Hay un tema recurrente cuando trabajas con pequeñas empresas, autónomos y emprendedores, el de las subvenciones. Buscar subvenciones, gestionar los papeles, optar a todo lo posible e insistir en hacer del asunto algo prioritario es un hecho que, una vez tras otra, todos los pequeños empresarios comentan como si fuera el grial que supone la clave del éxito de su iniciativa, pero ¿lo es de verdad?

Esto ocurre sobre todo en los emprendedores recientes, conforme el tiempo pasa el empresario, (más viejo y más sabio) aprende casi inconscientemente la verdadera realidad de las subvenciones y deja de hacerles mucho caso o preocuparse por ellas.

Tras años de experiencia de primera mano y con datos concretos y fiables, la humilde opinión es que la concepción de que las subvenciones son un elemento clave en una pequeña empresa (reciente o no) es un mito y como todos los mitos, está muy arraigado pero es falso y puede hacer mucho daño…

Opinar puede estar muy bien, pero extraer conclusiones lógicas partiendo de datos reales y contrastados es una manera mucho mejor de actuar, por eso vamos a ver tres datos interesantes y concretos del Estudio de las Cámaras de Comercio sobre factores de Consolidación empresarial.

Dicho estudio puede ser descargado desde la web de las Cámaras de Comercio y contiene preguntas como las siguientes:

¿Qué porcentaje de empresas del estudio empleó subvenciones públicas para su inversión inicial?

Apenas un magro 1,7% en contraste con el 86,4% que usó recursos propios o el 32,6% que utilizó recursos ajenos.

Cuando contamos la cantidad de inversión monetaria realizada por empresas recién creadas, apenas un 0,7% de esa cantidad corresponde a subvenciones.

Lo más interesante, sin embargo, viene cuando se les pregunta a las empresas cuáles han sido los elementos relevantes para conseguir sus objetivos empresariales.

De entre las opciones dadas ¿adivinan cuál queda la última, a una enorme distancia del que le precede…?

Efectivamente, las subvenciones, apenas un 13,2% de empresarios consideran que las subvenciones han tenido alguna relevancia en conseguir sus objetivos.

El penúltimo factor clasificado ("Cooperar con otros empresarios") es tenido como relevante por el 45% de las empresas.

¿Quiere decir esto que la pequeña empresa debe olvidarse de subvenciones?

No, si tiene acceso a ellas puede y debe intentarlo, aunque como decía un cliente y amigo "Si llega, la subvención lo hace cuando ya no la necesitas, siempre viene menos de lo que pediste y encima sudas para justificarla…"

Cada uno puede extraer sus propias conclusiones y tendrá su propia experiencia, pero aquí quedan unas reflexiones:

Dado el enorme interés por subvenciones por parte de las pequeñas empresas:

¿Es una maniobra estratégica correcta poner un gran esfuerzo y hacer depender su negocio de un elemento totalmente externo a su empresa y con tanta incertidumbre? (pueden concedérselo o no, en la cantidad que pidió o seguramente menos, etc.).

Dado el poco peso crítico de las subvenciones en los resultados y presupuesto:

¿Merece dedicar un enorme esfuerzo a una inversión que tiene un retorno que no es gran cosa? ¿Qué pasaría si el trabajo y los recursos empleados en pedir, gestionar y justificar subvenciones se emplearan en los procesos críticos de producción, gestión y marketing que convierten a su actividad en autosostenible y por tanto, dependiente solo de ella misma? No es cuestión de dar la espalda a las subvenciones, pero quizá sí es cuestión de verlas en perspectiva y ponerlas en su sitio real.