Voy a revelar aquí mi técnica favorita de productividad para mi negocio.

Una de mis citas preferidas es esta de Leonardo da Vinci:

“Tengo la urgencia de hacer. Saber no es suficiente, estar dispuesto no es suficiente, debemos hacer”.

El carácter de Leonardo estaba impreso de la urgencia por hacer, la historia es testigo de que eso le impulsó a una vida inigualable que nos legó multitud de maravillas.

Pero muchas veces la naturaleza humana no es como la de Leonardo, por desgracia no todos podemos ser tan excepcionales. Para mí, que nunca he sido disciplinado por mí mismo, me resulta necesario tener algo de “prisa externa” por hacer y conseguir.

Con un poco de presión funciono muchísimo mejor que sin ella, si me dejas campo libre y mucho tiempo, es muy posible que haga las cosas, pero probablemente los primeros días remolonearé, pensando que aún tengo mucho margen y el grueso del trabajo lo sacaré bajo la presión de que, o se hace porque se acerca la fecha, o estamos perdidos.

Es algo personal, unos son como Leonardo y tienen esa fortaleza de carácter, yo no. Y lo curioso es que la mayoría de gente tampoco.

Como se muestra en el libro “Predeciblemente irracional” del profesor Dan Ariely, los experimentos a este respecto siempre han dado el mismo resultado, cuando la gente tiene cierta urgencia y fechas límite cercanas, trabaja más y hace más.

Cuando les das todo el tiempo y la libertad de organizarse, acaban menos cosas y lo hacen después.

Por naturaleza a las personas nos atrae el concepto de libertad, siempre la elegiremos en cualquier ámbito, pero si queremos ser verdaderamente productivos en el mundo real entonces vamos a tener que usar a nuestro favor el enorme poder que tiene ponerse restricciones, y cómo bajo ellas vamos a trabajar mejor, se lo aseguro.

Es lo que llamo la “Productividad forzada”.

A la hora de sacar las cosas adelante en mi negocio no he encontrado nada más efectivo, y si usted se ve algo identificado con lo que he dicho, esto le interesará, porque hay pocos Leonardos que tengan inculcada bien dentro esa prisa por vivir.

La productividad forzada no consiste solamente en ponerse fechas límite, ese es obviamente el primer paso, pero con eso apenas rozamos la superficie, la Productividad Forzada es en realidad la aplicación práctica de ponernos esa pistola en la sien que hemos visto.

Con ella, vamos a hacer de verdad las cosas, se lo aseguro.

TÉCNICAS PARA APLICAR LA PRODUCTIVIDAD FORZADA

1) La exposición a los demás

Una de las técnicas más efectivas es la de exponerse ante los demás.

Diga a sus clientes, o a alguien que le importa, que va a hacer X cosa para la fecha Z y probablemente la conseguirá hacer, aunque sólo para no quedar mal.

Ese es un aspecto de la productividad forzada.

Las personas estamos tan condicionadas evolutivamente a buscar la aceptación de un grupo de personas que nos importa que vamos a hacer lo indecible por no defraudarlas y quedar mal ante ellas, a fin de que su percepción de nosotros no empeore.

Lo más importante para que esta técnica funcione es que esa gente ante la que nos exponemos nos importe.

Cuando yo le digo a mis clientes que para final de mes voy a tener terminado cierto producto, me importa lo que piensan de mí, de hecho si ven que no he cumplido su percepción sobre mí empeorará y eso repercute directamente en mi negocio.

O bien si son familia y amigos, tenemos un poderoso incentivo a no quedar mal ante ellos, a no defraudarles.

Ese es el requisito más básico, exponerse ante gente que importe. Si no se cumple esa condición, esta técnica no funciona, así que haga público su compromiso ante un grupo que no le sea indiferente y verá como se esfuerza para cumplir lo que se ha propuesto, se lo aseguro.

2) La apuesta cuando la motivación no es suficiente

Un aspecto clave para hacer las cosas que tenemos que hacer es la motivación, cuando la tenemos nada nos puede parar, por eso toda una sección previa de este libro se ha dedicado a ese tema.

Pero todos sabemos como es esto del trabajo y los negocios, que muchas veces la motivación no es intrínseca, recurrimos a técnicas como las descritas en las páginas anteriores, pero nada es perfecto, de hecho tienen un punto débil. Las técnicas de motivación tienden a “gastarse” y su funcionamiento no es igual todos los días.

Cuando aprieto el botón del microondas este funciona siempre de la misma manera, pero cuando aplico las técnicas de motivación no es así, hay veces que producen esa motivación y otras que parecen “agotadas” y no ayudan mucho.

Para esos casos entra la Productividad Forzada y la siguiente técnica.

Apostar algo, poner algo en juego, o lo que es lo mismo, que haya consecuencias tangibles si no hacemos las cosas.

El problema de ser emprendedor es que muchas veces eres tú mismo el único ante quien respondes, y los seres humanos somos expertos en racionalizar y buscar excusas cuando no hemos cumplido la tarea, o la hemos dejado para otro día. Al fin y al cabo, como no hay jefes por encima o nadie nos controla, muchas veces no sentimos que haya una consecuencia directa que nos duela, o lo hace muy poco, con lo que soportamos esa leve incomodidad, nos acostumbramos a ella y así pasan los días.

Por eso cuando algo es importante, y por lo que sea no he podido exponerme ante los demás, o motivarme con las técnicas habituales, entonces pongo algo en juego.

Como en la técnica de exponerse, aquí el requisito es que, de nuevo, nos tiene que importar. En este caso nos tiene que importar el hecho de perder la apuesta.

La manera más efectiva de aplicar esto no es ganar algo si conseguimos hacer lo que nos proponemos, sino PERDER ALGO QUE NOS IMPORTA SI NO LO CONSEGUIMOS. Así es la naturaleza humana, tenemos un incentivo mayor a alejarnos del dolor que a acercarnos al placer.

Por eso cuando me planteo X proyecto, para X fecha, pongo algo en juego para encender la mecha de la productividad forzada.

Lo que mueve a cada persona es diferente según cada caso, pero apueste algo y pierda algo si no lo consigue. Recuerdo una vez el relato de una persona que trabajaba para vencer su timidez, le voy a decir la técnica que mejor le funcionó. Su mentor le dijo que trajera 200 euros, y que se los diera al principio de la tarde. Recuperaría 10 euros por cada persona con la que entablara conversación. Con algo así en juego, puede apostar a que lo consiguió.

3) El tiempo cronometrado

Otro de los trucos más efectivos en el día a día para sentir presión (positiva) es ponerse restricciones de tiempo para hacer algo.

Personalmente el mejor método que he encontrado es el de darme un intervalo cronometrado para hacer algo y ver cómo la manecilla va comiendo segundos. Le aseguro que puede parecer una tontería pero ir contrarreloj ayuda a centrarse y dejar las tonterías de lado.

Cuando trabajo en periodos de 50 minutos, los cronometro, siento la presión de cómo el tiempo va siendo menos y me digo a mí mismo que tengo el reto de terminar como sea antes de que suene la alarma.

Cronometre y rétese a usted mismo a terminar, funciona.

Y si quiere saber más técnicas para trabajar mejor, trabajar menos y completar más proyectos en su negocio, eche un vistazo a «Productividad Total», donde explico, igual que aquí, lo que mejor me ha funcionado en este tema para mis proyectos y empresas.