabando conmigo. Eso es lo que puede hacer que no percibamos un propósito en nuestro trabajo.

Para empezar, ni siquiera sentía que tuviera demasiada autonomía, lo que empeoraba las cosas. Es cierto que me organizaba como quería y realmente ese era el elemento de motivación que más presente estaba, pero aún así me sentía atrapado, al ritmo de los trimestrales, presentaciones de cuentas y plazos que me ponían los clientes y la legislación.

Para seguir, no tenía ningún incentivo de ser mejor en lo que hacía, ya que es una tarea bastante mecánica.

Nunca lo descuidaba, por supuesto, pero un asiento contable es un asiento contable aquí y en Compostela, y las leyes fiscales ponen lo que ponen, sin dar margen a la libertad. Además de que no sentía que estuviera empleando mis habilidades en algo que importara de verdad, ni tuviera relevancia alguna.

Para terminar, tampoco pensaba que lo que hacía tuviera un propósito más grande o que proporcionara un bien especialmente importante a nadie. Seamos sinceros, no es que quisiera construir una pieza clave en el «gran esquema de las cosas», pero uno no siente que está haciendo algo grande entre libros contables, cierres e impuestos.

La motivación era el dinero pero, de nuevo, solamente eso no sirve de nada.

Esto no es autoayuda sin sentido. Si revisamos de nuevo los experimentos de Google sobre productividad, vemos cómo el propósito era fundamental y siempre estaba presente en los equipos más motivados y productivos.

6. Conectar con los que nos rodean

La vida del pequeños emprendedor puede ser solitaria. En ese caso, la soledad, el aislamiento y la desconexión con los demás se deben mitigar, porque si no, nos pasará una enorme factura, empezando por desmotivarnos. Como con el caso del propósito, no es solo que no nos motiva, es que puede llegar a desmoralizar.

En el caso de trabajar con otros, la técnica de motivación fundamental es conectar con esos que nos rodean.

Por ejemplo, en la empresa Gore-TEX cualquiera que desee ascender y empezar a liderar equipos debe reunir a un grupo de gente que esté dispuesta a trabajar con él.

La clave es que haya un equipo unido, porque cualquiera que se sienta aparte y desconectado, se verá automáticamente desmotivado.

Si queremos motivar, debemos hacer que el equipo conecte. Si queremos conectarnos nosotros, debemos hacer un esfuerzo por esa conexión. El aislamiento es el enemigo.

7. Visualizar, pero correctamente, porque es una de las técnicas de motivación que peor se usa

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Muchas veces se ha hablado de la visualización como técnica de motivación. Sin embargo, la visualización que se suele enseñar por ahí no solo no motiva, sino que produce el efecto contrario.

La táctica de motivación de la visualización funciona cuando se realiza tal y como se hace en el rendimiento deportivo de élite. Esto significa visualizar el proceso funcionando a la perfección, pero no el resultado.

Es decir, que para motivarnos no debemos visualizar la recompensa prometida, no debemos vernos nadando en dinero o en una playa con vistas al Pacífico. Lo que funciona es visualizar el proceso de tener un día de trabajo motivado y productivo. De la misma manera que los deportistas de élite se visualizan jugando bien, acertando los pases y haciendo una labor de equipo (y no levantando el trofeo), para motivarnos nosotros debemos dedicar, antes del trabajo, unos pocos minutos a vernos motivados, trabajando bien, sacando tareas adelante con maestría.

Esa visualización de la psicología de deporte de élite se ha demostrado efectiva, la de la de los libros de autoayuda de materializar un Ferrari en la puerta con la fuerza del pensamiento es, simplemente, un timo.

8. Usar las afirmaciones pero, de nuevo, de la manera que funcionan

Esta técnica de motivación es una extensión de la táctica anterior. De nuevo, la clave no es repetirse mil veces ante el espejo que somos los mejores. Eso no solo no funciona, sino que en los estudios se ha demostrado que es particularmente nocivo para quienes tienen menos autoestima.

¿Y quiénes son los que suelen emplear esta técnica de motivación? Precisamente los que adolecen de esa falta de confianza e incentivo, con lo que nos estamos disparando en el pie con las afirmaciones motivadoras.

Sin embargo, otro experimento nos da la clave para usar esta técnica de motivación y que funcione. En un reciente macroestudio, con más de 44.000 participantes, se probaron 3 técnicas de motivación..

  1. Las afirmaciones o «hablar con uno mismo».
  2. Imaginar o visualizar.
  3. La planificación «Si… entonces…», que consiste en planear qué vas a hacer cuando ocurre una determinada situación.

Esas tres técnicas se probaron a su vez de cuatro maneras diferentes:

  1. Para ayudar a mejorar el proceso. Lo que significa repetirse: «Puedo reaccionar más rápido», «Puede escribir mejor el informe» o «Puedo controlar mejor el balón».
  2. Para mejorar el resultado final. Que implicaría decirse: «Voy a intentar ganar».
  3. Para mejorar el control/excitación de la situación. Que en la práctica significaría decirse algo como: «Estoy motivado y con energía».
  4. Para mejorar la instrucción de la tarea. Que en un ejemplo de trabajo como el de redactar este contenido significaría decirse: «He de centrarme en repasar bien lo que escribo y usar un lenguaje claro».

En los resultados, la técnica de motivación más fácil fue, por suerte, la más efectiva: la afirmación, o hablar con uno mismo, como se quiera decir.

De hecho, los mejores resultados se dieron cuando se trataba de charla con uno mismo enfocada en proceso. Es decir las dos opciones con el número 1 de entre todas las que hemos visto.

A su vez, imaginar también dio buenos resultados cuando se enfocaba en cuanto a proceso, corroborando que la visualización del punto anterior funciona como técnica de motivación y productividad… cuando se hace bien.

9. La fecha límite cercana y jugarnos algo en ella

No negaré que, por mi tipo de personalidad, esta técnica de motivación me funciona bastante bien. Para mí (y para muchos otros) el miedo al ridículo y a la decepción es un poderoso motivador.

Por eso, todos estos años, lo que mejor me ha funcionado para motivarme ha sido:

  • Ponerme un objetivo sensato. Uno que pueda cumplir, pero tampoco muy fácilmente, es decir, que requiera un poco de esfuerzo.
  • Poner una fecha límite a ese objetivo que no sea demasiado lejana (para sentir un poco de presión y estrés positivo, o como se dice técnicamente, de eustrés). Si ponemos una fecha demasiado lejana, la procrastinación hará que lo dejemos para el final de todas formas.
  • Comprometerme públicamente de lo anterior ante gente conocida y que me importe (por ejemplo, mis clientes).

Una vez me he expuesto ante los demás con ese compromiso público, casi nunca fallo salvo motivos de fuerza mayor.

El secreto para que esto funcione se basa en que la opinión de los demás nos debe de importar y, por tanto, la ponemos en juego. Si, por ejemplo, me comprometo a sacar un producto en una determinada fecha ante mis clientes, no hacerlo hará que opinen de mí que no cumplo lo que prometo. Eso es muy malo para mi negocio y mis ventas, porque su percepción afectará a mis resultados. Cuando les diga que puedo proporcionarles el resultado que desean, no me creerán, ya que han visto que no cumplo lo que prometo.

Para que funcione esta técnica de motivación he de arriesgar y jugarme la piel, porque un compromiso ante desconocidos, que no voy a ver nunca o que no me importa lo que piensen de mí, diluirá la táctica de motivación, ya que no habrá consecuencias reales de que no haga lo que he dicho que voy a hacer.

9.1 La otra cara de la moneda: Ponernos objetivos y callarnos

Las técnicas de motivación de comprometernos públicamente y arriesgarnos a la vergüenza como consecuencia negativa funcionan solo con un tipo de personalidad como la mía.

Algunos estudios abogan por lo contrario para otro tipo de personas y, en ellas, han comprobado que callarse es lo mejor para cumplir objetivos.

Es decir, que la táctica de motivación sería la misma, pero sin la parte del compromiso público.

Le invito a probar las dos caras de la moneda y empezar por exponerse y hacer un compromiso público. Si el tema de la vergüenza no es su fuerte, también puede apostar algo más material. Por ejemplo, dinero. Si no cumple lo que ha dicho, deberá pagar algo a alguien, o hacer el trabajo gratis.

Hemos de tener en cuenta que las personas nos motivamos más para no perder algo que para ganar algo.

10. Ponerse recompensas, pero no monetarias

Está demostrado que ponerse recompensas por cumplir algo funciona. Lo curioso según los estudios es que esas recompensas, cuando son monetarias, no funcionan bien para motivar empleados. Sin embargo permitirnos algún pequeño capricho sí nos motiva.

Podemos hacer como con los objetivos y la escalera de pequeños éxitos que ya hemos visto, es decir, ponernos recompensas pequeñas e inmediatas en el tiempo. Nada de unas vacaciones futuras a meses vista.

¿Por qué? Por lo que se llama «descuento hiperbólico». Es decir, la tendencia humana a valorar más lo inmediato que lo futuro. Por ejemplo, valoramos más 50 euros hoy que 100 euros dentro de 30 días. Mucha gente a la que le ofrezcan las dos opciones cogerá los 50 euros hoy, porque se va con ellos en la mano y a saber qué pasará dentro de un mes.

La aplicación de esto es clara. Ofrezcamos recompensas instantáneas, cuanto más lo sean, más motivación.

Y además, ofrezcamos recompensas que no sean solo monetarias, sino que tengan que ver con las técnicas de motivación que hemos visto ya que funcionan: conceder autonomía, conexión, autoridad, reconocimiento público…

El tema de la motivación es, por desgracia uno de los menos comprendidos y peor aplicados. Muchos tratan de motivar con dinero solamente, y se sorprenden de que enseguida deje de funcionar o no lo haga en absoluto. Otros intentan técnicas vacías, como decirse mil veces ante el espejo que son los mejores, y luego eso no solo no motiva, sino que pasa factura.

Por eso, aquí están estas 10 técnicas de motivación que sí funcionan. No solo con mi experiencia propia usándolas, sino porque han sido demostradas por la ciencia.

Así que ya sabemos, empezamos a aplicarlas en la práctica. Al fin y al cabo, como también hemos visto, la acción es una de las mejores técnicas de motivación que existen.

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