Hay un montón de frases y mitos alrededor del tema de emprender. Uno de ellos es el de Winners never quit. No abandonar nunca, seguir adelante pase lo que pase.

Y aunque esa frase tiene una buena intención, ya se sabe lo que dice el proverbio, que el infierno está asfaltado de buenas intenciones y, en lo que se refiere a los negocios, el cementerio de empresas cerradas también está pavimentado con aquellos que no supieron abandonar a tiempo.

Parafraseando a Seth Godin: Los ganadores abandonan todo el tiempo.

El rey Pirro de Grecia fue uno de los generales más destacados de la historia. Cuando el imperio romano se expandió y llegó a sus puertas, él los derrotó varias veces en batallas muy costosas.

Pirro se hizo célebre por decir, más o menos, que otra victoria más como esas y acabaría completamente derrotado. Su paso a la historia ha sido porque en su honor se acuñó el término pírrico, en referencia a victorias que no merecen la pena, que parecen en realidad derrotas por todo el destrozo y el coste que acarrean.

Y la realidad es que la tenacidad y la capacidad de aguantar contra viento y marea convierte a muchos emprendedores en el rey Pirro.

No nos deben comer esas frases que suenan bien. Los buenos generales saben que se tienen que replegar o que tienen que perder batallas y territorios a fin de ganar guerras, que es de lo que se trata.

El peligro de quedar atrapados en una relación tóxica

Ese peligro no se restringe sólo a las relaciones personales. Todos hemos tenido ese cliente que paga lo justo y exige el doble que el resto. El que nunca está contento, pero no nos atrevemos a decir nada porque necesitamos el dinero o porque, en nuestra cabeza, están instalado otros mitos dañinos, como el de que el cliente siempre tiene la razón o que dónde se ha visto que se despida a un mal cliente como se despide a un mal trabajador.

Pues bien, una de las mejores cosas que un emprendedor puede hacer es despedir a algunos clientes y dejar sitio y tiempo para trabajar con otros mejores que vengan.

Y esas relaciones tóxicas se extienden a la que tiene el emprendedor con su actividad y sus proyectos.

Hay cosas a las que, ya sea porque tenemos un especial apego o porque no queremos vernos afectados por esa horrible sensación del fracaso, nos apegamos de maneras insanas. Seguimos contra viento y marea aunque vemos que el barco se hunde y no hay remedio.

No queremos perder el barco, pero muchas veces es lo mejor. Dejar que se hunda, salir de allí con lo que aún podemos salvar antes de que el agua llegue más arriba… Y buscar otro barco.

Porque lo importante no es el barco, son el viaje y el destino.

El enfoque profesional de un verdadero emprendedor

Tomando prestado al genial autor Steven Pressfield, muchos emprendedores se pueden dividir entre amateurs y profesionales.

Los primeros, los amateurs se apegan, muchas veces de manera insana como a esas parejas que no nos convienen, a lo que hacen. Los segundos son profesionales fríos. Miran a sus actividades como lo que son, herramientas para un fin: El de hacer mejor la vida de otros, el de dejar huella, el de crear cosas que ejerzan un cambio notable…

Y si no funcionan para ese objetivo, se cambia de herramienta. Y lo hacen de esa manera fría en la que lo hacen los verdaderos profesionales. No se aferran, no cometen el error de convertir la herramienta (el medio) en un fin.

La historia de muchas empresas de éxito

Cuando uno lee la historia de muchas empresas que hoy día tienen éxito se sorprende de algo muy peculiar: Muchas comenzaron haciendo algo muy distinto a aquello a lo que se dedican hoy.

Nintendo comenzó como una empresa que hacía barajas de cartas, Nokia era un molino de papel, Paypal empezó como una empresa de seguridad, Avon fue fundada por un vendedor puerta a puerta que empezó a dar muestras de perfume para conseguir la atención de las amas de casa que le abrían. Pronto vio que eso tenía más éxito que todo lo que vendía, así que abandonó y se dedicó a productos de cosmética, perfumería y demás.

Todos los ganadores abandonan todo el tiempo.

No se dejan atrapar e irse hasta el fondo del mar por culpa de relaciones fallidas con actividades que no van a ninguna parte. Si eso ocurre, cambian, a veces radicalmente en lo que se refiere a núcleo de negocio, a veces cerrando y empezando de cero.

Porque esa es otra de las constantes cuando uno lee las biografías de grandes emprendedores, la cantidad de «fracasos» previos y de cosas a las que se han dedicado.

Que los ganadores no abandonan nunca suena muy bien, pero que algo suene bien no significa que sea cierto o recomendable.

Es verdad que muchas veces se abandona demasiado pronto, que muchos emprendedores creen que los beneficios de una nueva empresa llegan mucho antes de lo que normalmente tardan en llegar, pero la otra cara de la moneda es seguir a ciegas a todas esas frases y mitos que suenan bien, que son entonados por esos que se suben a escenarios a vender humo y conferencias sobre nada, porque en realidad no tienen experiencia real excepto en vender ese humo.

Los ganadores abandonan todo el tiempo sin problema cuando la situación lo exige. No se casan con nada excepto con su misión final.

Y si tienen que cambiar de herramienta para llevar a cabo esa misión, no tienen ningún problema.

Al fin y al cabo es mejor eso que la nada que tendrán si siguen hundiéndose con un barco roto.