He aquí una de esas cosas que nunca se dicen sobre ser emprendedor y tener una empresa. Habitualmente se pone toda la importancia en el «juego externo» de la gestión: es decir, la contabilidad, el marketing, la producción, los procesos… Pero la realidad es que, especialmente cuando eres un pequeño emprendedor, gran parte de este «juego» de tener un negocio es «interno», es mental.

Me explico.

La parte más importante de una pequeña y mediana empresa es el emprendedor. Es el alma verdadera de la iniciativa y la realidad es que, si él falla, todo lo demás empieza a fallar.

Y muchos emprendedores tienen el conocimiento necesario sobre lo que hacen, pero aún así se falla por cuestiones de:

  1. Mentalidad.
  2. Motivación.
  3. Gestión y productividad personal.

Porque esos son campos que apenas se tocan. Todos los libros y enseñanzas sobre empresa, para que funcione lo que allí dicen, asumen que el emprendedor está equilibrado, motivado y es lo bastante productivo para poner en marcha lo que se les dice.

Pero eso es mucho asumir.

Muchos emprendedores no lo consiguen porque aunque controlan el juego externo (conocimientos) no dominan el juego interno, es decir, a ellos mismos, a cómo están, qué mentalidad tienen y cómo se sienten por dentro.

Especialmente, muchos adolecen una mentalidad de emprendedor, que parece una especie de característica mágica intangible, pero que se reduce a:

  1. Pensar con la perspectiva de un emprendedor en vez de con la de un trabajador a sueldo.
  2. Ver las cosas que suceden con esa misma perspectiva de emprendedor.

Por ejemplo, un emprendedor ve su empresa como una inversión, es decir, como algo en lo que hay que poner dinero y recursos para obtener beneficio a largo plazo, porque así funcionan las cosas en el mundo real. Sueles recibir proporcionalmente a lo que pongas y no puedes esperar recoger una gran cosecha cuando estás plantando dos semillas.

Sin embargo muchos esperan que, por arte de magia, la gente vaya a venir y comprarles incluso cuando no hacen casi nada por promocionarse o lo hacen sólo cuando las cosas van mal (y como no tienen resultados inmediatos, abandonan enseguida).

Un emprendedor comprende que, en la mayoría de situaciones, uno no puede esperar plantar un día y cosechar al siguiente.

Igualmente un emprendedor de verdad tiene una visión de profesional sobre lo que hace. Esto significa que no se toma las cosas personalmente (al menos no siempre, no voy a negar que esto es muy complicado) y tiene la capacidad de resistir ante la adversidad.

Y esta última es la característica más importante.

Cuál es la cualidad más importante del emprendedor

Ni el talento, ni la inteligencia, ni el carisma, ni el dinero… Todo eso está sobrevalorado. Es la resistencia ante la adversidad la cualidad fundamental, lo que pasa es que, muchas veces, las otras características tienen mucho más glamour y ejercen una mayor atracción.

Aunque todos sepamos la moraleja de la historia de la liebre y la tortuga, lo cierto es que la tortuga parece aburrida, no llama la atención y resulta poco destacable cuando la miras. Pero la tortuga es la que perdura, porque una empresa es un juego a largo plazo.

No le voy a negar que la mentalidad de emprendedor es algo que se cultiva y se forma con el tiempo. Hay quien la tiene más asentada desde el principio, pero para muchos, la educación y el mercado laboral consigue programarlos de otra manera durante sus años previos a crear una empresa.

Nos inculcan la aversión al riesgo, la noción de ser trabajadores que intercambian tiempo por dinero, con la búsqueda de la seguridad por encima de todo… Yo era uno de esos y, he de reconocer que aún lo sigo siendo en algunos aspectos, pues cuesta mucho desprogramarse.

En los otros dos aspectos: motivación y productividad personal, sí se puede hacer algo más rápidamente. Ya he hablado en otros materiales de ellas. Considero a la motivación algo imprescindible y a la productividad personal el mayor acelerador posible de resultados, aunque, como siempre pasa, es el gran ignorado.

Para tener una motivación intrínseca la mayor parte del tiempo la única solución a largo plazo es dedicarnos a algo que nos apasione. Por mucho que parezca que he intentado quitarle importancia a dicha pasión en otros materiales, eso no es así. Simplemente suelo resaltar que no es suficiente, pero es imprescindible.

Me gustaría darle algún truco mágico para que esté siempre motivado, pero lo cierto es que el truco mágico es ese: haga algo que ame, porque así los días negros sólo serán grises y los días grises tendrán algún rayo de sol entre las nubes.

No hay otra manera y, ya se lo anticipo, el dinero no es motivador suficiente. Es algo que descubrí a las malas, además de que también es algo corroborado a menudo por estudios en este campo.

En cuanto a la productividad, he dedicado un libro entero a revelar lo que me ha funcionado, de veras que se lo recomiendo, pero si no lo conoce o está empezando, entonces que sean estos sus dos primeros pasos.

Paso 1) Haga lo más importante lo primero por la mañana.

Paso 2) Planifique su jornada de trabajo el día anterior.

Si no empieza por lo más importante y no tiene claro lo que tiene que hacer ANTES de llegar a la oficina, le aseguro que el día va a comenzar descarrilado y no va a haber manera de encauzarlo en la dirección adecuada.

Dé esos dos simples pasos y ya estará en ruta para ser más productivo que la mayoría.