Más de una vez me he encontrado con esta situación. Una pequeña empresa comienza a no ir muy bien, al principio sólo se preocupa pero cuando las cifras van descendiendo más y empiezan a saltar las alarmas, entonces cunde el nerviosismo, empiezan las carreras y alguien piensa:

"Hay que hacer Marketing"

Y ese "hay que hacer Marketing" se convierte en un intento a la desesperada de hacer alguna promoción, poner algún anuncio y cruzar los dedos.

Luego el resultado es que el dinero empleado en ese movimiento se pierde como si lo hubiéramos tirado por el desagüe, los clientes no vienen y la situación se ha agravado porque estamos como antes pero encima sin esos valiosos fondos.

Y es que eso no funciona, echar mano del Marketing sólo cuando las cosas empiezan a ponerse feas e igualar Marketing a hacer unas cuantas promociones aisladas (sin planificar, sin estudiar el terreno mínimamente, sin ni siquiera saber qué pretendemos conseguir o cómo vamos a medir el efecto) es tirar el dinero el 99,99% de las veces.

El Marketing tiene que ser algo integrado en nuestra empresa y que ocupe un lugar importante todos los días, da igual si somos una multinacional o si somos una empresa de uno en nuestra habitación.

Eso implica que tenemos un plan, que sabemos perfectamente lo que queremos conseguir, que hemos decidido qué medios emplear habitualmente y estamos recogiendo información sobre lo que nos funciona en nuestro caso y lo que no.

Los contraataques a la desesperada suelen ser vanos, y más cuando nos lanzamos a ciegas contra un enemigo desconocido.

Si no nos hemos preocupado habitualmente de que nos conozcan, de establecer una relación, de captar interesados y aportar valor, de cuidar del cliente una vez nos ha comprado… Entonces no nos debe extrañar que cuando intentamos una acción esporádica en tiempos difíciles nadie nos haga caso, porque, como dice el proverbio, "sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena" y además no funciona acercarse a un desconocido de repente y decirle "Cómprame".

Nosotros no compraríamos en esas situaciones y el resto del mundo tampoco lo va a hacer.

No esperemos a las primeras señales de alarma. Si somos pequeños emprendedores nuestros días deben estar ocupados, en una parte importante, con la tarea de traer más interesados hasta la puerta de nuestro negocio y mejorar cosas para que una vez allí nos elijan en vez de a los demás.

No esperemos a mañana para tener un plan, aunque sea sencillo (de hecho si es sencillo más posibilidades tendrá de cumplirse). No esperemos a mañana para empezar a pensar cómo podemos darnos a conocer, no esperemos a movernos porque necesitamos desesperadamente esas ventas.

Empecemos hoy, en este momento, porque el Marketing funciona cuando es continuo y ocupa un lugar preferente en lo que hacemos.

Como emprendedores tenemos que ser conscientes de esto, no caer en la trampa de coger un mensaje, meterlo en una botella, lanzarlo al mar porque hemos naufragado y luego sacar la conclusión de que "He hecho Marketing y no funciona".

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