La habilidad más Crítica como emprendedores

Estas dos últimas semanas he tenido que desenfundar una de las habilidades más críticas que he adquirido como emprendedor y que pienso que es fundamental, especialmente cuando estás empezando o eres una pequeña empresa.

Es una habilidad que durante mucho tiempo ha supuesto un quebradero de cabeza personal y, aún de vez en cuando, sigue siéndolo (de hecho hay veces que no sé si la llegaré a dominar del todo… supongo que no y lo acepto).

Porque estas dos semanas han sido la culminación de un proyecto importante en el que estaba trabajando desde bastante antes del verano y que se ha probado de manera limitada sólo con un grupo de clientes. Se trataba de algo tan nuevo que muchas cosas que no se hacían antes se han tenido que poner en marcha.
Eso implica cosas como Internet y tecnología, con su querida tendencia a dejar de funcionar cuando más se las necesita, y también probar nuevas formas de Marketing y comunicación en las que se tenía poca práctica, lo que suponía que hacer hasta la cosa más simple costaba bastante tiempo.
Con el tiempo encima y 15 días por delante para terminar todo llegaba la hora de poner esa habilidad crítica al mando.

Se llama clavar la mirada en el objetivo como si fuera la vida en ello y PRIORIZAR, aunque también se la conoce como "saber decir que no"

Si somos pequeños emprendedores pocas veces vamos a tener mejor aliado, porque nunca tenemos el presupuesto, el tiempo, el personal y las fuerzas para abarcarlo todo.

¿Ha tenido alguna vez uno de esos días en los que se ha liado totalmente con millones de tareas que le han dejado exhausto pero al acabar el día la sensación general es que no ha avanzado ni un paso?

Nos ocurre a todos y es realmente odioso, forma parte de no saber decir que no y caer ante la primera tentación que pasa por delante. 

El avisador de e-mail reclama la atención, alguien se ha conectado al MSN y no podemos pasar sin saludar al menos, perdemos horas navegando por la red, hemos empleado 40 minutos en contestar al correo a un posible cliente que sabemos que no podrá ser y que, aunque lo fuera, apenas nos traería rentabilidad alguna, o bien suena el teléfono y nos enredamos con una conversacion interminable.

Tantas distracciones… y mientras tanto los proyectos importantes y los clientes que de verdad son rentables y nos podrían dar más siguen a un lado, aparcados y "cogiendo polvo". 

Sólo mirarlos nos causa tanta pereza que los dejamos para "un poco más adelante" (que no llega nunca). 

En realidad sí que estamos diciendo que no, pero a lo realmente importante, mientras que decimos que sí a millones de pequeñas cosas que no nos van a traer rendimiento alguno (pero sí mucho cansancio y con el tiempo acabar hartos de "trabajar" para no obtener nada).

Una de las bendiciones que tenemos como emprendedores es que nadie nos dice lo que tenemos que hacer, nosotros marcamos el camino a nuestra manera. Pero esa bendición de que nadie esté mirando lo que hacemos por encima del hombro también se puede convertir en nuestro peor enemigo. 

Una vez escuché que cierto estudio del que no recuerdo el nombre (siempre hay un estudio) concluía que el tiempo útil de trabajo en una jornada laboral, el que daba resultados y adelantaba cosas importantes, era apenas unos minutos… de hecho 20. 

Me resisto a creer que sea así, la verdad, tiene que ser más, pero es cierto que si eres un emprendedor la gestión de nuestro tiempo y nuestro trabajo puede ser un problema.

Siempre he abogado por la táctica de hacer un compromiso público ante alguien que nos importa sobre nuestros objetivos (quienes lleven tiempo en el boletín recordarán que a principio de año se hizo precisamente con los miembros de este boletín).

No funciona el 100% pero es una de las técnicas más efectivas posibles… (sino la que más).

Con este proyecto para algunos clientes sentir el aguijón de que había que cumplir el compromiso y no valían excusas ha resultado como una cuchilla que ha cortado a través de la confusión y las distracciones. 

Han surgido múltiples inconvenientes (como siempre ocurre) e incluso las distracciones han redoblado su habilidad para "atacar", por ejemplo con algunas propuestas muy interesantes a las que, por desgracia, ha habido que decir que no y con otras tales como "deberías ponerte en contacto con… de veras que te conviene" que se han tenido que aplazar al menos hasta el mes que viene.

Estos 15 días han sido toda una revelación y un enorme avance cuando se ha tratado de seleccionar lo verdaderamente importante (el proyecto principal y los clientes principales) y dejar de lado casi todo lo demás.

Pocas veces había resuelto tantos problemas, puesto en marcha tantas cosas nuevas y resultado más rentable.

Estoy seguro de que en su caso también hay un grupo de clientes y uno o dos proyectos que son los que, realmente y si se llevan a cabo, pueden marcar la diferencia en lo que queda de año si se completan.

Viendo los resultados (que han superado las expectativas de largo…) mi propuesta es que haga lo mismo que estos 15 días pasados. 

Haga una lista de todas las distracciones y pequeñas cosas que le llevan de un lado para otro cada día y no nos proporcionan rentabilidad, téngala a mano cada día para que cuando las distracciones susurren sepamos decir NO, identifíquelas bien y a todas y si está a punto de hacer algo que hay en esa lista PARE.

Luego identifique qué parte de su iniciativa (qué producto, qué servicio o qué proyecto) son los verdaderamente rentables, haga otra lista y propóngase que, no importa lo que ocurra, el 80 % de la jornada van a estar dedicados a ellos, con Internet apagado y el teléfono descolgado.

Después vea cuáles son sus mejores clientes y piense qué cosa nueva de aquí al final de año podría ofrecerles para resolver mejor sus problemas, mejor que pensar es llamarles o visitarles y preguntarles. Añadamos las respuestas a los proyectos rentables del párrafo anterior.

Es increíble lo que sólo eliminar las distracciones y centrarse en lo importante ha conseguido en lo personal estos 15 días, si lo prueba estoy seguro de tendrá un cambio similar.

Es más, eso que es tan importante y que tanto nos cuesta a la hora de ponernos parece mucho más difícil en nuestra mente de lo que luego resulta cuando nos ponemos.

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