Tengo miedo

el miedo a emprender

Esta es la conversación que casi nunca se tiene, pero se debería: todos los emprendedores tenemos miedo.

Lo queramos reconocer o no, es así. De hecho, es lo que en estos años me han comentado bastantes emprendedores sinceros, por email, en persona o en mensajes privados.

Por eso, me gustaría tratar este tema, compartir mi experiencia y, sobre todo, algo útil que aplicar.

Supongo que el que los mensajes hayan sido siempre privados o en conversaciones más o menos íntimas, se debe a que es un tema incómodo. A poca gente le gusta reconocer que tiene miedo, creemos que no va a estar bien visto, que van a pensar que no tenemos lo que hay que tener para hacer negocios con nosotros.

Pero todos tenemos miedo, y lo tenemos porque somos personas normales.

El gran enemigo del emprendedor: La incertidumbre

Ser emprendedor es vivir cada día en una niebla hecha de incertidumbre y esa es la mayor dificultad de este camino.

Cuando los soldados de las guerras napoleónicas se lanzaban a la batalla, el momento en el que tenían más miedo (y era más probable que salieran corriendo) era justo antes de entablar contacto con el ejército de enfrente.

Esto se debía a que, antes del avance y el choque con el enemigo, se producía un gran fuego de artillería por parte ambos bandos. Esto provocaba que el campo de batalla se llenara de humo y no hubiera manera de ver nada.

Así que las tropas, una vez terminado el bombardeo, avanzaban a ciegas entre toda aquella humareda, y era en ese momento de incertidumbre (porque te movías en la niebla) cuando era más probable la huida. No se veía nada, pero escuchabas sonidos terribles y gritos aterradores a izquierda y derecha. La mente empezaba a jugar su habitual mala pasada, desatando imágenes horribles sobre lo que iba a suceder…

Curiosamente, cuando tomaban contacto real con el enemigo, las probabilidades de huir bajaban enormemente y los generales respiraban más aliviados.

Esto es una muestra de que, por naturaleza, la incertidumbre es peor que saber y una de las cosas a las que más tememos.

El miedo es libre y la imaginación es capaz de crear peligros y desenlaces más terribles que la realidad, porque siempre se pone en lo peor.

Y si somos emprendedores, nos hemos casado con la incertidumbre y ahora tenemos que vivir con ella cada día.

Vivimos en la constante humareda de la batalla y resulta que los emprendedores nos hemos construido la casa en el terreno que más tememos las personas.

Así que no hay nada de lo que avergonzarse. De hecho, es al contrario.

Todos aquellos que nos echarán en cara que fracasemos mojan los pantalones con la sola idea de atreverse a algo, en vez de criticar a los demás.

El miedo como aliado

Aclaremos una cosa, el miedo no es malo.

Tiene la función de mantenernos a salvo y es positivo. Sin él nos meteríamos alegremente en callejones oscuros y negocios turbios.

Sin embargo hay otro miedo, llamémosle un «miedo negativo», que no tiene que ver con una situación de supervivencia real.

Ese es el que nos atenaza y nos incapacita para esas cosas de la vida que sabemos que hay que hacer pero no nos atrevemos.

Es el que dibuja en nuestra cabeza escenarios terribles para casi cualquier situación y, sobre todo, nos impide movernos, aunque sabemos que es eso exactamente lo que tenemos que hacer.

No es difícil distinguir el miedo positivo del miedo negativo, y al segundo hay que gestionarlo (cuando era más joven pensaba que había que enfrentarlo, pero esa suele ser una mala estrategia).

Si miramos sinceramente dentro de nosotros cuando eviatmos hacer algo, podemos distinguir la mayoría de las veces si está actuando el miedo que impide que toquemos la estufa (positivo) o el que nos impide hacer llamadas para promocionar nuestra empresa (negativo).

Eso sí, las personas somos excelentes a la hora de engañarnos con excusas y narrativas sobre por qué no hacemos algo. Y es que no hay persona más fácil de engañar que nosotros mismos.

Cómo afrontar el miedo que nos impide atrevernos

La mala noticia es que no hay fórmula mágica que funcione siempre para afrontar esa clase de miedo negativo. Lo más práctico que he visto ha sido quizá empezar por comprender que:

  • La gran mayoría de las cosas terribles que nuestra mente imagina no suelen ocurrir. Parafraseando a Mark Twain: «He sufrido por muchas cosas en la vida, la mayoría de ellas nunca se hicieron realidad».

  • Que muchas situaciones que imagina nuestra cabeza, aunque ocurren, luego no son para tanto o bien lo son, pero aún así, infravaloramos la capacidad de superar esos retos y recuperarnos.

Yo tengo miedo, y si usted es emprendedor también debería tenerlo. El miedo es como un compañero de piso que no se va a ir nunca y uno de los aprendizajes más importantes es que no hay manera de eliminarlo del todo.

Es un mito ser una persona que no teme a nada. Si ese es su objetivo, prepárese para frustrarse intentándolo.

Lo único que se puede hacer, como con ese compañero de piso que no se va, es aprender a convivir con él.

¿Cómo?

De la misma manera en la que los soldados veteranos parecen temer menos que los novatos.

Con la práctica y la experiencia.

Es decir, enfrentándose a menudo, empezando poco a poco, dándonos cuenta de que muchas veces nuestra cabeza lo pinta peor de lo que suele ser luego.

Reconociendo que temblamos como cachorros, pero aceptamos eso y hacemos lo que toca de todas formas.

Sólo con acciones podremos quitarle algo de poder al miedo y ganarlo nosotros.

Aunque sea asustados, tragando saliva, que al menos nos movamos. La primera vez nos temblará todo, la segunda sudamos un poco menos, a las siguientes, nuestro paso ya es un poco más firme. Somos los veteranos en la trinchera que hacen lo que tienen que hacer a pesar de las bombas alrededor.

No se van a ir nunca el miedo ni la incomodidad, pero al menos no nos atenazarán.

Steven Pressfield cuenta en su excelente libro The war of art, la anécdota de que, tras incontables años sobre los escenarios y en películas, Henry Fonda vomitaba antes de salir a escena.

Estaba nervioso, estaba asustado, tanto como para que el estómago se le encogiera, pero incluso así ponía un pie delante del otro y lo hacía.

El miedo le atenazaba, pero no le inmovilizaba.

Sí, yo tengo miedo. Al futuro, a cómo saldrá lo siguiente que estoy planeando, a si este trabajo saldrá mejor o peor… y ya no me esfuerzo en erradicarlo.

Trato de comprender su papel y unas veces me gana (somos humanos) y otras soy yo quien se lleva la pequeña victoria. Pero ya no me dejo llevar por el mito de erradicar mis miedos.

De hecho si alguien le promete vivir sin temor, tenga miedo de esa persona. Probablemente sólo quiere sacarle dinero a cambio de algo que no funciona.

4 comentarios en “Tengo miedo”

    1. Recursos para Pymes

      Me alegro de veras, te aseguro, Enzo, que el miedo es normal y sano. No tenerlo es simplemente por irresponsabilidad.

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