Hoy, en la sección Premium, vamos a ver un material especial que le va a enseñar el «pequeño sucio secreto» que guardan todas las empresas, pero que nunca comenta ninguna.

Pues bien, hoy se lo vamos a revelar aquí, y es posible que eso confirme una cierta sospecha que quizá le ronda por la cabeza y, seguramente también, le produzca un cierto alivio.

De hecho este es un secreto en dos partes. Estas partes:

Lo que nadie se atreve a contar

Este no es un material al uso, hoy aparcamos brevemente los números, los casos de estudio y los ejemplos, para hablar de algo que es aún más importante.

He aquí dos verdades que nadie se atreve a decir:

  1. Todos los emprendedores tienen miedo. De esto ya hablé hace muchos años, así que no me voy a entretener mucho.
  2. Todas esas iniciativas «perfectas» son en realidad un caos.

En serio.Es simplemente que no podemos verlo, que hacemos un esfuerzo consciente, no sólo por disimular esas dos cosas, sino por ofrecer precisamente la imagen contraria: todo es ilusión, todo va bien.

Pero resulta que la realidad no es Instagram, no tiene esos filtros ocres que suavizan las líneas y los problemas, poniendo una luz falsa donde no la hay.

La realidad es que todos los emprendedores tenemos miedo y que lo que ocurre es que sólo podemos ver la fachada de esos negocios perfectos, pero no el día a día desde dentro.

Si alguna vez ha sentido frustración porque parece que a todo el mundo le va el negocio mejor que a usted, relájese, no es así.

Somos humanos, es inevitable compararnos con los demás y, sobre todo, es inevitable querer aparentar que estamos en la cima de esa comparación, o al menos un poquito arriba. Y si no lo estamos, al menos queremos dar esa percepción y que los demás lo crean, pues eso nos proporciona una sensación parecida.

Hoy día, con un mundo tan hipercomunicado, ese efecto de comparación se acentúa, tanto en el ámbito personal como el profesional. Grupos de amigos se aburren mirando el móvil en un local, pero cuando uno de ellos dice: «Foto», todos ponen su mejor sonrisa, suben la imagen a Internet y los conocidos en sus casas piensan: «Todo el mundo menos yo se lo está pasando bien». Error. Estamos viendo sólo la fachada, pero no el interior de la casa. Eso es algo que deberíamos plantearnos a menudo, a fin de obtener una imagen más real y completa.

Constantemente estamos siendo invadidos por fotos de lugares exóticos, gente sonriendo, viajes y aventura. Pero la verdad es que son retazos elegidos adrede de gente muy distinta. No son la realidad. No son esos días de gripe, esas ojeras al levantarte, esas tardes a solas, esos días en el trabajo que sólo quieres que se acaben. Sólo son pedazos elegidos con cuidado para construir una percepción.

Y como los humanos somos así, eso se traslada de un modo similar al contexto profesional.

La necesidad de parecer perfecto para conseguir la venta

El Marketing se basa en una verdad que tiene implicaciones poderosas:

«La percepción es la realidad».

La demostración de que esto es así se da cuando vemos que no es raro que lo largo de la historia el producto que no es óptimo se haya impuesto a otros mejores y haya sido el más vendido. Se ha creado una percepción que anulaba el hecho de que realmente productos alternativos son mejores.

Ocurre constantemente hoy, donde teléfonos y ordenadores que son claramente inferiores se venden más, y mucho más caros, que otros.

La cuestión es que es cierto que si usted quiere contratar a un contable para su empresa, va a preferir al que le da una imagen profesional impecable, que habla con seguridad y tiene un despacho lujoso. Ese que suda mucho, tiene la mesa hecha un caos de papeles y lleva una vieja corbata torcida nos da peor impresión.

Eso lo saben muchas empresas, por eso intentan transmitir la imagen de que todo va bien siempre. Despachos modernos, grandes tazas de café humeantes al lado de ordenadores relucientes, sol y frases sobre la aventura de que emprender es seguir nuestros sueños…

En realidad no estamos viendo ese ataque de pánico porque en cada maldito lanzamiento al servidor web le da por caer. Que ese producto se ha terminado a última hora, que nos hemos equivocado y siguen saliendo erratas en cada revisión. Que el préstamos no llega y otro mes más hemos hecho equilibrios con la liquidez.

Eso nadie lo dice, pero a todos nos ha sucedido y volverá a hacerlo. Simplemente, no nos dejan verlo.

La clave de la infelicidad

Dicen los estudios que una semana sin Facebook mejora el ánimo y que el uso de las redes sociales es inversamente proporcional a la felicidad y la satisfacción personales. Eso sucede porque al dejar de usarlos tan a menudo, reducimos el efecto de esas comparaciones desfavorables.

Y es que ahí está la clave de la infelicidad que bien definió alguien:

«El problema básico es que comparamos nuestros patios traseros con las fachadas de los demás».

Nosotros vemos toda nuestra vida, patio trasero incluido, pero de los demás sólo vemos la fachada bonita que quieren mostrar, una ilusión cuidadosamente seleccionada y falseada con filtros bonitos y frases de autoayuda.

Pero no es real. Es humano creer que el jardín de al lado siempre parece más verde, pero sólo estamos viendo una parte, y encima está pintada.

La comparación en el mundo de la empresa

Ese fenómeno de la infelicidad por comparación también se da en el mundo de la empresa. Verá, emprender es, probablemente, la tarea más difícil a la que nos vayamos a enfrentar en esta vida. Casi 9 de cada 10 empresas nuevas cierran al año de empezar. Según los números, emprender es una actividad casi suicida.

Sin embargo, se ha formado una imagen idílica sobre emprender basada en la libertad, seguir los sueños, etc. Y mientras que eso es posible, lo que no se dice es que es extremadamente difícil. Y tampoco se dice que, aunque consigas todo eso que pretendes, va a costar sangre, sudor y lágrimas. Como todos los estados de la vida, esa felicidad y libertad son variables, no algo a lo que llegas y en lo que permaneces para siempre.

Nos comparamos con esos emprendedores «perfectos» y sus artículos que nos lo restriegan y nos sentimos fracasados, cuando en realidad ellos también se han sentido, sienten y sentirán así en más de dos momentos.

La verdad, y no la percepción, es esta:

Lo está haciendo bien, lo está haciendo lo mejor que puede y eso ya es mucho más de lo que hará la mayoría. Lo está haciendo bien contando esos fallos, contando esas noches en vela, esas preocupaciones por la cuenta del banco.

Por qué se crean esas percepciones falsas

Por el motivo fundamental por el que existe el Marketing: Para vender más. Hoy día ya no distingo mucha literatura de empresa de los libros de autoayuda, y claro, no vas a vender tu historia si esta es la de una persona normal que sufrió lo indecible por hacer rentable su empresa. Por supuesto, aderezarás aquí y allí con algo de desafío y problemas, pero lo principal es vender que eres un triunfador que sabe en todo momento lo que hace. Porque si no es así, no van a comprar el libro.

He visto gurús del Marketing online que venden «sistemas infalibles» y me han contactado diciéndome que cómo lo hago, que no consiguen ser rentables. He visto conferenciantes que dicen (a cambio de una millonada) cómo han de hacer las demás empresas para ser como ellos. Y resulta que incluso con esos abultados cobros están en ruinas.

He visto a buenas personas, que no exhiben sus plumas de pavo real, hacerlo mucho mejor que los supuestos expertos.

La lección práctica es esta: si tiene miedo, es normal, es lo que debe tener. Y si cree que es un fracaso, no lo crea, todo el mundo siente esos nudos en el estómago, esas ganas de llorar y mandarlo todo a paseo.

Ese es el secreto que nadie le cuenta, que gran parte del tiempo todos estamos disimulando, intentando no tropezar con los muebles en este camino a ciegas.

El mérito, de hecho, está en sentir esa ansiedad y actuar a pesar de ella. Si fuéramos de verdad perfectos, esos superhombres que triunfan siempre, ¿qué valor tendría hacerlo?

La primera vez que me vi expuesto a esto fue en mi etapa de consultoría. Fuimos a una empresa de moda que facturaba millones de euros, y era un caos y no me explicaba cómo podía ser así con ese caos. Pero es que el caos es la norma.

Lo está haciendo mejor de lo que cree, podría verlo si echara un vistazo a esos patios traseros de los demás, se lo aseguro.