La fea verdad que no entienden la mayoría de emprendedores

La fea verdad sobre emprender

Hay algunas cosas que me hubiera gustado que me explicaran cuando empezaba en esto, fueran cosas bonitas o no. Porque uno acaba harto de escuchar que hay que emprender, que hay que seguir la pasión, construir algo, etcétera.

Es muy bonito decirlo desde una tribuna, y muchos de los que lo dicen, en realidad, no emprenden, sólo se dedican a escribir sobre ello. Sobre la parte bonita, que para eso es la que vende.

Tras haber iniciado y gestionado multitud de proyectos, uno se da cuenta de que todo eso puede estar muy bien (y a veces no, porque la mayoría de veces se fracasa y así es la realidad) y también que hay un montón de cosas que no te dicen y no tienen que ver con la pasión ni con nada bonito.

Una de ellas es esta:

Que para tus clientes (y en general en la vida) eres tan bueno como lo último que has hecho recientemente.

Los clientes tienen una memoria de muy corto plazo. Las personas en general la tenemos, pero aquí nos ceñimos a los temas de negocios.

Y por eso, si no has hecho nada por tus clientes, no eres nadie, y he aquí lo que la mayoría no entiende: si lo hiciste hace tiempo, tampoco eres nadie.

Si las cosas se vieran a través de esa perspectiva muchos entenderían mejor por qué sus esfuerzos para captar clientes tienen los (escasos) resultados que tienen.

De hecho eso provoca un efecto adicional, los emprendedores se toman como algo personal esa falta de respuesta y crece el resentimiento, siendo ese el peor fallo que podemos tener.

Porque esto no es nada personal, son sólo negocios, el marketing es un juego de números y con esa perspectiva profesional tenemos que verlo.

El otro día un buen cliente de los que esperaba que me comprara me dijo que no, pero aunque obviamente no hice una fiesta, no me lo tomé a mal ni mucho menos. Simplemente no le encajaba la oferta y es obvio que no va a gastar su dinero en algo que no desea, yo tampoco lo haría.

Y no pasa nada, los clientes vienen y van y no tenemos que apegarnos especialmente a ellos, al contrario.

Un sano desapego y ver todo con cierta distancia ayuda mucho a no tomárselo como algo personal cuando compruebas que, a ojos del cliente, eres tan bueno como lo que hayas hecho recientemente.

¿Resulta que la última vez que contactaste con ellos fue hace unos tres meses? Entonces no puedes esperar que te respondan como si fuera hace una semana. ¿Te compraron por última vez hace un año? Entonces tienes la misma relación con ellos ahora que con un contacto que no te ha comprado nada.

El estado de un cliente es algo frágil, una llama leve que hay que cuidar y reavivar cada poco tiempo, porque ya no se acordarán de lo que hiciste por ellos hace un año.

Y esa es la realidad, podemos quejarnos o podemos aceptarla y hacer algo al respecto.

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