Esta ha sido una semana ocupada y cuando me he sentado a escribir esto he visto que no tenía a mano mis notas y enlaces sobre temas que tratar (cosas de no tener 100% perfeccionado aún el poder trabajar desde cualquier lugar y con toda la información accesible).
A los pocos minutos un par de cosas interesantes han surgido en mi cabeza, pero no acababan de encajarme, así que he ido a buscar inspiración leyendo webs y blogs de personas a las que suelo seguir.
Por experiencia las ideas surgen a raíz de otras ideas, por eso cuando no afloran fácilmente busco inspiración en los mejores sitios.
La cuestión es que la chispa ha saltado, y lo ha hecho de la forma más curiosa e inesperada (como suelen surgir las mejores ideas).
Si es asiduo de este blog sabrá que uno de esos a los que sigo normalmente es Seth Godin.
No sólo es un experto en Marketing, sino que es un MAESTRO comunicando y articulando ideas de manera sencilla y clara. Y es que, por mi experiencia, muchas veces no es necesario descubrir la mayor de las verdades, sino expresarla un poco mejor que los demás (poderoso secreto de Marketing, pero ese no es el tema ahora).
Estaba leyendo precisamente una entrada de su blog respecto a una broma que iba a gastar para el April’s Fool (el 1 de abril es para los anglosajones lo que el día de los Inocentes para España), era algo sobre Twitter y el Dalai Lama, pero como ha creído que no era como para tirar cohetes, ha decidido no publicarlo.
Lo creamos o no esa anécdota no relacionada con el Marketing o la Estrategia encierra una de las mentalidades más importantes a tener como emprendedores, si es que queremos algún resultado.

Ya he hablado de ella alguna vez, pero es tan importante que siempre recomiendo tenerla bien asentada en nuestra manera de pensar y de actuar.
La mentalidad consiste en que si no estamos aquí para poner lo mejor posible, y correr veinte metros donde los demás corren diecinueve, mejor que no estemos.

La mayoría de emprendedores que he visto con iniciativas líderes que han soportado el tiempo y los malos momentos se basaban en esa mentalidad. En sus productos y servicios siempre se esforzaban por dar un paso más donde el resto se paraba.
Nadie quiere comprar a los mediocres, a los que ofrecen lo mismo, a los que no se esfuerzan por poner en el mercado algo diferente y que, de algún modo llegue más lejos.
Godin pensó que podía publicar una broma mediocre o no publicar nada, y ha preferido no publicar nada. Si iba a ser mediocre, mejor no ponerse a ello.
Esa es una manera de pensar poderosa.
Todo emprendedor que se encuentra arriba es porque no se conforma en dar lo mismo que el resto. No se conforma con hacer un producto como el de los otros, no se conforma con dar ese discurso para salir del paso, ni hacer esa propuesta de venta sin dar el 100%, y luego un 10% más.
Ahora: esto es muy diferente de la "mentalidad de la perfección", y confundir esas dos cosas puede ser muy peligroso.
La mentalidad de la perfección se basa en que "todo tiene que estar perfecto para poder ponerse en marcha".
Con ese modo de pensar nunca pondremos nada en marcha porque nada va a ser perfecto.
Esperar a que el sistema no tenga ningún fallo, esperar a que la economía esté mejor, esperar a que el software de contabilidad esté bien instalado y sepamos manejarlo para empezar a vender… esa clase de mentalidad es como la obra "Esperando a Godot" (por cierto si no la ha visto siento chafarle el final, pero Godot nunca llega y los personajes no hacen nada más que esperar).
Los emprendedores que he conocido y a los que admiro (y no me refiero a presidentes de multinacionales, sino a emprendedores anónimos, que no aparecen en las listas de millonarios) tienen la mentalidad de salir a la acción cuanto antes, con todas sus imperfecciones pero con la seguridad de que tienen algo que marca la diferencia y van a dar el 110%.
Siempre habrá fallos, críticas y desastres, el momento perfecto nunca llega, pero es peor estar al otro lado, ese donde muchos emprendedores eligen el camino de "ser uno más", de competir con la filosofía del "yo también". Yo también soy un contable igual que este, yo también vendo lo mismo que los otros…
Cuando vendemos lo mismo que los demás somos una gota en el océano y nadie nos ve, y es que si no estamos dispuestos a salir ahí y marcar la diferencia, la verdad es que no merece la pena molestarse.

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