Hay ocasiones en que uno va "tropezando" con pequeñas coincidencias y hechos que acaban resultando en uno de esos raros momentos de claridad total… en esos momentos merece la pena compartir conclusiones y una historia interesante… que además tiene mucho que ver con nosotros como emprendedores.

Y sí, va de James Bond.

James Bond Stockdale era un oficial de la marina estadounidense que durante la guerra del Vietnam fue derribado de su avión por fuego antiaéreo y capturado como prisionero. Fueron 7 años en el campamento de Hoa Lo hasta que el coraje de su esposa que emprendió una serie de acciones e iniciativas y la propia fe de Bond Stockdale para resistir (con ciertos pasajes francamente sorprendentes) lograron su liberación.

¿Y qué tiene que ver una historia bélica con una empresa? No es el trasfondo militar sino el personal lo importante y cómo los puntos se unen de manera curiosa. Jim Collins escribió un libro titulado "Good to Great" (en España traducido como "Empresas que sobresalen", muy recomendable).

Ese libro está dedicado a analizar tras un arduo y enorme estudio qué factores hacen que una empresa buena pase a ser una empresa realmente excelente…

Una característica de dichas empresas es lo que él llamó la "paradoja de Stockdale". Stockdale concluyó lo siguiente de su horrible experiencia: "Nunca perdí la fe en el final de la historia, nunca dudé de que no sólo saldría de ahí sino que al final prevalecería y que ese hecho se convertiría en el evento que definiría mi vida."

Jim Collins en "Good to Great" concluye que toda empresa que al final se convierte en excelente abraza y practica la paradoja de Stockdale , es decir, que:

1.- Por una parte tiene fe total en que al final prevalecerá, especialmente cuando los tiempos son duros (es un recurso imprescindible como emprendedor sin él no conseguiremos nada)

2.- Pero a la vez eso no le impide afrontar los hechos incómodos (y actuar) cuando la situación no va bien.

La primera parte es necesaria cuando te mueves en un camino de incertidumbre como es tener una iniciativa propia, la segunda, aunque es un proceso doloroso, es fundamental si no quieres quedarte solo gritando en medio del desierto.

Y sí, es cierto, son dos características nada fáciles de cultivar, de hecho son tan raras que parecen patrimonio de alguna clase de super-persona. Quizá por eso los casos de empresas realmente grandes son tan escasos.

¿Y por qué es tan escaso esto? Probablemente por nuestra naturaleza como seres humanos.

La fe en uno mismo y a la vez la capacidad de afrontar que cuando la cosa no va bien es hora de modificar algo y adaptarnos (en vez de defendernos y echar las culpas fuera) es algo que, como se ha dicho ya, duele, y lo que agrava todo aún más, es algo que no tiene recompensa inmediata.

Somos personas, a todos nos gustaría disfrutar de estos preciosos días de primavera todo el rato o ver cómo lo que hacemos es apreciado por el 100% de la gente sin excepción, por eso cuando se juntan esas dos cosas, el dolor y la ausencia de recompensa inmediata, la enorme mayoría de gente opta por cambiar de camino o enrocarse y defenderse en su situación, sin modificar nada, hasta que no puede más y cae.

Poco después de repasar los pasajes de "Good to Great" y la historia de ese particular James Bond pasé por delante de una frutería que había abierto cerca hacía apenas poco más de una semana, recuerdo de hecho a los que abrieron haciéndose fotos el primer día ante el local… ahora tiene un cártel de "se traspasa el negocio", apenas 10 o 15 días después de abrir.

Al subir ese mismo día tengo un correo que me cuenta la historia de Sing Wong Hoo, todo un ídolo en Taiwan, fundador de la empresa Creative (crearon y se hicieron enormes gracias a la soundblaster y hoy están entre los líderes en sonido y multimedia relacionado con la informática).

Hoo creó el primer ordenador personal de Singapur, el C99, un avance sin precedentes a nivel nacional. ¿El resultado? Un horrible fracaso, ¿su reacción? Siguió teniendo fe y creó otro producto tecnológico innovador, ¿resultado? Otro horrible fracaso…

Pero volvió a intentarlo y al final creó la tarjeta de sonido Soundblaster ¿resultado? La empresa que posee hoy y un enorme aprendizaje que les hace estar todavía ahí, incluso cuando las cosas siguen sin salir bien siempre.

La paradoja de Stockdale es algo que nos va a acompañar en nuestro camino como emprendedores siempre.

La mayoría de las veces querríamos librarnos de ella, que no fueran así las cosas, pero cuando integramos sus dos elementos en nuestra andadura, entonces nos damos cuenta de muchas cosas… y no sólo sobre tener una empresa y cómo llevarla a buen puerto.

Como emprendedor y más que eso seguro que sabe a lo que me refiero.