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Malcolm Gladwell es escritor y en su libro A few thin slices of Malcolm Gladwell (Unos pocos trocitos de Malcolm Gladwell) comenta algo referente a la escritura que puede aplicarse perfectamente a tener un negocio propio y que cuando encaja y hace "click" en nuestra situación puede resultar una verdadera revelación.

El extracto del libro en cuestión es este:

"Cuando escribes un libro necesitas tener algo más que una historia interesante. Necesitas un deseo de contar la historia. Necesitas estar implicado personalmente de alguna manera. Si vas a vivir con algo durante dos años, tres años o el resto de tu vida, necesitas que te importe".

¿Y por qué eso es fundamental si somos emprendedores?

Porque si no nos importa tenemos el pasaporte a incontables días miserables y además pasaremos un calvario constante para conseguir clientes y ventas.

Si tenemos una pequeña empresa y queremos que ese sea nuestro modo de vida, entonces debemos de ser conscientes de que lo que hacemos nos tiene que importar de verdad, pero no importar solamente porque si no, no vamos a obtener dinero por lo que hacemos, nos tiene que importar como lo hacen las cosas que consideramos realmente relevantes en nuestra vida.

No hay nada peor que algo que no te importa pero de lo que crees que dependes. Un trabajo que haces porque hay que comer, un negocio que emprendes porque, aunque no te gusta, piensas que "al menos la gente acudirá a comprar", una carrera que estudias porque "crees que tiene salida…"

Todas esas cosas te arrastran poco a poco al pozo de no importarte las cosas, de acabar harto… y aunque haya pragmáticos que digan "Mientras me dé para vivir ya me las apañaré buscando otras cosas en mi tiempo libre…" eso no funciona. Puede parecer que funciona, pero no lo hace.

Primero porque si uno es emprendedor su iniciativa le va a ocupar el 110% del tiempo y la energía y aún cuando comience a caminar por sí sola y no tengamos que estar constantemente pendientes de ella, seguiremos pasando la mayor parte de nuestro tiempo y dedicando la mayor parte de nuestros pensamientos a esa empresa que hemos creado.

¿De verdad queremos pasar la mayor parte de nuestra vida dedicándonos a algo que no nos importa?

Si la respuesta no es un rotundo "no", o la pregunta deja indiferente es porque pensamos que tenemos demasiado tiempo por delante… otro craso error.

Y aún cuando el pragmatismo de pagar las facturas siga imponiéndose, la cuestión es que los clientes notan que no nos importa.

Lo notan en lo que hacemos, en cómo lo hacemos, en cómo nos comportamos con ellos… Se nota y si no nos importa lo que hacemos, a ellos no le vamos a importar nosotros y estarán más que encantados de probar suerte con otros que, quizá, sí vayan a poner un poco más de interés y cuidado más allá de los primeros días en los que nuestro objetivo es captarlos.

Y es que tiene que importar, no hay otra manera…