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Siempre digo que cuando se trata de temas de empresa, hemos de mantener esa actitud de que son sólo negocios y no es personal. Pero he aquí el pequeño y sucio secreto de estas cosas:

Todo es personal. Más de una vez he dicho que la vida es una cuestión de filias y fobias, si tú eres amigo mío, me caes bien o me gustas, eso va a influir en lo que haga, prefiriéndote aunque no seas el mejor, defendiéndote cuando la has pifiado. Y lo mismo ocurre si no me gustas.

Al igual que las compras, la mayoría de nuestras decisiones en cualquier sentido son emocionales, decisiones que ya justificaremos después con supuestos motivos racionales que nos encajen.

Por todo esto, el carisma, nuestra capacidad de proyectar buenas impresiones, nos beneficia o perjudica en toda operación, ya sea de venta o negociación. Sin embargo, y como casi siempre con todo lo importante, esto apenas se explica en libros y seminarios de negocio.

Por eso, esta semana en la sección Premium vamos a ver cómo aumentar dicho carisma.

Por suerte, el carisma no es un regalo divino con el que se nace, se puede aumentar, practicar, modular y, en general, como muchas otras cosas, es una habilidad.

Vamos a aprender más sobre ella y cómo proyectarlo a nuestro favor.

LOS DIFERENTES TIPOS DE CARISMA

Siguiendo la efectiva estrategia de descomponer en piezas para comprender mejor cómo funcionan las cosas, una de las principales revelaciones es que no hay un solo tipo de carisma y que el verdadero líder domina las diferentes variantes que hay, sabiendo perfectamente cuándo aplicar la más adecuada. Eso es lo que vamos a ver ahora.

Diferentes estudiosos de la materia realizan diferentes divisiones de carisma, pero al final todas las clasificaciones son artificiales, modeladas con respecto a las ideas propias de cada autor. En mi experiencia, lo más sencillo es distinguir entre dos tipos de carisma.

 El carisma de dominio / liderazgo.

También lo llamo carisma “activo”. Piense en el típico empresario triunfador vendiendo lo que hace, el político dando un discurso o el general en la batalla. Es el liderazgo activo que proyectamos cuando queremos que alguien haga algo o para dominar una situación y colocarnos en la cima de la misma.

 El carisma de compasión / presencia.

Que también llamo carisma “pasivo”. Piense en el típico monje oriental con una presencia total, que te mira como si fueras lo más importante del mundo y te escucha como si no hubiera nadie más. Es importante comprender el verdadero significado de compasión, que no es el de sentir pena por otros sino el de ponernos en su lugar, ese es el significado real de la palabra.

Coloquialmente los suelo denominar el “carisma de los alfas” y el “carisma de los lamas”. Debemos poseer ambos, pues ambos son útiles según en qué situaciones y son los que constantemente emite y utiliza un líder real, según la necesidad del momento.

Dominar solo uno y no saber cómo equilibrarlo con el otro puede tener efectos negativos y contrarios a los que deseamos.

Si estás todo el rato llevando la voz cantante, especialmente en los momentos en los que no es necesario, pronto te pondrán los ojos en blanco a tus espaldas y pensarán que eres un pequeño tirano en tus grupos de referencia, que no das pie a que nadie más tenga iniciativa. Sin embargo, si estás emitiendo todo el rato la otra clase de carisma pasivo, serás el típico “buen chico”, que siempre sabe escuchar, pero que se atreve a poco y no suele conseguir mucho, la pasividad que se muestra puede llegar a ser enervante y no te confiarán responsabilidades.

Una persona carismática sabe cuándo usar uno u otro porque tiene calibración social. Este es un concepto muy importante que conviene comentar un poco más a fondo, debido a su importancia.

 La calibración social es la llave de todo

La calibración social es la capacidad de entender qué está pasando en una interacción social y actuar en consecuencia para integrarse en la situación y conseguir en ella una posición ventajosa o adecuada para lo que queremos.

Vamos a ver unos ejemplos de mala calibración social que estoy seguro que ha vivido.

Esa persona que siempre que llega acapara la conversación contando cosas de su vida y su trabajo, nunca pregunta por nadie, ni se interesa por cómo les va a otros. No se da cuenta de que los demás se aburren y él sigue hablando y hablando, además muy orgulloso de sí mismo.

O esa persona que viste siempre con ropa que no le queda bien, le da igual su imagen, tiene fama de “rarito” y cuando acude a eventos no sabe cómo comportarse y se queda en un rincón.

También, hablando de un entorno profesional, esa persona que empieza el discurso de ventas, lo sigue contra viento y marea a pesar de que su público da muestras de haber perdido la atención, porque se miran el reloj o realizan gestos de estar nerviosos o aburridos. El vendedor no cambia de estrategia y ante posibles interpelaciones, su reacción es seguir de manera patosa por la misma ruta que le marca su guión, sin atender a lo que ha surgido inesperadamente.

La calibración social es la capacidad de leer bien lo que está pasando a nuestro alrededor y adaptarnos.

Esta es la habilidad más difícil de enseñar en la teoría, sólo se puede aprender a base de práctica y con la mentalidad de centrarse en los demás y en lo que pasa alrededor, levantando la vista de nuestro ombligo (eso es muy difícil a veces para los humanos, pero todo buen carismático lo hace).

Dicha calibración nos permitirá saber en qué situaciones precisamos un carisma de dominio / liderazgo o un carisma de compasión / presencia.

Vamos a explicar a fondo cada uno.

El carisma de dominio / liderazgo

El carisma activo o de liderazgo se basa en el dominio, ya sea de la situación o de los demás. Ahora, hay que entender bien lo que significa dominio.

El que se cree carismático pero no tiene ni idea, intenta dominar por autoridad pura y dura, y es un desastre, por eso lo peor que se puede hacer, como dice el proverbio, es dar autoridad a un tonto, ya que se convierte enseguida en un tirano.

Un persuasor carismático domina una situación o ejerce un liderazgo sobre los demás mediante la devoción, si lo quiere llamar amor, me parece bien, la cuestión es que el líder de verdad consigue que sus seguidores quieran parar una bala por él.

Este carisma implica ser el “alfa” de la situación y del grupo, el que toma la iniciativa en caso de duda y es percibido como el líder.

Los humanos somos seres sociales, tenemos la inclinación inevitable a asociarnos en grupos, cuando nos quedamos solos sufrimos y la cuestión es, en todo grupo, de manera consciente o inconsciente siempre hay roles, y siempre uno, o unos pocos, son los líderes. Y si queremos ser carismáticos, es hora de que seamos los líderes.

Empezaremos a serlo en nuestro grupo social y habremos de empezar a tomar la iniciativa en el trabajo también. Eso implica que tenemos que ser esa persona que hace los planes, propone cosas y toma decisiones sobre qué hacer cuando se plantea un dilema (me da igual que sea algo importante o algo tan nimio como decidir el lugar al que ir con los amigos, pero es hora de tomar la iniciativa).

Igualmente eso implica que tenemos que estar cómodos exponiendo nuestra propuesta y defendiéndola si llega el caso, además de hacerlo de manera que a los demás les inspire el deseo de seguirnos y hacer lo que decimos.

 El carisma de compasión / presencia

Se suele usar sobre todo en las interacciones individuales cuando se dirigen a nosotros y también cuando no se precisa una acción activa por nuestra parte (por ejemplo, estamos escuchando en una reunión o simplemente estamos en algún lado, sin interactuar con nada y con nadie, incluso solos en casa, también cuando estamos en grupo y alguien se dirige a nosotros).

Por defecto siempre estamos en este modo de carisma, estando presentes en vez de ser unos “zombis” en lo que hagamos, con el cuerpo en un lugar y la mente en otro.

Las claves para proyectar esta clase de carisma son las siguientes:

 1) Estamos presentes.

Esto significa que tanto nuestro cuerpo como nuestra mente están en el mismo sitio. No andamos encerrados dentro de nuestra cabeza, atrapados por otros pensamientos en vez de estar atentos a la situación física en la que estamos inmersos.

Eso implica también estar en el presente. Para mí, este es el “superpoder” más importante que podamos desarrollar porque, francamente, vivimos en todas partes excepto en el ahora.

Solemos estar preocupados por el futuro o afectados por algo que nos sucedió en el pasado y que viene a condicionar nuestras acciones. Esto es normal y es imposible estar en el presente todo el tiempo, pero a partir de ahora tenemos que hacer un esfuerzo por estar centrados en lo que tenemos entre manos. Es decir, estar inmersos en el momento, sin dedicar demasiado esfuerzo a viajar en el tiempo, hacia nuestros traumas pasados o nuestras preocupaciones futuras.

2) Si estamos con alguien, ese alguien es la persona más importante del mundo.

Eso es lo que consiguen las personas más carismáticas, que en su presencia te creas el más importante del mundo, como si no hubiera otra persona en la habitación cuando les hablas y cuando hablan contigo.

¿Y cómo consigue eso el persuasor? Centrándose tanto en el otro como para que no parezca que haya nadie más ahí.

De hecho, los mejores lo llevan de nuevo hasta el límite del autoengaño, se intentan convencer de verdad de que la otra persona ante ellos es la más importante del mundo en ese momento y que lo que dicen es lo más interesante que han oído nunca (como ve, el auto-engaño tiene diversas vertientes positivas). Con ese pensamiento en mente, todo el lenguaje corporal se vuelve carismático, su contacto visual y su conversación transmiten eso, ya que lo que piensas es el manantial del que surge todo el resto.

Eso consigue el efecto casi mágico de encantar al otro. Por eso en presencia de los que proyectan ese carisma muchos salen como si hubieran sido hechizados, porque se han sentido lo más especial del mundo y no hay mejor “droga” que esa para un ser humano.

Por hoy, vamos a dejarlo aquí. Es importante que comprendiéramos el carisma, para qué sirve y las dos clases que hay. En la próxima entrega dentro de un par de días, veremos cómo multiplicar este carisma en cualquier situación.

Hasta entonces, repase bien esto y empecemos sobre todo por tener una presencia, por integrar bien ese carisma pasivo o carisma de monje zen, practicando la presencia y el centrarnos en el otro como si fuera lo más importante del mundo. Sólo con eso, ya estaremos por encima de la gran mayoría de personas.