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La tónica empresarial dentro del panorama español es precisamente la de quitar importancia y desperdiciar el activo más importante y anteponer otros que tienen mucho menos valor.

Con esas premisas, no es de extrañar que nuestro país se sitúe a la cola de Europa en lo que se refiere a productividad y que por el contrario sea donde más horas se trabaja.

Una empresa es un conjunto de activos, (es decir de recursos que se pueden emplear para un fin) que busca obtener a cambio de arriesgar esos activos un rendimiento mayor de lo que se pone en juego, es decir, un beneficio, una rentabilidad.

Eso, y no otra cosa, es una empresa, por eso el hecho de estar al frente de una pyme o colaborar en la gestión de una es una cuestión de saber valorar, invertir y aprovechar adecuadamente esos activos, cuidando siempre de obtener el mayor rendimiento y no derrochar inútilmente los recursos más preciados.

Para ello es necesario que primero sepamos qué de todo es lo más importante.

Recientemente, en una colaboración con el Portal Microsoft Empresas, uno de los artículos de información práctica de Recursos Para Pymes fue portada del boletín de Microsoft, trataba precisamente de responder a la pregunta clave:

¿Cuál es el activo más importante en una empresa?

Y por supuesto daba claves prácticas para aprovecharlo y gestionarlo adecuadamente en vez de despediciarlo como suele resultar la tónica habitual en el día a día de la pyme y el autónomo.

Y si no lo cree, no dude en acceder al artículo y comprobarlo por usted mismo.

Cuál es el activo más importante de su empresa (y no es el que imagina)

Muchos pequeños empresarios y emprendedores que se ven expuestos a esta información suelen no ser conscientes, en el momento, de la importancia crucial, dicen "bueno, tiene razón" y luego se sigue con la misma dinámica.

Pero llega un momento, mientras se sigue avanzando en el camino de hacer crecer su negocio, en que todo encaja, en que se dice:

"Pues claro, sí que es realmente así"

Y es a partir de entonces cuando de verdad se empieza a valorar adecuadamente lo importante.

Si lee el artículo y tiene una sensación contradictoria, como que está de acuerdo pero luego no lo aplica o no le acaba de llegar lo suficiente como para ponerse en marcha o hacer cambios importantes, es normal, ya que va en contra de concepciones muy arraigadas en la pequeña empresa, pero una cosa es segura, un día amanecerá en su negocio y entonces la pieza suelta encajará.

Ese día dirá:

"Pues claro, sí que es realmente así".

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