Terminar tareas

He aquí una técnica para terminar, de una vez por todas, esa tarea que se nos resiste. Vamos a trabajar con una cuenta atrás similar a esas de las películas en las que la bomba está a punto de explotar.

La técnica es sencilla:

  1. Coja su móvil y vaya a la aplicación de temporizador.
  2. Póngase un tiempo para hacer la tarea. Este tiempo no debe ser demasiado largo. De hecho, debería ser un poco menor que el tiempo estimado que tardaría en hacerla. Si cree que va a tardar media hora, póngase 20 minutos.
  3. Elimine cualquier otra distracción y apueste, con usted mismo, a que terminará esa tarea antes de que suene la alarma.
  4. Encienda el temporizador, téngalo a la vista y comience a trabajar en la tarea.

He visto gente que usa la técnica apostando de verdad, de manera que si no termina en el tiempo estipulado, pierde algo. O no se compra ese café que iba a tomar, o no se permite jugar durante diez minutos en el descanso a ese jueguecito de móvil que le tiene tan enganchado.

Lo de la bomba del princpio no es una tontería. En cierta ocasión conocí a alguien (francamente productivo) que se imaginaba a sí mismo en una película. El tiempo que corría era como el de una bomba y estallaría si no terminaba la tarea a tiempo.

Era tan bueno imaginándose eso, que le aseguro que terminaba tareas a diestro y siniestro más rápido (y mejor) que nadie.

Por qué funciona esta técnica de productividad

Aunque le parezca extraña, lo cierto es que esta técnica funciona mucho mejor de lo que parece. Y lo hace porque nos inducimos presión externa.

Está demostrado que funcionamos mejor bajo algo de presión que sin ninguna. Cuando yo tengo que entregar algo a un cliente para mañana, le aseguro que hago todo lo posible por hacerlo hoy. Pero si es algo para la semana que viene, iré dejándolo para el ultimo día.

Es pura naturaleza humana y darse un tiempo determinado para hacer una tarea a contrarreloj anula el llamado «Principio de Parkinson».

El curioso caso del principio de Parkinson

Cyril Northcote Parkinson publicó un ensayo humorístico en The Economist durante 1955. Fue muy celebrado y hablaba de cómo se había comprobado que la burocracia aumentaba siempre, aunque el trabajo asignado a ella fuera el mismo.

Un corolario muy popular que surgió de ese artículo, con respecto al tema del tiempo, fue éste:

«El tiempo necesario para realizar una tarea se extiende hasta ocupar todo el tiempo que se haya previsto para dicha tarea».

O lo que es lo mismo, si nos damos un mes para terminar algo, acabaremos en un mes, pero si reducimos el tiempo a dos semanas, seguramente acabaremos en las dos semanas.

Teniendo en cuenta que, la mayoría de las veces, a la hora de emprender lo perfecto es enemigo de lo bueno, porque lo perfecto nunca acaba saliendo a la luz, esta filosofía de terminar como sea es nuestra mejor aliada.

El principio de Parkinson, aunque empezó como un hecho humorístico, está basado en un fenómeno real, estudiado por expertos como Dan Ariely. Indúcete presión y cronométrate, y acabarás antes y (posiblemente) lo harás mejor. Así ocurría en los resultados de algunos estudios, donde aquellos que tenían más tiempo hacían peor trabajo, pues lo iban dejando para luego, debido a la falta de presión que percibían.

Ya vimos en su día cómo vencer a la procrastinación. Esta técnica la podemos incluir en nuestro arsenal, porque lo parezca o no, funciona.

De hecho, cuando hay algo realmente en juego es cuando damos lo mejor de nosotros mismos. Es decir, si no conseguimos terminar en el tiempo establecido, debemos tener consecuencias. Aunque eso sí, también suele funcionar sin necesidad de ponernos siempre un castigo o un premio.

Así que ya sabe, si quiere terminar de una vez con esas tareas que se resisten… tic, tac.

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