Al parecer, el artículo sobre los 7 motivos de fracaso de un negocio tocó cierta fibra. Es un tema tabú y se venden más libros hablando de ideas, pasión y emprendimiento, pero el fracaso interesa, porque es una realidad.

Y dentro de ese tema hay otro gran aspecto que no se suele tocar, el miedo al fracaso.

Otra de esas cosas de las que apenas se habla, porque todos esos emprendedores modelo parecen adictos al riesgo, imperturbables ante el posible fracaso, parecen no temerlo, sino todo contrario, lo miran a la cara y lo desafían.

Pura pose, pura publicidad.

Yo, tú, todos, tenemos miedo al fracaso. Y por eso he aquí como superar dicho miedo al fracaso.

Como siempre, esto no consiste en frases vacías de autoayuda, porque uno intenta leer lo que hay sobre el tema y se vuelve igual que fue, con un par de frases que suenan bien, pero que no apagan esa sensación en la boca del estómago, ni el vértigo ante el salto sin red que es emprender.

Por eso, veamos lo que me ha funcionado en la práctica para superar el miedo al fracaso pero, antes, unas palabras breves para saber bien de qué hablamos y dejarnos de tanto mito y tanto sinsentido sobre el miedo a fracasar.

Todos tenemos un horrible miedo al fracaso… y eso es bueno

Esta es la parte en la que a lo mejor debería decir que yo no tengo miedo al fracaso, o que lo he superado totalmente y me enfrento sin vacilación, pues no, nada más lejos de la realidad.

Sigo sintiendo un miedo aterrador a arriesgar en las jugadas y eso es bueno y sano.

Porque el miedo tiene una función y una utilidad, mantenernos «vivos» como sea, lo cual me parece un propósito muy loable.

¿Alguien no tiene miedo al fracaso? Está mintiendo, trata de vendernos algo, no está bien de la cabeza o las tres cosas a la vez.

El problema viene cuando el miedo se extralimita en sus funciones, crece demasiado y pasa de protegernos a impedirnos hacer nada. En ese caso, hay que pararle los pies y ponerlo en su sitio.

Muchas veces, emprender es un barranco que hay que saltar. Con demasiado miedo caminaremos en vez de correr, no tomaremos suficiente impulso y nos quedaremos a medio precipicio en el aire, como uno de esos personajes de dibujos animados que termina cayendo y desaparece en una nube de humo.

Cómo superar el miedo al fracaso, paso a paso.

Para superar el miedo al fracaso, o mejor dicho, disminuir su influencia y que no nos impida nada, siga estos pasos.

Paso 1. Poner la red para el salto

Lo primero para superar el miedo al fracaso es quitarle poder, pero poder de verdad, del que ejerce en el mundo físico. Si emprender, o arriesgar, es un salto sin red, lo primero para superar el miedo al fracaso es poner esa red.

Al menos una que, aunque no nos libre completamente del golpe, lo amortigüe. Que el fracaso nos deje heridos va a ser inevitable, pero que nos deje totalmente muertos o incapacitados para volver a intentarlo otr avez puede ser, en muchos casos, una opción.

Poner la red para el salto significa pensar en un plan de contingencia, un plan de salida, un plan que nos diga exactamente qué vamos a hacer y cómo vamos a salvar los muebles en caso de que fracasemos.

Meterse en lo desconocido sin una puerta de huida es un suicidio. Por eso debemos responder a la pregunta:

«¿Qué vamos a hacer si sale mal?».

Si por lo que sea no hay plan de salida que nos permita no salir gravemente heridos, quizá sea una señal de que estamos asumiendo un riesgo más grande del que podemos permitirnos.

He visto familias rotas y conflictos francamente desagradables por culpa de no medir el riesgo emprendiendo y no poner una red. No podemos dejarnos llevar por los cantos de sirena por muy bien que suenen, porque solo llevan a las rocas.

En la práctica esta red de seguridad o plan de salida, significa tener bien atadas y claras dos cosas:

  • Dinero. Debemos tener una visión clara del dinero que se va a arriesgar. Cuando se trata del propio, arriesgar solo el que se esté dispuesto a perder y cuando se trata del ajeno, tener muy en cuenta el segundo punto.
  • Implicaciones legales. Tenemos que blindarnos legalmente ante las consecuencias de un fracaso monetario.

Si somos autónomos, por ejemplo, seguramente queramos crear una Sociedad de Responsabilidad Limitada y no responder con nuestro dinero presente y futuro de manera ilimitada, poniendo en riesgo incluso el del posible cónyuge.

El dinero se puede ganar y perder, de hecho es un concepto que, en realidad, ni siquiera existe hablando estrictamente, pero el miedo al fracaso es el miedo a perder ese dinero muchas veces. De hecho, para ser un concepto inexistente, es increíble el efecto y el daño que ejerce.

Hasta que la red no esté bien atada y tengamos claras las respuestas a esas preguntas, no superaremos el miedo al fracaso de manera real y tangible.

Paso 2. Cómo superar el miedo al fracaso con una técnica de más de dos mil años

Los filósofos estoicos de la Grecia antigua dieron la receta para superar el miedo al fracaso: El premeditatio malorum.

El término es antiguo, pero sencillo, básicamente significa ponerse en los peores escenarios posibles y ver qué puede suceder en cada uno.

Nadie quiere hacer eso, lo sé, emprender es muchas veces el cuento de la lechera en el que nos hacemos ilusiones. De hecho, se mira mal al que viene diciendo que las cosas pueden salir mal. Pero lo cierto es que los paranoicos sobreviven y hay una razón de peso por la que querremos hacer eso, ya que nos vacunamos contra el arma más poderosa del miedo al fracaso.

Lo que Napoleón enseña sobre el miedo al fracaso

El miedo siempre suele tener raíz en la incertidumbre, por eso, cuanta más certeza tengamos de la situación y las consecuencias negativas, más disminuiremos ese miedo. Si sabemos a qué nos enfrentamos y qué es lo peor que puede pasar, podremos poner medidas. Pero si lo desconocemos, nos golpeará por sorpresa en el peor momento.

Muchas veces, los golpes hacen mucho más daño por inesperados que por fuertes. Tenemos que quitarles ese factor sorpresa y tenemos que mirar cara a cara al miedo al fracaso, para ver qué hay de verdad y qué de imaginación exagerada.

Siempre recuerdo lo que me contaron hace mucho de las batallas napoleónicas. De cuál era el momento más peligroso para los generales, aquel en el que muchas tropas perdían la moral, se desbandaban y provocaban la derrota. Era el momento en el que esos generales experimentaban más miedo al fracaso.

Las batallas, todo un ritual entonces, comenzaban con un bombardeo de artillería que producía un efecto peculiar, llenaba el campo de batalla de humo espeso y la visibilidad se perdía. En ese contexto, al terminar el rugir de los cañones, se ordenaba avanzar a las tropas, que lo hacían en un terreno en el que apenas veían, en el que tenían que confiar en el plan (¿suena familiar?), en el que oían gritos y sonidos y disparos sin saber quién era o qué pasaba. La imaginación corría libre y muchos soldados empezaban a vacilar, poniendo en peligro la integridad de las formaciones y la batalla.

Y entonces, si no habían huido o perdido la disciplina en ese momento crucial, chocaban con el enemigo y comenzaba el cuerpo a cuerpo. Curiosamente, en ese momento, cuando el enemigo estaba claro y delante, había menos riesgo de huida y derrota. Entonces ya podías hacer algo más que avanzar a ciegas en un contexto aterrador, podías defenderte, podías actuar, podías hacer aquello para lo que te habían adiestrado.

No sé hasta qué punto es real la historia, pero no importa, porque sí es muy ilustrativa.

Con cualquier clase de miedo, incluyendo el miedo al fracaso, es igual. La incertidumbre es la gasolina del temor. Hace que la imaginación llene los vacíos y, espoleada por el miedo, la imaginación siempre va a crear escenarios que suelen ser mucho peores que la realidad en la mayoría de casos.

No hay que subestimar el talento de la imaginación para pintar horrores en los huecos que le deja el desconocimiento. Por eso no hay que dejar que la imaginación tome las riendas.

Por eso esta táctica del *Premeditatio malorum**, de ponernos en los peores escenarios, visibilizarlos y determinar qué vamos a hacer en cada caso. De veras que es fundamental para superar el miedo al fracaso, reduciendo una vez más su tamaño y poder.

Además, también nos va a servir para ver si nos estamos introduciendo en un escenario que no podemos ganar, en cuyo caso, el movimiento inteligente es no dar el paso.

Paso 3. Construir una estructura de antifragilidad

Todo lo que estamos viendo es, de una manera u otra, una pieza para construir una estructura fuerte en nuestra empresa o proyecto. Porque al miedo al fracaso, en el mundo real, se le vence minimizando las probabilidades de que ocurra.

La antifragilidad es un concepto acuñado por el autor Nassim Taleb. Ponernos en una situación de antifragilidad es similar al de colocarnos en una posición de fortaleza. En realidad, no es lo mismo y tiene otras implicaciones, pero en general implica cosas como las de no invertir todo a una carta. Si ponemos todos los huevos en la misma cesta y la perdemos, ya no podremos hacer nada más nunca.

Con esa premisa, no podremos superar el miedo al fracaso. En realidad, el concepto de antifragilidad permea todos y cada uno de estos pasos, pero para este en concreto implica que, en la práctica, analizamos nuestros puntos débiles y los reforzamos en la medida de lo posible.

¿Por dónde es más probable que nos rompamos antes? ¿Nos vamos a quedar sin dinero? ¿Es el talento que hemos contratado lo que nos limita? ¿Nos falta personal? ¿No nos estamos promocionando suficiente?

Con un análisis honesto, uno puede detectar sus puntos débiles, por mucho que duela a veces y que nos los neguemos. Una lista de esos puntos débiles y de cuál sería la solución a cada uno de ellos debería ser el producto final de este paso para superar el miedo al fracaso.

Y ejecutar las soluciones, claro.

Paso 4. Minimizar las probabilidades de fracaso explorando el terreno

De nuevo, este es un paso para esa posición de antifragilidad. Eso implica, en la medida de lo posible, no hacer apuestas a ciegas.

Muchos emprendedores emplean una enorme cantidad de tiempo, dinero y cordura en crear el «producto perfecto», pero luego llegan al mercado y nadie lo quiere.

Eso suele ser consecuencia de no haber explorado dicho mercado. De habernos pasado el tiempo planificando en nuestra imaginación, metidos en nuestra torre de marfil y sin haber tomado el pulso real a nuestros futuros clientes.

¿Cuál es la solución? Realizar pruebas limitadas. Meter el dedo del pie en el agua antes de zambullirnos de cabeza.

De esa manera conseguiremos dos cosas:

  • Saber si lo que proponemos despierta un interés.
  • Minimizar las probabilidades de fallar y, por tanto, superar el miedo al fracaso, al ser este menos probable.

La suerte que tenemos es que, hoy día, podemos pulsar ese interés del mercado sin salir de casa. Con un poco de dinero podemos calibrar el interés que hay por lo que hacemos a través de:

  • Volúmenes de búsquedas en Internet.
  • Anuncios de pago por clic en esos buscadores.
  • Anuncios en otros medios y redes sociales, como Facebook Ads.

Hacemos una web rápida sobre el producto o tema, ponemos unos anuncios, vemos si se pinchan en una cantidad suficiente (lo que demuestra interés) y pedimos que, si están interesados, contacten, por ejemplo.

He tenido productos que pensaba que iban a ser un éxito, pero en las pruebas no conseguía nada. Otros, en cambio, funcionaban solos.

Vivimos un momento en el que podemos hacer esas pruebas limitadas con más fácilidad que nunca, aprovechémoslo. Si vemos que hay respuesta, vamos a superar el miedo al fracaso mucho más fácilmente, porque este es menos probable si la prueba sale bien.

Paso 5. Cuida el lado mental. Desconecta y usa cualquier técnica psicológica o de relajación para superar tu miedo al fracaso

Nunca lo vamos a reducir a cero y hay personalidades más propensas que otras a dejarse embargar por ese miedo. Gran parte de cómo superar el miedo al fracaso es un asunto psicológico. Pero yo no soy psicólogo y cada uno es un mundo.

Si el miedo al fracaso es patológico y nos inmoviliza, debemos buscar la ayuda de un profesional. Eso está claro. Para el resto de casos es normal y cada uno tiene sus técnicas psicológicas que le ayudan a superarlo.

En mi caso, lo que funciona es desconectar. Recordarme que la vida es algo más que los negocios. Hay a quien le funciona meditar, o emplear técnicas de relajación. Las he probado y funcionan, te hacen más resistente al miedo al fracaso y a otros temores. No soy experto, este no es el lugar y hay sitios y libros de sobra que las explicarán mejor que yo.

Es cuestión de probar y quedarnos con la que mejor funcione en nuestro caso.

Además de eso, este no es mi único proyecto. Si fracasa, puedo seguir adelante y no me consume todos los días. Me oxigeno con otras iniciativas personales y profesionales, lo que, de paso, profundiza en esa posición de antifragilidad una vez más.

No me importa si es el yoga, el deporte, el mindfulness o lo que sea. Emprender es un juego mental en buena parte y debemos cuidar esa vertiente.

Para lo práctico, ya están los 4 pasos anteriores sobre cómo superar el miedo al fracaso. De veras que funcionan, aunque solo sea porque lo reducen y tememos menos a lo que es más pequeño que nosotros.

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