Planes de Marketing, planes de negocio, planes de empresa… ¿Quién no ha oído hablar de lo importantes que son? ¿De lo fundamental que es planificar si se tiene un negocio?

¿Y quién no se ha sentido frustrado más de una vez por la sencilla razón de que parecen no servir para nada?

Afrontémoslo, los planes que hacemos raras veces se cumplen como pensábamos, fallan constantemente y, lo que es peor, suponen un esfuerzo considerable para luego el poco resultado que se obtiene.

Pero ¿por qué es así? ¿Por qué fallan los planes? Y sobre todo ¿qué se puede hacer para enmendar ese problema?

Cuando en un seminario escuchas que, según un estudio, el 70% de las decisiones empresariales se desvelan como erróneas en el tiempo o que según otro experimento, un amplio número de personas falla constantemente a la hora de planificar cuando van a terminar algo empiezas a pensar si merece la pena.

De hecho y sobre todo, cuando has visto estos años de trabajar con empresas que todo se retrasa y que los planes parecen no coincidir nunca con la realidad, es inevitable preguntarse ¿por qué fallamos al planificar una y otra vez?

Supongo que no se puede corroborar científicamente la razón de todo esto, pero si tuviera que apostar lo haría por el sencillo motivo de que las personas somos nefastas a la hora de predecir el futuro.

Va en lo genes, en la naturaleza o como se quiera llamar, pero somos una nulidad a la hora de predecir cómo va a ser el futuro, con lo que al ponernos a reflejarlo sobre un papel, fallamos.

No estamos hechos para ello.

De hecho la teoría de que somos muy malos prediciendo el futuro, además de corroborarse constantemente con la experiencia si uno se para a mirar sinceramente, sí es cierto que ha sido expuesta por muchos estudiosos de la naturaleza humana bastante más sabios que yo (Daniel Gilbert, profesor de psicología de Harvard me viene a la cabeza así de primeras).

¿Entonces qué? ¿Mejor no planificamos?

A la vista de todo esto es muy posible que más de uno piense que si deja de dedicar tiempo a ese plan de marketing con el que lleva peleándose una semana, se ahorrará trabajo en vano, y no le falta parte de razón, pero en mi experiencia, no lo recomiendo por lo siguiente.

"Somos malos planificando, pero si no lo hacemos, la cosa será peor porque entonces acabará en un completo desastre".

Es así, los planes, por poco que atinemos con ellos, nos proporcionan un sentido de la dirección y del propósito, de manera que cuando no los hacemos nos vemos más indefensos todavía a dejarnos llevar por los acontecimientos y las distracciones del día a día, uno de nuestros mayores enemigos como empresarios.

Igualmente los planes nos obligan a pensar sobre cosas importantes, que seguramente se pasarían por alto si no se planifica (y las cosas que se pasan por alto aparecen siempre en el momento más inoportuno en forma de inconvenientes dolorosos e inesperados).

Bueno, hasta aquí los porqués, pero muchos habrán comenzado a leer buscando qué se puede hacer contra eso.

Hay una cosa básica que, por experiencia, ha funcionado mucho mejor que cualquier otra a la hora de "acertar" un poco más en los planes.

Poner objetivos en el plan a corto plazo.

En los planes tendemos a poner objetivos para un año, o para tres o incluso hacer un plan quinquenal.

Los objetivos a largo plazo suelen resultar tan difusos que muy pocas veces atinamos con ellos.

Si esos objetivos los dividimos en otros a más corto plazo, como por ejemplo objetivos para el próximo mes, para los dos siguientes, etc. la concentración aumenta, el esfuerzo es más óptimo y nos centramos mucho más que cuando el objetivo a cumplir lo tenemos fechado dentro de 365 días.

Los objetivos a corto plazo podemos alcanzarlos o no, pero seguramente nos quedaremos mucho más cerca de lo previsto que en el caso de objetivos a muy largo plazo.

En mi opinión esto ocurre de nuevo por nuestra propia naturaleza humana, ¿no solemos esforzarnos más y acabar las cosas más rápidamente cuando sentimos presión y urgencia?

Poca presión se suele sentir cuando el objetivo lo hemos puesto a muchos meses de distancia (y cuando se acerca la fecha ya es demasiado tarde para conseguir algo tan grande, lo que suele desembocar en frustración y bajar los brazos).

En vez de poner en nuestro plan un objetivo a largo plazo e intentar acertarlo, pongamos objetivos intermedios a corto plazo que lleven, paso a paso, hasta ese objetivo mayor.

Garantizado que funciona.