resistencia
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Muchos quedamos hipnotizados por historias de emprendedores como Elon Musk o Steve Jobs, porque son buenas historias y, de manera inconsciente, queremos modelarlas. Grandes visionarios a la caza de un gran objetivo.

Pronto suponemos, y es normal, que ser así debe significar la clave del éxito a la hora de crear una empresa y llevar un negocio.

Pero la realidad es que esos ejemplos son lo que en inglés se llaman outliers, fenómenos extraños e infrecuentes que «se salen de las tablas» y de la norma, que tienen un algo especial (muchas veces mitificado y ampliado para vender una historia que parece mucho mejor de lo que es en realidad).

Sin embargo, por definición, no podemos esperar seguir por ese camino ni que sea nuestra manera de actuar, porque los outliers son precisamente eso, fenómenos improbables y poco significativos, hechos especiales a partir de una serie de circunstancias y características que se dan muy pocas veces y casi nunca puedes reproducir.

Las historias de (supuestos) temerarios que siguen pasiones e ideas, como Richard Branson y compañía, nos atraen, pero todos los que intentan lo mismo y que carecen de las mismas circunstancias, contexto, dinero y cualidades que esos visionarios, fracasan los primeros.

Es importante que no nos dejemos engañar por las palabras bonitas.

Lo que tiene más probabilidades de éxito a la hora de tener un negocio

Siendo así, ¿cuál es la característica que tenemos que cultivar si queremos tener más probabilidades de éxito con nuestro negocio?

Probablemente la menos sexy, interesante y atrayente de todas, pero que va a ser la que más beneficios nos traiga: la resistencia.

Es decir, la capacidad de aguantar y persistir, porque emprender es una maratón y debemos meternos en ella para un juego a largo plazo. Debemos tener la vista en ese largo plazo y no dejarnos llevar por los cantos de sirena de historias de emprendedores (muy adornadas hasta ser irreales, se lo aseguro) que no se aplican a nuestro caso.

Atención a estos interesantísimos estudios sobre el tema y sus fascinantes conclusiones…

El Journal of Economic Psychology publicó un interesante estudio, hecho en España precisamente, donde se analizaron durante 5 años empresas de turismo. Se quiso ver su evolución, su éxito y qué características contribuían y explicaban el mismo, en caso de haberlas.

Este estudio [1] concluyó que la resiliencia ayudaba a explicar este éxito. Aquellas empresas más exitosas la mostraban.

La resiliencia es un término psicológico que intenta abarcar algo más allá que el concepto pasivo de resistencia. Si bien en su base significa la capacidad de resistir, afrontar y superar sucesos duros y traumáticos, la resiliencia suele tener tres elementos que la componen:

  • La resistencia en sí a la adversidad.
  • El ingenio y la inventiva para encontrar soluciones y recursos durante esa adversidad.
  • El optimismo de que se saldrá de la situación adversa.

Curiosamente, en el estudio el optimismo era una variante que influía sólo en el caso de las emprendedoras femeninas. En el caso de varones, mientras las otras dos características se dieran, el optimismo no explicaba obtener resultados. Si las otras dos características se daban, los resultados se daban también, hubiera un optimismo presente o no.

Esto coincide con mi experiencia propia, personalmente opino que el optimismo no sólo está sobrevalorado, sino que en muchas ocasiones es contraproducente. Si haces y persistes, los resultados llegan, tengas una visión rosa o no de las circunstancias.

Esas tres dimensiones componen la resiliencia pero, básicamente, es la capacidad de aguantar y actuar en presencia de la adversidad lo que importa. Mi término favorito para esto (pues el de resiliencia no negaré que no me apasiona), es la palabra finlandesa que enmarca todas estas cualidades y que es una de esas palabras de otro idioma que no tiene traducción exacta: sisu.

Sisu es esa fortaleza ante los tiempos duros y, sobre todo, actuar en ellos con la convicción firme de que se vencerá o, al menos, uno lo intentará hasta que ya no se pueda hacerlo más.

Y ese sisu es la verdadera característica que nos va a ayudar a conseguir todos los objetivos de nuestra empresa.

Ni la inteligencia extrema de Elon Musk o Bill Gates, ni el carisma de Steve Jobs, ni el liderazgo de Richard Branson… Es la buena y vieja resistencia, el sisu, lo que explica el éxito en la mayoría de los casos y, por tanto, la apuesta que deberíamos hacer.

La buena noticia es que esta «pata» del éxito es totalmente controlable, al contrario que el contexto o el timing del que ya hemos hablado en esta misma sección Premium (controlables sólo en parte y sólo en algunas ocasiones).

Cómo la resistencia es la característica clave

Que apretar los dientes, resistir la adversidad y actuar en su presencia es la verdadera llave para el éxito se ha demostrado una y otra vez en múltiples contextos, pero «vende» poco.

Ser el silencioso que trabaja sin descanso, que acude cada día a su puesto aunque llueve o truene, ser el que no falla, el que no pone excusas, suena como algo arduo. Suena a maratón y todo el mundo quiere hacer un sprint hacia el éxito y copar las portadas como el nuevo genio coronado de la noche a la mañana.

Pues bien, eso no existe.

He aquí la respuesta de un ejecutivo de Facebook cuando en una entrevista le preguntaron qué sentía al haberse convertido en algo tan grande de la noche a la mañana: «Si por «de la noche a la mañana» quieres decir más de seis años de trabajo en la oscuridad…».

Sisu vende pocas portadas y pocos libros, pero es el elixir que está buscando. Una y otra vez, cuando se analizan diversos campos, el éxito es de los que persisten.

Angela Duckworth estudió ampliamente a miles de cadetes de la prestigiosa escuela militar de West Point. Trazó sus notas en el instituto, las de un examen especial que hacen allí, las puntuaciones de liderazgo en las evaluaciones previas, la aptitud física… Pero no era la fuerza o el potencial de liderazgo lo que distinguía a los que obtenían mayores logros, era ese sisu, esa resistencia, perseverancia y pasión por metas a largo plazo, lo que marcaba la diferencia.

Impulsada por esos resultados, Duckworth ha estudiado más campos y los estudiantes de las mejores universidades americanas (la famosa Ivy League) con mayor resiliencia obtenían mejores calificaciones que sus compañeros, independientemente de las notas de exámenes de acceso iniciales.

Comparando dos personas de la misma edad y diferente nivel de educación, la resiliencia, y no la inteligencia, predecía mejor cuál de las dos personas acabaría obteniendo mayor nivel de formación en el futuro.

Competidores de esos concursos tan americandos de deletreo de palabras eran mejores que sus rivales, no dependiendo de la inteligencia de nuevo, sino de su resistencia y su compromiso en la práctica constante.

Y así es siempre, una y otra vez cuando se examinan datos que no mienten y no quieren venderte nada especial.

La capacidad de apretar los dientes, ser un profesional, sentarte a hacer el trabajo y hacerlo cada día sin excusas, actuando frente a la adversidad y actuando igual o más en los buenos tiempos también (tan dados a bajar los brazos) es lo que mejor explica que se alcancen mayores niveles de éxito.

Y no, no es sexy ni vende, pero es una buena noticia para los que no nacimos carismáticos, genios o atractivos. Emprender es una maratón que ganan los que perduran. Esa es la tercera pata del éxito.

[1] The Resilience of the Entrepreneur. Influence on the Success of the Business. A Longitudinal Analysis. Ayala Juan-Carlos – Guadalupe Manzano