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Recientemente estaba leyendo un interesante artículo donde una experta en Marketing (ex de Disney, IBM, etc.) explicaba las distintas formas del mismo para que las entendiera cualquier pequeño empresario, y lo hacía con una curiosa metáfora referida a ese tema.

En uno de los párrafos comentaba: "Si estás en una fiesta, ves un chico guapo, te acercas a él y dices: Soy fantástica en la cama, eso es Marketing Directo"

Quien haya podido comprobar el material de Cómo Conseguir Clientes sabrá lo importante que es el Marketing Directo y aplicarlo bien si queremos más clientes.

El artículo era francamente entretenido y la verdad es que dejaba caer enseñanzas muy interesantes, pero reconozco que al final lo que se me quedó en la cabeza es que si estás en una fiesta, ves a alguien que te atrae y haces eso… Eso no es Marketing Directo.

De hecho precisamente le falta algo fundamental para que sea Marketing Directo, o al menos Marketing Directo efectivo y de hecho sorprendentemente conecta con un fallo habitual que se suele cometer y reduce enormemente la eficiencia de ese tipo de marketing en muchas pymes (y todos hemos sido culpables de eso más de una vez, la verdad).

El Marketing Directo busca una respuesta directa por parte de nuestro cliente, su objetivo y si funciona viene dado porque se produzca dicha respuesta… pero difícilmente se va a producir la respuesta si no hay una pregunta que incite a dar esa respuesta directa.

Es lo que se denomina la llamada a la acción y si no la empleamos en nuestro Marketing Directo su eficacia baja enormemente como se comenta también en el Pack con números en la mano.

El error clave que se comete en este sentido

El fallo crítico que solemos cometer es dar por supuesto las cosas. Dar por supuesto que nuestro cliente sabe lo que tiene que hacer, a nosotros nos resulta muy obvio, como en el caso de la frase anterior.

Pero nunca es así, el cliente no lee nuestra mente, ni sabe nada de nuestro producto, de lo buenos que somos e incluso las intenciones. Tampoco sabe a qué atenerse, apenas nos conoce y si no le especificamos claramente qué hacer la mayoría de las veces no lo hará.

Hay veces que no se suele especificar qué hay que hacer "por no ser redundantes". Cada prueba y cada cifra comprobada en Recursos Para Pymes en este sentido respaldan lo siguiente: digamos de manera clara, directa y simple qué tiene que hacer el cliente tras haberle comentado por qué nuestro producto es la respuesta a sus plegarias. Así siempre seremos más efectivos que cuando no lo hacemos.

Pongamos siempre una llamada clara a la acción, digamos exactamente y bien grande qué tiene que hacer el cliente, qué pasos debe dar para que haga lo que deseamos que haga.

Si queremos que llame, nos visite, pida una demostración o se venga a casa con nosotros no dejemos lugar a dudas. Digámoslo.

Eso es Marketing Directo, porque el Marketing Directo busca siempre una respuesta y no suele haber respuesta si primero no hay pregunta.

¿Cómo deberíamos reformular la frase de la fiesta para que fuera Marketing Directo y fuera efectivo?