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Todo es maravilloso en el mundo del emprendedor, todo son ideas, innovaciones, previsiones, etc, hasta que viene la realidad y te pone en tu sitio. Como sabrán ya no me dedico a la asesoría personal, pero también soy malo diciendo que no a buenos amigos. Así que cuando uno me pidió ayuda con su local, se la presté, y cuando me contó su idea y la pude analizar más de cerca, mi conclusión fue: «Para esto, encuentra un abogado en Madrid. Uno que te guíe por el mar de requisitos y trámites necesarios para lo que quieres exactamente».

Lo que quería él, en concreto, era dejar de explotar como autónomo un local de copas, crear una sociedad, integrar a un socio, venderle la mitad del negocio y explotarlo conjuntamente. Cuando se lo dije, me respondió que no sabía si un abogado era caro y que quizá entre los dos podríamos mirar cómo hacerlo mejor.

Y he aquí el problema de muchos emprendedores, no entienden que el tiempo que se tarda en dedicarse a cosas que no son tu núcleo de negocio, no es rentable.

Muchos creen que porque gastan cero euros, las cosas salen gratis, cuando en realidad han invertido algo mucho más valioso: su tiempo. Si cobraran ese tiempo como se lo cobran a sus clientes, se darían cuenta de todo el dinero que han perdido por no llamar a un experto.

El riesgo de no ser un experto

Además de eso está el riesgo. Mi amigo es excelente como relaciones públicas. Cogió un local en ruinas, que llevaba más de medio año cerrado, y lo ha convertido en un sitio que genera miles de euros al mes. Y yo conozco algo de números por los viejos tiempos y de cómo optimizar su negocio en otros sentidos. Pero de leyes y trámites concretos (y cambiantes) ya estoy desconectado y hemos de aprender a reconocer nuestra ignorancia en ciertas cosas, para poder ser expertos en otras.

En España, el marco legal para el emprendedor es farragoso y confuso. Eso es algo terrible que habría que cambiar, pero mientras no se haga, son las reglas del juego y es lo que hay. Es más, aunque se hiciera ese cambio, mi recomendación seguiría siendo la misma: «cíñete a aquello en lo que eres experto, búscate ese abogado y contrata otros expertos para lo demás».

Sinceramente, es lo más rentable y además de eso, lo más seguro. Es muy fácil equivocarse terriblemente cuando no se es experto, especialmente en los temas que tienen que ver con legislación, contabilidad o fiscalidad.

La clave es el núcleo del negocio

La tarea de mi amigo no debe ser intentar racanear unos euros a cambio de dedicar tardes a perderse en legislaciones. La tarea de mi amigo es la que él mejor sabe hacer, aumentar los ingresos dedicándose al marketing y al producto. Hacer más conciertos en su local, organizar eventos y promociones, seguir siendo ese relaciones públicas que conoce a todo el mundo. Su tarea es aumentar los ingresos que entran por la puerta.

Un negocio crece cuando cuidamos y regamos su núcleo. Su núcleo es el producto y servicio que ofrece, así que el 80% del tiempo lo debemos dedicar a mejorar dicho producto o bien a promocionarlo. Pero si estamos haciendo de informáticos, de contables o de abogados sin serlo, estamos perdiendo dinero.

Recortar aquí y allá nunca es una estrategia para crecer. Está muy bien a la hora de optimizar, pues como en el caso de mi amigo, siempre que uno hace crecer un negocio, «no todo es músculo», también se gana grasa ineficiente y hay que rebajarla de cuando en cuando. De hecho en este caso concreto se vio pronto que, además de cambiar a sociedad, había que racionalizar sueldos y trabajadores, así como ver qué estaba pasando con las mercaderías, cuyos márgenes no eran los más adecuados.

Pero recortar no puede ser la estrategia principal para crecer, de hecho, es siempre un imposible. Crecer en una empresa se reduce a tres posibilidades:

  • Que vengan más clientes nuevos.
  • Que esos clientes consuman/compren más cada vez que vienen.
  • Que esos clientes vuelvan más a menudo.

Si queremos crecer, tenemos que centrarnos en estrategias destinadas a conseguir esas tres cosas, no en recortar y más cuando se trata de «recortes falsos», porque en realidad el ahorro que crees tener en euros al no contar con expertos de apoyo, se pierde en concepto de tiempo que no estás dedicando a esas tres cosas.

Esto es algo que, curiosamente no me canso de decir y, curiosamente también, no me canso de ver cuando de vez en cuando tengo que volver a bajar a la trinchera del asesoramiento personal.