Hace poco estaba leyendo algunos comentarios de emprendedores acerca de sus iniciativas, las dificultades que encontraban y qué creían que podría ayudarles a mejorar sus negocios.

Curiosamente bastantes de ellos parecían buscar algo muy similar, algo que por una parte era sorprendente y por otra una muestra de algunas concepciones cuanto menos inquietantes sobre lo que era tener una empresa propia.

Muchos de los emprendedores reconocían que no sabían mucho de eso del marketing, la gestión, la captación de clientes, etc. y lo que anhelaban era una especie de plantilla o de recomendación paso a paso. Algo que se podía resumir en:

"Yo es que necesito que me digan, ahora haz esto para conseguir clientes, ahora haz esto otro cuando ya lo hayas convencido, ahora utiliza esto en tu marketing…"

Si recuerdan esos pasatiempos de unir los puntos, donde había una nube de motas numeradas que teníamos que ir siguiendo con el lápiz hasta formar un dibujo, el producto tan anhelado que deseaban esos emprendedores era una especie de manual paso a paso del empresario perfecto que les llevara de la mano diciendo lo que tenían que hacer en cada caso.

Bueno,hay dos malas noticias.

Una es que esa guía "mágica" no existe ni existirá, es obvio que no se pueden dar recomendaciones paso a paso sobre qué marketing usar o sobre lo que uno tiene que hacer a continuación para conseguir más ventas, porque lo que hay que hacer depende del tipo de empresa, del entorno en el que esté, del momento concreto… una frutería no es lo mismo que una empresa de Internet y un negocio enfocado en adolescentes no puede hacer las mismas cosas que uno enfocado a personas mayores.

En definitiva, no hay una guía de "qué cosas hay que hacer" que valga para todos los emprendedores, todas las empresas y todas las situaciones. No hay un método de marketing que funcione para todos ni una técnica de gestión que valga para todas las situaciones, buscarla es perder el tiempo y que alguien ofrezca un remedio así de mágico es señal de que está vendiendo un producto que no funcionará.

En la empresa y los negocios no es cuestión muchas veces de qué cosas hay que hacer para llegar al éxito sino de cómo hacer las cosas, hay modos de actuar, estrategias que sí son adecuadas, pero esas maneras de actuar siempre dependen de la empresa y la situación y por tanto, a la hora de ponerlas en marcha, deben ser adaptadas.

Ninguna plantilla de trabajo de un negocio encajará como un guante en otra empresa porque el entorno de la empresa es dinámico, cambiante, lleno de incertidumbre y por tanto las estrategias y modos de actuar siempre deben ser también dinámicas y adaptadas.

Sin embargo quizá la implicación más nociva de esto no sea en sí la búsqueda de esa guía que nos lleve de la mano, sino lo que hay tras ese deseo.

Lo que hay tras ese deseo es que alguien nos lleve de la mano paso a paso y nos diga, haz esto, haz lo otro.

Si un empresario, si alguien que ha decidido establecerse por su cuenta y denominarse emprendedor, tiene esta mentalidad, entonces mejor que deje de ser empresario.

Tener un trabajo como empleado implica muchas veces que actuamos siguiendo un proceso establecido y con la supervisión y dirección de otra persona, que nos marca la pauta y nos dice, ahora hay que hacer esto y luego hay que hacer lo otro.

Eso se pierde completamente si es usted empresario.

Cuando uno se convierte en emprendedor nadie le puede decir qué es lo que hay que hacer a continuación, tiene que decidirlo uno mismo, se tiene que tener iniciativa y se tiene que ser capaz de actuar en la incertidumbre y afrontar que en muchas ocasiones la decisión no será la correcta.

Eso es todo lo contrario a lo que muchos emprendedores hacían antes de ponerse por su cuenta y por eso cuesta.

Cuando uno trabaja como empleado sabe que tiene su sueldo a fin de mes, sabe que está inmerso en una estructura que amortiguará en parte sus errores y que casi siempre sabrá lo que hay que hacer porque alguien se lo dirá.

Pero cuando uno se establece como empresario pasa al extremo contrario, pasa a caminar sobre un alambre inestable, pasa a tener que tomar las decisiones difíciles y pasa a tener que asumir las principales responsabilidades y fallos.

No hay otra manera.

Pasa a ser todo lo contrario a un trabajador empleado y por eso no puede seguir actuando con la misma mentalidad que un trabajador empleado.

Y muchas veces el problema del emprendedor y pequeño empresario es que viene de ese contexto, de ser un empleado y por inercia comienza a comportarse de la misma manera que lo hacía.

Era un profesional competente en su trabajo diario (ya fuera contable o fontanero) y del marketing, la gestión o los recursos humanos no tenía que preocuparse porque se encargaban otros, pero cuando uno camina por su cuenta empieza a ser consciente de que muy probablemente su habilidad como técnico y trabajador esforzado en su profesión sea menos importante en esos momento y que cosas como la gestión, el marketing y los recursos humanos pasen al primer plano y haya que tomar decisiones difíciles.

No hay una solución para todos basada en unir los puntos para completar el dibujo, la realidad es que no hay ni puntos ni dibujo, que ser empresario por cuenta propia es todo lo contrario a ser empleado y por tanto no podemos seguir actuando con la misma mentalidad.

Sinifica cambio e incertidumbre y afrontamiento de los errores. Esa es una verdad incómoda del mundo de la empresa, hay que aceptarla y comprenderla si se quiere la recompensa que tener una empresa propia nos puede proporcionar.