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Todos cometemos errores. Un dicho muy habitual que, la verdad, no consuela nada en absoluto cuando uno está inmerso en ese estado doloroso de darse cuenta de que la idea no era tan buena, ese producto no iba a ser tan deseado o que, decididamente, esa campaña de Marketing tan maravillosa no va a tener respuesta alguna.

Esta es la realidad , la mayoría de decisiones que tomemos en nuestra empresa se van a demostrar como equivocadas en el tiempo, no sé si el 70% del total como una vez escuché en un seminario, pero puede que ese número no ande muy desencaminado.

Sin embargo cometer errores en nuestro negocio o empresa no es el fin, sino todo lo contrario y aunque en esta web pocos mensajes de autoayuda y "no pasa nada, la vida es rosa" va a encontrar, sí es cierto que merece la pena poner en perspectiva el tema de equivocarnos en nuestra andadura empresarial.

1.- Es cierto, todos cometemos errores.

Apple, Google, Toyota, Microsoft… si uno se para a mirar un poco ve que la historia empresarial está llena de errores, y las de las grandes empresas de errores acordes con su tamaño. Pero la realidad es que las equivocaciones forman parte de tener un negocio. Quien no quiera equivocarse constantemente que no cree una empresa. Equivocarse una y otra vez forma parte del camino del emprendedor.

Es así de simple, igual que uno está sujeto a las inexorables leyes fiscales cuando crea una empresa, también está sometido a esta máxima, tan implacable como Hacienda.

Los errores vienen, nos rodean y es imposible librarse de ellos.

2.- Cometer errores es lo más habitual.

El del emprendedor es un camino en la incertidumbre, no hay un sueldo fijo, no hay un entorno fijo (sino que salen y entran competidores, leyes e imprevistos constantemente) y los clientes cambian más rápido y más a menudo que nunca.

Absolutamente nadie puede tener una empresa y esperar que la mayoría de las veces las cosas no salgan como estaban previstas.

Como se dice en Marketing de Guerrilla para Pymes por ejemplo, una de las principales enseñanzas del Marketing es que nadie, absolutamente nadie, puede garantizar que un plan o una campaña funcionen a priori, da igual lo mucho que se sepa o la experiencia que se tenga, al final sólo cuentan los resultados posteriores y no serán como los previstos el 90% de las veces.

Normalmente las empresas, en su total de productos, pueden contar muchos más fallos que aciertos. Así que no es que no valgamos cuando las cosas van mal, no es necesariamente que esto sea lo nuestro, es que el error es una constante en la vida de la empresa.

La cuestión principal es que debemos asumir eso igual que asumimos que tenemos que pagar nuestros impuestos (puede que, al igual que con los impuestos, asumir que nos vamos a equivocar nos cueste más o menos, pero al igual que los impuestos cuando uno lo mira en perspectiva lo entiende perfectamente y dejan de tener ese efecto tan dañino).

4.- Lo que cuenta son los aciertos.

En un partido de fútbol se tiran fuera muchos más balones de los que se meten en portería. Y da igual que seas el último fichaje millonario, fallas más de lo que aciertas. Pero lo que cuentan son los aciertos.

Al final son los pocos aciertos los que nos van a dar nuestro ingreso mensual. Cuando tengamos uno observémoslo, aprendamos de él, veamos qué ha hecho un éxito de ese intento y procuremos replicarlo.

5.- Las que más se equivocan más crecen, con una condición.

Los equipos que más partidos ganan suelen ser los que más tiran a portería. Fallen o no. La cuestión es, las empresas que más lo intentan y que tienen suficiente inteligencia como para seguir disparando a portería y aprender del disparo anterior para hacerlo mejor esta vez, llegan más lejos que las demás.

Quien haya visto por ejemplo el discurso de Steve Jobs en esta misma web habrá podido ver que cometió terribles errores y eso no quita un ápice de mérito a sus logros, todo lo contrario.

Los mayores aprendizajes vienen con los mayores errores. ¿Recuerda la última vez que aprendió algo que nunca se le va a olvidar? Apostaría lo que fuera a que probablemente lo aprendió a través de un error.

Podemos mirar los errores con fastidio, podemos querer enterrarlos bien hondo, esa es la perspectiva habitual y más en un contexto donde parece que el triunfo es lo único que vale, pero aprender a mirar los errores de otra manera, desde otro punto de vista hace que tengamos un aprendizaje que no nos puede proporcionar ni el mejor máster en administración de empresas.