Como ya anticipamos en un anterior material de la Zona Premium, hoy vamos a aprender el método en cuatro pasos para tomar mejores decisiones. ¿Decisiones respecto a qué? A cualquier ámbito, pues la técnica es aplicable en toda situación. Sin embargo, como aquí hablamos, sobre todo, de negocio, pues aprenderemos cómo decidir mejor ante cualquier tesitura que nos plantee nuestra empresa.

Siempre pasa, algunos de los mejores libros sobre gestión y negocios no se traducen al español y, sin embargo, las estanterías de las librerías están llenas de títulos que no sirven para nada en la práctica. Este método lo aprendí en uno de esos libros y es demasiado bueno como para no resumirlo y compartirlo aquí.

Los malos de esta película

Ya vimos en su día que, el problema con muchas decisiones, es que nos vemos afectados por los llamados sesgos cognitivos. Es decir, esas formas inevitables de actuar de nuestro subconsciente y que nos afectan, desviándonos de la mejor decisión.

Esos principales enemigos son estos:

Enemigo 1. Estrechar las miras

Es la tendencia a definir nuestras opciones de una manera demasiado estrecha, a verlo todo en términos de sí o no. Solemos pensar en: «¿debo aceptar esta propuesta o no?» En vez de intentar hacer mejores (y más amplias) preguntas, como: «¿de qué maneras podría hacer mejor esta propuesta?»

Enemigo 2. El sesgo de confirmación

Consiste en lo que pasa siempre cuando hablamos de política, fútbol o religión. Que tendemos a asignar una enorme importancia y peso a aquella información que coincide con lo que ya pensamos de antemano sobre la situación, minimizando, o ignorando, aquella que la contradice. Y sí, lo hacemos todos.

Esto es un problema porque, como ya vimos anteriormente, nuestro primer paso ante una toma de decisiones debe ser: recoger datos. El prejuicio de confirmación hace que esa recogida de datos diste de ser imparcial, o que los empecemos a analizar de manera sesgada.

En palabras de Dan Lovallo, investigador en el tema de la toma de decisiones: «el prejuicio de confirmación es, probablemente, el problema más grande en los negocios, porque incluso las personas más sofisticadas lo hacen mal. La gente sale a recoger datos y no se da cuenta de que en realidad están “cocinando” esos datos por la acción de este sesgo».

Enemigo 3. Las emociones a corto plazo

Cuando la decisión es difícil, nuestros sentimientos están ahí, repitiendo obsesivamente miedos y agonizando por las circunstancias. Cuando eso es así, necesitamos perspectiva, porque esa emoción a corto plazo anulará nuestra capacidad de toma de decisiones.

Enemigo 4. Exceso de confianza

Un estudio mostró que, cuando los doctores se vieron a sí mismos como «totalmente acertados» sobre un diagnóstico, se equivocaban un 40% del tiempo. De la misma manera, cuando un grupo de estudiantes asignaba una probabilidad del 1% a equivocarse, estaban errados un 27% de las veces.

Cuidado con el exceso de confianza en las decisiones, si tiene demasiada, es hora de dar otro repaso a los datos y opciones.

Y como conocer los errores no es suficiente para vencerlos, vamos a ver el método concreto en 4 pasos para tomar mejores decisiones.

La técnica W.R.A.P. de Dan y Chip Heath

Esta técnica la comentan en su libro Decisive y en inglés tiene el acrónimo W.R.A.P. Consiste en cuatro pasos, secuenciales, pero no necesariamente rígidos. Se trata de un proceso estratégico que, precisamente, intenta desactivar esos cuatro enemigos principales, sacando el foco de nosotros, nuestras emociones y sesgos, y poniéndolo en los puntos estratégicos de la decisión.

Paso 1. Amplía tus opciones

Esto ya lo vimos en la técnica de negociación recomendada por la Harvard Business School. La estrechez de miras nos encierra en el «esto o aquello». La clave es: ¿dónde puedo encontrar más opciones? ¿Cómo puedo hacer una mejor propuesta o una mejor pregunta?

En la práctica los autores recomiendan algo por lo que personalmente abogo desde hace años ante cualquier situación: alguien que ya haya resuelto algo similar a nuestra situación. Lo ideal es encontrar algo cercano y parecido y, si no, ir alejándonos hacia otros sectores distintos de negocio, de los que seguramente podremos trasladar tácticas al nuestro.

Paso 2. Desafía la realidad de lo que piensas

Asumimos demasiadas cosas de antemano y hay que probar la realidad de esas asunciones. Tomar una decisión es, en cierto modo, un intento de adivinar el futuro, por eso debemos usar el antídoto contra la incertidumbre y los sesgos de confirmación: el único antídoto es probar. En la medida de lo posible, si podemos hacer pequeños experimentos para comprobar la veracidad de lo que pensamos, mejor.

Si no, podemos intentar retar lo que pensamos de antemano con preguntas. Si creemos que nuestro producto es bastante bueno, podemos preguntarnos: «¿qué problemas tiene mi producto?» Y esforzarnos todo lo que podamos para responder.

Cambios de perspectiva, pedir opiniones contrarias, hay que retar aquello que creemos que es una verdad inamovible.

Paso 3. Toma distancia con la decisión

Aquí intentamos alejarnos de las emociones que lo impregnan todo. Es imposible, porque somos humanos, pero hemos de intentarlo. La manera práctica más sencilla es pensar en que es otro el que toma la decisión.

¿Qué le recomendaría a mi mejor amigo? (esta técnica es muy efectiva).

¿Qué haría esa persona a la que admiro en esta situación?

Cuando agonizamos sobre una decisión y las emociones nos invaden, debemos recordar cuáles son nuestros principios básicos, aquello en lo que realmente creemos. Y ceñirnos a ellos para tomar una decisión congruente.

Paso 4. Prepárate para estar equivocado

Esto intenta contrarrestar el efecto del exceso de confianza. En el libro Cómo empezar un negocio hablo de tener un plan de contingencia, es decir, una respuesta para la pregunta: «¿qué voy a hacer si esto sale mal?»

Quizá no lo sepa, pero está demostrado que, cuando se trata de decisiones importantes, lo que mejor funciona es el llamado «pesimismo estratégico». Es decir, ponernos en la peor situación y, a partir de ahí, empezar a diseñar estrategias partiendo del supuesto de que todo ha salido mal.

Esta parte también incluye tener claro qué circunstancias o sucesos nos harían cambiar de decisión.

Este método, sencillo y práctico en 4 pasos, deberíamos memorizarlo y tenerlo siempre cerca. Le aseguro que funciona muy bien.