Seguir la pasion
Seguir la pasion

«Sigue tu pasión para ser feliz» o, adaptado al mundo de los negocios: «Sigue tu pasión y, con el tiempo, el dinero vendrá».

En serio que lo no sé yo es el tiempo que he vivido secuestrado, como emprendedor, por ese terrible consejo. Que quizá sea bienintencionado o quizá se da para vender más, porque todo lo que suena bien y suena fácil, vende.

Miles de libros de autoayuda y, lo que es peor, de gestión de negocios (que a veces y por desgracia no hay manera de distinguirlos) se han construido sobre esa noción errónea.

Lo curioso es que muchos de ellos, que se editan una y otra vez, cantan la misma sonata que ha llevado a la perdición a la mayoría de emprendedores que la han seguido.

Lo repito cada cierto tiempo, pero si uno quiere emprender, y es serio al respecto, nunca debe empezar por la pasión, sino por el mercado. Ese va a ser el factor que más predecirá el éxito de un nuevo negocio, meterse en un mercado adecuado.

Ahora, dicho esto, es cierto que no sólo hemos de tener en cuenta el mercado y el dinero, no al menos dentro de mi filosofía personal. Los testimonios de incontables adictos al trabajo que acaban siendo miserables dan cuenta de que es otro camino a no seguir. Pero ese no es el tema ahora.

Por qué seguir ciegamente una pasión es una terrible estrategia

En general, esas grandes preguntas que nos hemos de plantear a la hora de averiguar nuestra llamada en la vida, como quiénes somos en realidad o qué es lo que amamos por encima de todo, son imposibles de contestar con certeza.

No se deje llevar por el momento, es la realidad, usted no es el mismo ahora que cuando era un adolescente, la respuesta a esas cosas (la que cree que sería correcta) es muy distinta en un tiempo y en otro, así que, ¿cuál era la verdadera? Aquellos que no paran de preguntarse esas cosas suelen acabar saltando de un trabajo a otro (y no de una manera buena o como avance) y, además, somos capaces de amar muchas cosas y podemos ser felices con muchas cosas.

Las películas nos han inculcado esa noción de que si encontramos lo que amamos, como si eso fuera una media naranja única (otro mito) tendremos la felicidad perpetua. Pero las películas mienten y acaban en un momento de felicidad álgido. Nunca muestran qué pasa después, los días horribles aunque trabajemos en lo que amamos (porque son inevitables y me da igual a lo que se dedique) o las discusiones y divorcios que acontecerán a buena parte de esos novios felices que se besan por fin antes del The end.

Las películas tienen como objetivo contar una historia bonita, no una historia verdadera. Las películas, como esa autoayuda barata, en realidad quieren vender. Y lo que vende es eso, no una historia del día a día, vamos a las películas precisamente para librarnos de ese día a día.

Cuál es la solución

Sucede que, como muchas cosas de esta vida, se ha estudiado a fondo lo que proporciona la felicidad en el trabajo, en serio. Lo que pasa es que apenas lo sabe nadie. ¿Por qué? Porque no sirve para vender y separar a la gente de su dinero, aunque sea mintiendo.

Verá, está demostrado que lo que proporciona mayor satisfacción y felicidad en el trabajo, sea por cuenta propia o ajena, y son estas tres cosas:

  1. La autonomía: el sentimiento de que tienes control sobre tu día y tus acciones.
  2. Nuestra competencia realizando el trabajo: no me refiero aquí a competidores, sino a la capacidad de hacer un buen trabajo. Es decir, de ser buenos, o mejor, muy buenos, en lo que hacemos.
  3. La conexión con otros: es decir lo integrados que estamos con el resto de personas con las que trabajamos. Somos seres sociales y por tanto nuestra felicidad siempre va a tener un componente social, en el trabajo y en todo.

El punto 1 es claro en un emprendedor, así que un tercio lo tenemos hecho, que no se diga que son todo problemas. Mientras, el punto 3 es un problema si somos emprendedores solitarios. Pero la cuestión es, sobre todo, el punto 2. Ese es sobre el que tenemos más control. Todo el control, de hecho.

Es ahí donde está la clave y no en sigue tu pasión.

La mentalidad de artesano y de hacer el mejor trabajo posible

Cal Newport es profesor asistente de ciencias de la computación en la Universidad de Georgetown. También es, probablemente, uno de los hombres más inteligentes a los que leer y en su libro So good they can’t ignore you, da esa clave.

Se podría resumir la premisa principal de su libro en lo siguiente:

«La pasión es un fenómeno que viene con una vida laboral bien vivida. No sigas tu pasión, en vez de eso, deja que ella te siga en tu gesta de convertirte en alguien tan bueno en lo que haces que es imposible que puedan ignorarte».

¿Ignorarte quién? Pues los clientes, los jefes, todos los demás.

Esa es la verdadera clave. Hagamos lo que hagamos, imponerse la gesta personal de ser tan bueno que todos los demás no puedan ignorarte. Eso es lo que más felicidad proporciona.

No me importa lo bien que suenen esas teorías de encontrar la pasión y seguirla. Yo ya he madurado y terminado con ellas. Las sirenas también sonaban muy bien al cantar y los que las escuchaban acababan estrellados contra las rocas. Importa lo que es verdad, y lo cierto es que, cuando se analizan los datos, en ningún momento haber seguido una pasión figura como elemento que proporciona una felicidad en el trabajo que se hace, por cuenta propia o ajena.

¿Difícil de creer? Da igual, pues no es una cuestión de creencia. Los datos verdaderos no son una cuestión de fe, son los que son, no les importa que se crea en ellos y eso no los cambia ni un ápice.

Hemos de dejar de perseguir conejos blancos y creer que la felicidad es un estadio estable que encontraremos cuando trabajemos en lo que creemos desear, cuando nos toque la lotería o cuando quien nos gusta nos diga que sí.

Encomendarnos a esa gesta de, trabajemos en lo que trabajemos, hagamos lo que hagamos, ser los mejores. Eso es lo que más satisfacción traerá. Garantizado.

P.D. No creo que sea necesaria esta aclaración, pero, obviamente, no tratemos de iniciar esa gesta en un trabajo que odiamos profundamente. Aunque hacerlo mejorará (y mucho) la situación, y es la mejor estrategia si no podemos cambiar de actividad, tengamos un plan para dedicarnos y ser buenos en cosas que nos gusten o, como mínimo, no aborrezcamos.

No nos pongamos en los extremos, nada bueno vive ahí.