Cuando uno es un emprendedor se producen dos efectos inevitables.

La agenda se convierte en algo muy pequeño, donde no parece haber sitio para casi nada de lo que necesitamos hacer, y los días se vuelven tan cortos que cuando acaban no hemos podido completar ni la mitad de lo que nos proponíamos. Muchas veces te invade la sensación de que no se avanza ni un paso y no se ven resultados.

Supongo que uno no es realmente emprendedor si no tiene esa sensación de que hay tanto por hacer y tan poco tiempo. Además esto no es algo subjetivo, todo empresario que se tome mínimamente en serio su iniciativa se da cuenta muy pronto de que una empresa, al menos al principio, es como un niño pequeño que precisa el 110% de nuestro tiempo y esfuerzo si queremos resultados reales.

La cuestión es que los días van a seguir teniendo 24 horas y gestionar una empresa es cada día más complejo en un entorno más competitivo.

Como eso no lo podemos cambiar, lo óptimo es actuar sobre lo que sí tenemos influencia, nosotros mismos y nuestra manera de afrontar las tareas y nuestra organización personal.

El objetivo es incrementar nuestra productividad, es decir, hacer más de lo importante con el tiempo y las fuerzas disponibles.

Por experiencia propia, una de las técnicas más efectivas para mejorar la productividad es la que se detalla en este artículo.

Personalmente, antes de aprender a hacer las cosas de una determinada manera, he encontrado más importante deshacerse para siempre de los viejos vicios que nos acompañan cuando nos convertimos en emprendedores.

Las cosas como son, la mayoría de los que crean una empresa propia suelen venir de un contexto en el que se trabajaba por un sueldo para otros. Incluso yo mismo, aunque mi actividad profesional siempre estuviera ligada al mundo de la empresa y la gestión, antes de fundar una iniciativa propia trabajaba para empresas de consultoría a cambio de una nómina mensual y no es lo mismo, ni de lejos, asesorar sobre cosas que vivir esas cosas "al otro lado de la trinchera".

La realidad de esto es que solemos trasladar a la empresa propia la manera de hacer las cosas que teníamos y pronto nos damos cuenta de que cosas como priorizar, técnicas de organización, etc. son fundamentales para conseguir resultados y era algo que, para ser sinceros, poco suele preocupar cuando uno trabaja para otros y la nómina es la misma cada mes hagamos lo que hagamos (hasta que si no hacemos nada nunca acabamos en la calle).

La cuestión es que antes de aprender las técnicas nuevas hay que dejar espacio y librarse de los vicios viejos. Una manera práctica de hacerlo es a través de las listas de lo que no hay que hacer. Solemos estar acostumbrados a las listas de lo que hay que hacer, pero no a este concepto, que puede ser muy útil.

Detectar nuestras debilidades (esas que sabotean nuestra capacidad de avanzar en las cosas), plasmarlas en una lista y ponerla bien visible en nuestro lugar de trabajo puede hacer que nos hagamos conscientes de esas cosas que nos quitan efectividad y pronto (con la práctica de abstenernos de realizarlas) nos habremos librado de los viejos hábitos.

Me gusta este concepto de las listas de lo que no hacer, recientemente lo he visto tratado en varios sitios web interesantes (interesantes = saben de lo que hablan) y es que las personas somos peculiares, sabemos lo que no tenemos que hacer, lo que no nos conviene, pero luego, en la práctica, seguimos haciéndolo, muchas veces de manera inconsciente.

Por eso, si no tenemos a nadie que nos corrija viéndonos desde fuera, las listas de lo que no hacer pueden ser una buena herramienta. (en Estados Unidos no es raro contratar a un experto en productividad al que contratas, te acompaña durante tu trabajo y te asesora, pero esto es el mundo real de la pyme en España y pocos emprendedores se pueden permitir una cosa así).

Como cada persona es un mundo, uno tiene que descubrir sus propios "malos" hábitos. Cuando comienzas a interesarte por el tema y a aprender sobre productividad y organización te empiezas a dar cuenta de por dónde andabas equivocado, pero un buen comienzo para ya mismo podría ser esta lista de 9 malos hábitos a eliminar (enlace en inglés) propuestos por Tim Ferriss, autor del libro La semana de trabajo de cuatro horas (disponible sólo en inglés).

Suelen ser costumbres bastante comunes entre los nuevos pequeños emprendedores y he aquí una traducción de las mismas.

  1. No respondas llamadas que no reconoces.
  2. No hagas del e-mail tu primera tarea del día ni la última de la noche.
  3. No acuerdes reuniones o llamadas en las que no haya un tema claro y una duración determinada.
  4. No permitas que la gente divague de manera inacabable.
  5. No consultes constantemente el e-mail, hazlo a determinadas horas sólo.
  6. No te "sobre-comuniques" con clientes que proporcionen bajo beneficio y exijan una elevada atención o mantenimiento.
  7. No trabajes más para paliar la sensación de desbordamiento. PRIORIZA. (Fundamental, la clave para que la pyme avance)
  8. No lleves contigo el móvil o la Blackberry 24 horas al día todos los días. Establece tiempos en los que ser libre de este tipo de dispositivos.
  9. No esperes que trabajar llene un hueco que debería estar ocupado por relaciones y actividades que no tienen que ver con tu negocio.

Sin temor a equivocarme creo que todo el mundo (se dedique a lo que se dedique) puede reconocer en esa lista más de una cosa que podría ser ventajoso poner en su lista de "no hacer".