marketing-directo
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Hace poco que la conocida de una conocida ha montado un negocio. Como la mayoría de emprendedores, ella sabe mucho de lo suyo, venta de ropa, pero por desgracia eso es insuficiente hoy día a la hora de crear una empresa. Sobre todo si estás sola como ella, no basta con ser buena en tu trabajo, has de saber de gestión, de finanzas básicas y, sobre todo, de marketing.

Porque el marketing es lo que trae las ventas y es en el marketing donde los nuevos emprendedores andan especialmente perdidos. Saben que tienen que «hacerlo», pero no saben por dónde empezar, así que intentan copiar como pueden cosas que han visto u oído, cosas que la sabiduría popular repite.

Así pues, la intención de esta emprendedora era la de «promocionar su marca», el nombre de la tienda, dejar por ahí folletos y poner algún anuncio para que a la gente le empezara a sonar su nombre. Así en general. Y así suele ser el marketing de la mayoría de pequeños emprendedores, que desgraciadamente no podría ser más erróneo.

Cuando un nuevo emprendedor me pregunta «qué marketing debe hacer», siempre le respondo lo mismo: marketing directo.

Porque el enfoque de extender el conocimiento de la marca, el nombre o como se quiera llamar es un marketing indirecto, que busca hacerse un hueco en la mente del consumidor. Pero eso sólo funciona cuando tenemos mucho presupuesto para marketing, cuando somos Coca-Cola y similares, jugando además un juego de largo plazo con poder para estar en todas partes.

Si no lo somos, ni tenemos sus presupuestos astronómicos, copiar eso no causa ningún impacto reseñable y sólo conseguimos que nuestros folletos acaben en la basura y nuestro nombre, o marca, termine olvidado al instante.

En un marketing directo lo que queremos es que el destinatario realice una acción concreta (que nos visite, nos compre, nos conceda una entrevista personal…) y para ello se lo pedimos claramente y le proporcionamos un incentivo en nuestro material de marketing.

Si el destinatario hace lo que deseamos hemos tenido éxito, si no, no. Es así de sencillo y, sobre todo, es así de útil para el pequeño emprendedor, porque puede medir el resultado, algo imprescindible en todo marketing, pero especialmente cuando tenemos poco presupuesto.

En vez de algo difuso, como «extender el conocimiento de la marca», que no sabremos realmente si funciona, en el marketing directo planteamos un incentivo, hacemos una llamada a la acción y medimos si han ejecutado esa acción lo suficiente como para haber sido rentables. Si no ha sido así, probamos otra cosa. Y si ha sido así, enhorabuena, ahora podemos probar otra variación a menor escala a ver si conseguimos resultados aún mejores.

El marketing, al final, es una cuestión básica de probar y medir, porque nadie sabe de antemano lo que va a funcionar. Por eso es necesario un enfoque directo, porque como pequeños emprendedores no podemos permitirnos el lujo de no medir y no saber qué está funcionando.

Cuando no tenemos mucho tiempo ni dinero, lo primordial es encontrar lo que nos resulta efectivo y hacer más de eso. Sólo lo vamos a conseguir si nos centramos en acciones directas, que busquen una respuesta del cliente a corto plazo.

Si enfocamos el marketing como las grandes empresas, de un modo indirecto y a la larga, tendremos que cerrar antes de haber causado un mínimo impacto que repercuta en las ventas.

Es fundamental que un pequeño emprendedor domine el marketing directo, cómo se hace, qué ha de tener en cuenta, cómo planificar una campaña. De hecho, y para ello, aquí se puede descargar un libro gratuito sobre marketing directo de Soluciones Páginas Amarillas. Léalo y, sobre todo, aplíquelo.