Hay algunos aspectos del negocio y que no se suelen comentar demasiado. Es una pena, porque son tan importantes como el resto y, sobre todo, si fallan, pueden provocar un desastre que afecte profundamente a la empresa.

Uno de esos aspectos es nuestra cobertura legal.

¿A quién recurrimos en caso de que los contratos no se cumplan? ¿Qué pasa cuando sucede algo imprevisto? ¿Cómo sabemos que hemos cubierto todos los frentes en los tratos que proponemos?

Ya llevo más de diez años en esto de hacer negocios y la cuestión es que, por mucho que intentemos prever, no es una cuestión de si nos ocurrirá algo así o no, sino de cuándo ocurrirá.

Siempre soy partidario de la prevención, de no aceptar socios ni clientes dudosos, de que, si somos profesionales, las cosas se hacen siempre por escrito y teniendo cada punto claro. Por cierto, desconfíe de aquellos que no quieren hacerlo así, o no son profesionales o son más proclives a no cumplir.

La prevención me ha evitado una gran cantidad de problemas, pero para esas balas inevitables que a veces nos aciertan, recomiendo siempre tener a mano un abogado de confianza del que echar mano.

¿Dudas con un contrato? ¿Saber cuáles serían las consecuencias de tal o cuál acción? ¿Cómo atar legalmente los cabos de un nuevo proyecto? ¿Y de esa alianza? Un día cierta empresa me pidió en un contrato ser la única empresa que pudiera comercializar un producto mío en ciertas zonas de América, ¿qué implicaba eso exactamente?

Personalmente he firmado acuerdos de todo tipo, como colaboración, licencias de productos propios a otras empresas, también he necesitado asesoramiento legal para multitud de cosas y, personalmente, en lo que no soy experto, delego, es uno de mis consejos principales de productividad, delegue en un asesor legal o en despachos como este bufete de abogados en Málaga.

Y esa es mi recomendación sincera, cuando era un novato en esto intentaba hacerlo todo yo, pero como emprendedores ya hacemos bastante de «hombres-orquesta» como para poder aguantar el peso de más obligaciones, obligaciones que otro más experto que yo puede hacer mucho mejor en mucho menos tiempo.

No puedo pasarme horas buscando legislación, otras horas leyendo, otras horas interpretando y otras horas rezando para que no existan más leyes, de las que no soy consciente y que afectan a lo que quiero hacer.

Lo mismo me pasa con el tema informático y otras tareas de apoyo administrativo, le estoy haciendo un flaco favor a mi negocio si pierdo mi valioso tiempo en esas cosas.

La función de todo emprendedor debe ser dedicarse al núcleo de negocio de su empresa, es decir, a lo que la empresa hace realmente. Obviamente, la excepción a lo que estamos hablando se da si su empresa se dedica a la abogacía (en tal caso quizá le interese este artículo con información para montar un bufete de abogados)

Tenemos que empezar a valorar nuestro tiempo como se merece, muchas veces intentamos ahorrar unos euros a base de dedicarnos nosotros a ese trabajo y acabamos empleando una incontable cantidad de horas que deberíamos haber empleado en hacer crecer nuestro negocio.

La realidad es, si no estamos dedicando la mayor parte del tiempo a Marketing y Producto, no vamos a tener ingresos, es así de simple.

Personalmente no he tenido experiencias terribles con el tema legal (principalmente porque llevo bastante cuidado previo), pero sí he tenido malas experiencias que todo emprendedor se encontrará tarde o temprano, como por ejemplo impagos o incumplimientos de contrato. En otra ocasión el intento flagrante de plagio o de aprovechamiento de un producto.

Es una realidad de la que no nos gusta hablar, yo el primero, porque siempre preferimos tratar los temas de hacer lo que nos apasiona, de cómo promocionar nuestros productos… Pero estas cosas también existen, son inevitables y nos vamos a encontrar con ellas.

Tenemos que estar preparados o le aseguro que sucesos así nos pueden descarrilar nuestros planes, nuestros días y nuestra energía. El abogado está ahí para ocuparse de todo eso, para descargarnos de responsabilidad, él es el que se debe de ocupar de esos temas y, nosotros, de vender y mejorar el producto. Si se fija, es lo que hacen los mejores, los profesionales de verdad y deberíamos hacer lo mismo que esos mejores.

No estoy hablando tampoco de imitar a las películas americanas y tener un ejército de abogados que comandar ante la primera sospecha, pero, si algo así ocurre, ¿tiene un teléfono al que llamar? ¿Es de confianza?

Voy a ser sincero, la primera vez que me pasó algo así no sabía qué hacer, busqué en Google (una solución bastante «amateur» lo sé) y le aseguro que no todo lo que reluce es oro. Ahora tengo un teléfono de un abogado de confianza que marcar.

Y esa es mi recomendación, no estoy diciendo que deba tener en nómina a un asesor legal, pero sí instalar una red de seguridad, hablar con un abogado que inspire confianza y tenerlo en los contactos. Ese debería ser uno de los puntos de nuestro plan de contingencia principal, (un plan de contingencia es el que tenemos detallado para cuando las cosas no salen como queríamos. Un día hablaré más a fondo de este tipo de planes, de momento, le garantizo que tener ese número le hará dormir mucho mejor).

Y ese es el tema de hoy, uno no muy agradable, pero muy importante.