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En productividad personal (probablemente la habilidad más rentable que un emprendedor puede cultivar) casi todo el mérito, todas las técnicas, todas las páginas escritas y los debates se los lleva la manera de trabajar.

Cómo organizarse, cómo enfocar las tareas y priorizarlas… Sin embargo hay un componente tan importante o más y del que poco se habla: los descansos.

Porque trabajar está muy bien y cuanto más concentrado y sin interrupciones, mejor. Pero la realidad es que uno no puede estar trabajando todo el rato, ni siquiera ratos demasiado extensos.

Me da igual que uno tenga libres veinticuatro horas por delante para hacer algo, escribir, planear, diseñar o trabajar en el producto. La realidad es que a las pocas horas el resultado de ese trabajo va a empezar a ser mediocre por el cansancio, pues al final, la productividad es una cuestión de energía, no de tiempo.

La mentira de las buenas películas

Todos lo hemos visto, el escritor genial que coge una botella de whisky, se encierra un fin de semana tras una sequía creativa y cuando amanece el lunes tiene su gran obra escrita. O el músico, o el inventor con la epifanía de turno y los días de trabajo obsesivo ininterrumpido.

Eso queda muy bien en las películas, pero es completamente falso. La realidad es que si te sientas y no te mueves, a las dos horas ya estás agotado y ya no ves lo que tienes delante. Las letras bailan y la cabeza, sin combustible, se niega a responder.

La realidad es que para que la productividad se mantenga a un buen nivel, hacen falta descansos.

Es en esos descansos cuando la energía se llena de nuevo y la realidad es que, si no los empleamos bien, dicha energía no se rellena y nuestra productividad desciende a marchas forzadas.

Las soluciones que funcionan

Alternar periodos largos de trabajo sin interrupciones (en los que nos centramos sólo en una tarea) con otros de descanso que respetemos es la solución. Cada uno debe buscar el tiempo que más se adecue a él y hay dos técnicas principales que destacan:

  • La técnica Pomodoro: que promueve bloques de trabajo de 25 minutos y 5 minutos de descanso tras cada uno, con un descanso más prolongado de 15 minutos tras varios periodos de trabajo.
  • Técnicas más amplias: como 50 minutos de trabajo con 10 de descanso y también un descanso más largo, de una media hora, tras varios periodos de trabajo.

Si bien las técnicas se centran en afinar los periodos de trabajo, se pierden en decir cómo deben ser los descansos. Pues bien, para que funcionen, esos descansos deben ser tan «profundos» y dedicados a desconectar de la tarea como los de trabajo a concentrarse.

Cal Newport, una de esas personas que sí sabe de lo que habla, ha comentado alguna vez sobre esos descansos «profundos» y él sabe bien que, al igual que cuando uno va al gimnasio, los músculos se reponen y crecen durante los días de descanso. Los músculos mentales y productivos, también.

Así que la filosofía de la productividad que funciona podría resumirse en: Trabaja duro y descansa todavía más duro.

Cómo descansar

Parece una tontería que tengamos que hablar de esto, pero es todo lo contrario. Hoy más que nunca somos incapaces de desconectar, de estar sin hacer nada, de pasar cinco minutos sin que algo estimule nuestros sentidos: un whatsapp, echar un vistazo a una red social, aprovechar esos cinco minutos para mirar el email…

Todo eso no sólo no nos permite descansar, sino que provoca que sigamos perdiendo energía y no desconectemos.

Los descansos profundos no deberían hacer que atendiéramos a ningún tema estresante, complicado, ni algo que requiera nuestra atención en el futuro, como mirar ese email y que de repente surja algo que tengamos que hacer.

Los descansos profundos tampoco deberían ser demasiado extensos, 10 o 15 minutos están bien.

Y por supuesto, en esos descansos nada de móvil ni Internet.

Ejemplos de buenas actividades de descanso serían:

  • Levantarte y pasear, observando lo que te rodea, mirando un poco por encima del ordenador o nuestro puesto de trabajo.
  • Tumbarnos un momento pensando y fantaseando en cosas buenas, como el resultado de lo que puede traer el trabajo con el que estamos.
  • Un poco de ejercicio breve, para compensar el efecto dañino de estar sentados (o en la misma posición durante un tiempo prolongado).
  • Leer un poco de algún libro, revista o tema, que no sea complejo y no tenga que ver con el trabajo con el que estamos. La ficción es ideal para esto.
  • Si trabajamos en casa, alguna tarea sencilla y breve, como tender esa lavadora que ha terminado hace unos minutos.
  • Tumbarnos y, literalmente no hacer nada o cerrar un poco lo ojos incluso, dejando que nuestra cabeza se vaya donde quiera, o bien centrándola en algo de nuestro ocio si vemos que deriva por ella misma al trabajo.

En resumen, todos esos puntos dan una idea aproximada de por dónde deben ir los descansos profundos, por citar de nuevo a Newport.

Ellos son esa clave perdida, esa pieza que falta en la productividad personal de la mayoría. Ponga cuidado en ellos, respételos y verá cómo su productividad se multiplica.