El error de creer que, cuando emprendes, algo sale a la primera

Al emprender nada sale a la primera

En la vida, como en los negocios, nada sale a la primera.

Esa es una de las lecciones más significativas (y a veces duras) de ser emprendedor. Ninguna campaña de marketing da en el clavo a la primera y ningún producto es un superventas a la primera.

Hay casos excepcionales y toda empresa se encuentra tarde o temprano con uno de esos golpes de suerte, pero no podemos depender de eso. Nadie que ha llegado lejos ha dependido de ello.

En general nada sale perfecto la primera vez que lo intentas y, de hecho, casi nada sale decentemente al lanzarlo, más bien al contrario.

El problema lo tenemos cuando esto ocurre y entonces se bajan los brazos enseguida y no se intenta nada más.

La clave está, curiosamente, en cómo funciona un misil

Hay mecanismos de guía por láser que pueden dirigir a su destino algo —desgraciadamente casi siempre armas—, con una precisión casi milimétrica.

Sin embargo, esto no se debe a que el cálculo del ordenador sea perfecto y a la primera demos en el objetivo, sino que el mecanismo se basa en lanzar, recoger datos, comprobar la equivocación y corregir, recoger nuevos datos de por dónde vas, comprobar la equivocación y corregir.

Así hasta que el proyecto llega al objetivo. La precisión no se basa en un cálculo perfecto a la primera, sino en equivocarse 100 veces y corregir 101.

Muchos emprendedores probamos algo con toda la ilusión y ganas, encontramos un par de obstáculos (que siempre surgen) y entonces el impulso se apaga como si hubiera sido un fuego de artificio. Y créame que conozco bien esa sensación.

Así que pasamos a otra cosa nueva y brillante que llama nuestra atención, depositando todas nuestras esperanzas en un nuevo producto o en esa nueva estrategia de marketing que dicen que es tan efectiva.

A partir de ahí el ciclo se repite, porque esperamos dar en la diana al primer disparo, pero eso no pasa. De hecho, cada vez pasa menos en un contexto más saturado y competitivo con cada día que pasa.

Una gestión basada en muchos intentos distintos que esperamos que salgan a la primera es la receta para la frustración.

Cómo evitar ese error

Básicamente, recordando la frase con la que empezábamos («nada sale a la primera») hasta hacerla un mantra.

Después, recordar cómo funciona un misil. Que funciona así porque es que no hay otra manera de acertar siempre.

Hay que saber y recordar, por ejemplo, que Windows, que hoy domina el mercado de sistemas operativos, no empezó a despegar hasta su versión 3.1.

Antes de eso las versiones e intentos no fueron un gran éxito precisamente. ¿Qué hubiera pasado si al lanzar Windows 1.0 y ver que la cosa no funcionaba Microsoft hubiera abandonado? ¿O incluso la 2.0? O la 3.0, que tampoco, hasta la 3.1 no se disparó la popularidad.

Si probamos una nueva forma de Marketing, difícilmente veremos resultados a la primera. Tenemos que comprobar qué ha pasado y corregir, y lo mismo pasa con un producto.

Para eso precisamos recoger feedback (con lo que nuestra tarea pasa por empezar a preguntar de manera habitual a nuestros clientes) y controlar los indicadores clave de nuestra actividad. ¿Lo estamos haciendo? Porque si no, estamos caminando en la niebla y disparando sólo una vez a cada objetivo.

Y así no se llega a ningún lado, se lo aseguro por experiencia.

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