abandonar o seguir
abandonar o seguir

De un tiempo a esta parte, es muy difícil separar la información de negocio que tiene algún valor de la mera autoayuda. Son los tiempos de Míster Wonderful y hasta una taza nos dice qué hemos de hacer.

Independientemente de que no hay nada más surrealista que el hecho de que un adulto haga lo que le dice una taza o la portada de una libreta, el problema no es ese. Es problema es que, lo que pone ahí suele ser mucho más dañino que positivo.

Una de esas frases que escuchamos / leemos todo el rato es la de: «No abandones nunca».

Solo alguien que no está en su sano juicio haría eso y, es más, quien escribe eso, no tiene ni idea del mundo real, o se ha parado a examinarlo con detenimiento.

La realidad es que los ganadores abandonan todo el rato, y eso es lo que les permite seguir siendo ganadores

Hace mucho tiempo, más de 10 años al menos, leí una entrevista de Guy Kawasaki a Seth Godin, con motivo de su, por entonces nuevo libro: The Dip: A Little Book That Teaches You When to Quit (and When to Stick).

El título traducido viene a ser El declive: Un pequeño libro que te enseña cuando abandonar (y cuando seguir intentándolo). En su día ya me resultó interesante porque, por las tazas, los mitos o la razón que sea, abandonar una iniciativa es un tema tabú entre empresarios, emprendedores o autónomos.

Lo tratamos como al diablo en un contexto supersticioso, que no se suele mentar demasiado, probablemente porque nos aterra el fracaso. Pensar que algo, a lo que dedicamos tiempo, esfuerzo y vida puede no llegar a buen puerto es algo que preferimos no considerar…

Pero lo cierto es que una de las cosas más inteligentes que se pueden hacer es saber cuándo retirarse a tiempo de algo y cuándo seguir en la brecha, porque realmente estamos a punto de superar ese declive.

Seth Godin, con esa mezcla de claridad y de visionario al que no se le acaba de entender del todo, da algunas claves que merece la pena comentar, porque es un tema esencial cuando estamos hablando de empresas y emprendedores.

Insistir con algo que no va a ninguna parte (y nos vamos a ceñir aquí al contexto estrictamente de empresa y negocios) es probablemente el mayor de los errores posibles porque perdemos una enorme cantidad de nuestro activo más precioso (el tiempo) y también recursos, el humor y la propia vida. Nada hay peor que quedarse estancado en un callejón sin salida y seguir insistiendo ciegamente en andar por ese camino.

He aquí una de las ironías que encierra esta cuestión, muchas veces es difícil distinguir entre una situación en la que debemos abandonar y una en la que realmente estamos en un valle, pero a punto de conseguir algo.

Por eso, en la entrevista de Kawasaki, la primera pregunta fue al grano:

¿Cuándo puede saber alguien que debe retirarse?

Godin da dos respuestas breves y concretas.

  • Una es cuando uno ha estado siendo mediocre todo el tiempo.
  • Otra es cuando aquello que medimos no mejora y no encontramos nada mejor que medir.

La realidad es que, si uno no está dispuesto a hacer algo distinto, a destacar y a marcar la diferencia, entonces no se puede esperar que nadie, ni clientes, ni usuarios, ni aquellos con los que deseemos hacer negocios nos hagan caso, nos tengan en cuenta y nos elijan.

Alguien que es como los demás, y que no aporta absolutamente nada, es lo último que se necesita en un mercado ya saturado.

¿Cuántas veces ha elegido usted un producto igual que los demás, que no destacaba por nada y que resultaba plano y gris?

Probablemente ninguna o casi ninguna. Y eso es lo mismo que harán los demás en caso de que nuestras iniciativas no aporten algo que no sea mediocridad: Las ignorarán completamente, entraremos en ese Dip, en ese declive, y será hora de abandonar.

Hay una manera sencilla de entrar en una espiral de mediocridad, aunque no nos lo propongamos (nadie se lo propone de hecho, en los planes de negocio no aparece como objetivo: «Ser mediocre y pasar desapercibido»). Esa manera de hundirnos en lo mediocre es simplemente no haciendo nada y dejándonos llevar. Si no tenemos rumbo nuestro barco acaba a la deriva y llevado por la corriente hacia ninguna parte.

Este problema surge cuando:

a) No hay objetivos claros en nuestra empresa.

b) No tenemos una identidad clara como empresa.

c) No tenemos como finalidad esencial marcar una diferencia.

Eso ocurre, en muchas ocasiones, porque una empresa nace simplemente por el hecho de que su fundador o fundadores realizan un determinado trabajo (normalmente estaban empleados por alguien). Tras un tiempo, cogen experiencia, se convierten en profesionales bastante capaces en lo que hacen y piensan: «Creo que por mi cuenta podría ganar más», y entonces dejan su trabajo y saltan al ruedo, convertidos en un clon de lo que era su anterior empresa. La única diferencia es que ahora son ellos los que van a recoger directamente los ingresos de los clientes.

Eso es competir con una filosofía de: «Yo también hago lo que hacen los demás». Y suele ser el inicio de gran parte de las iniciativas empresariales, pero no basta. No basta porque la filosofía de: «Yo también», hace que ya haya cientos de empresas así y por tanto se pase desapercibido. En esas situaciones, pronto nos dejamos llevar por la corriente, siendo una más de las cientos de iniciativas de negocio que están ahí varadas.

Si no empezamos proporcionando algo diferente y algo ansiado por los posibles clientes es sólo cuestión de tiempo que nos veamos sumidos en la mediocridad y el declive, y lo que es peor, que no tengamos salida alguna del bache.

En la entrevista se habla del caso de Microsoft y el mercado de los reproductores de mp3. Microsoft sacó el reproductor Zune para competir con el todopoderoso iPod, pero realmente el Zune no tenía nada destacable. No ofrecía nada nuevo y no tenía una sola característica por la cual un posible comprador del iPod quisiera considerar el Zune como alternativa… Es decir que salió con una filosofía de: «Miradme, yo también reproduzco mp3«. Pero el problema estaba en que nadie tenía ningún motivo para mirarle. Microsoft, igual que tiene un enorme éxito en unos ámbitos, en el del mp3 no lo tuvo y, dado que los indicadores no mejoraron y el Zune era mediocre, decidió abandonar, con buen criterio.

¿Y cuándo seguir, cuándo insistir en medio de un declive?

Dos claves también para esto.

  • Una es valorar si tenemos bastantes recursos para salir de ese declive.
  • Otra es valorar si merece la pena salir de ese declive.

Hay batallas que, como al rey Pirro, cuando las ganas te hacen perder la guerra, ya que el coste a sido insufriblemente alto para lo que se ha obtenido después.

Hay toda una filosofía de: «Nunca hay que abandonar, se puede hacer todo lo que te propongas, hay que seguir sólo un poco más…».

Pero, sin restar valor al hecho de tener coraje, apretar los dientes y seguir adelante, es cierto que es mucho más inteligente analizar las cosas de manera fría, aplicando lo que hemos visto aquí. Entonces, y sólo entonces, tomaremos una decisión, aunque sea la dura elección de abandonar, porque una retirada a tiempo puede ser la mejor de las victorias.

Moraleja: Somos adultos, es hora de dejar de hacer caso a lo que dice una taza.