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Ser emprendedor, tener un negocio o, simplemente, desarrollar cualquier clase de trabajo, en realidad es una actividad consistente en resolver problemas. Uno tras otro. Cada día nos levantamos y afrontamos desafíos: cómo conseguir ese cliente, cómo desarrollar esa campaña, cómo resolver el tema que ha surgido con ese proveedor (u otro cliente, un empleado o lo que sea…).

Y a veces las cosas no parecen tener fácil solución, nos atascamos en algo. Hoy vamos a ver cómo resolver cualquier problema y aumentar la creatividad para encontrar mejores soluciones, viendo las tácticas 100% prácticas que mejor funcionan (como siempre, basadas en estudios y pruebas reales) y no nos va a costar más que los cinco minutos de leer este material.

Vamos con ellas.

La clave es la distancia

Cuando no hacemos más que dar vueltas a algo sin encontrar la salida, la solución más efectiva es dejar de hacerlo y poner distancia entre nosotros y el problema.

La distancia más sencilla y práctica para poner es la física, lo que implica dejar de hacer lo que estábamos haciendo (al fin y al cabo probablemente sólo servía para aumentar la frustración) e ir a dar una vuelta, descansar en algún lugar que no sea el del problema o, incluso. irnos a casa y dar por terminado el día.

¿No le ha ocurrido que encuentra esa cosa que ha perdido justo cuando deja de buscarla? Con las soluciones a los problemas suele pasar lo mismo, que podemos estar horas con ello ante el ordenador y, probablemente, la idea surgirá cuando estemos sentados en el baño o metidos en la ducha…

Veamos más a fondo esta clave principal.

Avanzar hacia el futuro

Normalmente cuando estamos atascados en un problema solemos oponer fuerza bruta contra él y la situación parece reaccionar empujando con la misma fuerza contra nosotros. No importa la presión que ejerzamos, es como una pared.

Por eso, muchas técnicas que funcionan para resolver problemas se basan en el distanciamiento del que hemos hablado. Aquí concretamente hacemos lo que se llama un distanciamiento cronológico, en este caso avanzando hacia el futuro.

En un estudio de 2004 se hizo que los participantes pensaran sobre sus vidas y cómo serían dentro de un año. Los que lo hicieron dieron más soluciones creativas, y obtuvieron más pistas para resolver problemas, que aquellos a los que se les preguntó lo mismo, pero en referencia a cómo serían sus vidas mañana.

Pensar sobre distancia en el tiempo y en el espacio parece ser un gatillo para que la mente comience a pensar de manera abstracta y, por tanto, creativa.

Aplicación en la práctica

Proyéctese en el futuro, vea la tarea o problema a seis meses, un año vista o incluso diez, e imagine qué ha ocurrido, en qué estado está, probablemente le guíe sobre cómo la ha solventado.

Pero la distancia física no es la única, vamos a ver otra técnica relacionada.

La distancia psicológica

Hemos visto que seguir empujando una pared no funciona, al contrario, de hecho es alejarnos lo que nos da perspectiva, ver las cosas de una manera más amplia o que no habíamos pensado antes, y eso permite que una posible solución fluya.

Tomar un descanso o dar un paseo olvidándonos del tema es sin duda una de las técnicas más recomendables, sin embargo, se ha demostrado que tomar distancia de manera psicológica puede ser tan útil como hacerlo de manera física.

Los participantes de un estudio de 2009 fueron «primados» a pensar en una tarea que iban a resolver como si fuera distante, desconectada de ellos e incluso que se situaba lejana físicamente.

Aquellos que eran primados de esa manera eran capaces de resolver hasta el doble de problemas que aquellos a los que se primaba con una proximidad hacia la tarea.

Aplicación en la práctica

Trate de imaginar que su tarea creativa es distante, alejada y desconectada de usted y de su localización actual. Eso ayuda a poner en marcha una clase de pensamiento superior a la habitual.

Cuando estamos muy implicados y cercanos a algo, nos va a resultar muy difícil tener perspectiva adecuada. Es lo mismo que estar demasiado cerca físicamente de una casa, por mucho que la miremos, no nos vamos a hacer una idea global de cómo es a menos que nos distanciemos.

Al parecer imaginar distancia funciona casi igual de bien que poner distancia real. ¿No le ha ocurrido que cuando tiene un problema al que no encuentra solución, a veces lo habla con un amigo y este le ofrece una solución enseguida que apenas se le habría ocurrido. Ello se debe en parte a que el amigo tiene esta distancia psicológica, esa perspectiva que, liberada de emociones profundas, permite ver todo con mayor claridad y desde maś ángulos.

Para aplicar fácilmente esta técnica en la práctica, piense en el problema como si lo tuviera un amigo o cliente, ¿cómo lo resolvería en ese caso si se lo contaran a usted y no fuera suyo? Póngase en la piel de ese amigo y las soluciones vendrán más fácilmente.

Estas técnicas funcionan y son poderosas, sin embargo, no son las únicas en nuestro arsenal, por eso querremos tener más armas por si estas se encasquillan. Vamos a ver a continuación otra técnica efectiva, que además es muy curiosa.

La estimulación con lo absurdo

Desde el día en que bajamos de los árboles nuestra principal habilidad es encontrar patrones y significado en todo lo que vemos y experimentamos. Es lo que nos distingue del resto de animales, incluso cuando probablemente esa habilidad de ver patrones fuera tan poco halagüeña como ver la unión de un palo, la cabeza de otro que tenía comida y lo que pasaba cuando juntábamos todo eso. Aprendimos lo que ocurría cuando la madera chocaba con el hueso y a partir de ahí desarrollamos patrones mucho más complejos por los cuales somos capaces de saber qué pasos seguir para convertir arena y silicio en super-ordenadores.

Todo esto viene por el hecho de que nuestra mente busca constantemente un significado en lo que vemos y, cuanto más absurda es una situación, obviamente más duro tiene que trabajar en encontrar dicho significado.

Como aparentemente lo absurdo no tiene lógica o causalidad aparente, nuestra mente usa su principal habilidad y fuerza la máquina para encontrar patrones que tengan sentido.

En un estudio de 2009 se comprobó dicho fenómeno. Participantes que leyeron una historia corta absurda de Frank Kafka eran más capaces de resolver problemas o tareas, que implicaban el reconocimiento de un patrón, que aquellos que no habían leído nada.

O lo que es lo mismo en lenguaje sencillo, estar expuestos a algo absurdo servía para que la mente «calentara motores» buscando patrones y funcionara mejor a la hora de resolver algo.

Aplicación en la práctica

Frank Kafka es bastante bueno contando historias que apenas tienen sentido, también el humor de los Monty Python, Gila o Ramón Gómez de la Serna. Esperando a Godot de Beckett o las obras de Buñuel…

La cuestión es, si nos exponemos al absurdo, a lo que parece carente de sentido, nuestra mente se esfuerza y podemos tener más probabilidades de resolver posteriormente un problema. Hoy día, con Internet, no es difícil detenernos un segundo y acceder instantáneamente a un extracto de Kafka, Alicia en el País de las maravillas o un sketch de humor absurdo…

Usar la emoción

Se ha demostrado que un estado emocional positivo incrementa el pensamiento flexible y la resolución de problemas (de hecho así pasaba con unos participantes a los que se primaba con sentimientos y conceptos relacionados con el amor antes de resolver un problema).

Pero, curiosamente, las emociones negativas también tienen este poder.

En un estudio de 2007 sobre 161 empleados, la creatividad se veía incrementada cuando ambas clases de emociones, las positivas y las negativas puntuaban alto dentro de los sujetos del estudio.

Aparentemente usaban el drama típico de todo lugar de trabajo de manera positiva.

Aplicación en la práctica

La más obvia es mejorar nuestro estado de ánimo, desde música que nos guste en unos minutos de descanso hasta ver algo divertido en Internet, charlar con alguien, reírnos o hacer algo que nos guste mucho durante un momento.

Como lo estamos aplicando para nuestro trabajo profesional, es importante tener en cuenta que hacemos esas cosas adrede para que nos ayuden a ser más creativos. Si nos ponemos con algo que nos gusta en medio del horario del trabajo es posible que, si usted es como yo, comience a sentirse culpable porque no está empleando su tiempo en «lo que debería». Para evitar eso es crucial que seamos conscientes de que lo hacemos por una buena causa profesional, encontrar esa solución.

Igualmente suprimir las emociones negativas a la hora de afrontar un problema puede jugar en nuestra contra y gastar mucha energía. Es obvio que, si estamos deprimidos, no vamos a conseguir nada porque nuestra capacidad de resolución de problemas será nula, pero no intentar reprimirnos a la hora de insultar a ese puñetero problema y ponernos manos a la obra con él para machacarlo y quitarlo de en medio, nos puede ayudar a la hora de vencer a ese tema que nos está tocando las narices.

Especialmente ponerse en modo «pelea» contra el problema, parece ser la emoción negativa más efectiva de acuerdo a un estudio de 2008.

Combinar opuestos

En 1996 Rothenberg realizó una serie de entrevistas a 22 premios Nobel de distintas disciplinas (química,medicina, física…) además de a una serie de ganadores del premio Pulitzer y otros artistas.

Y descubrió que la mayoría utilizaban un curioso procedimiento similar en sus trabajos creativos o de búsqueda de soluciones.

Combinar opuestos.

Esta técnica tiene incluso uno de esos nombrescon los que les encanta etiquetar a los profesionales estas cosas:Pensamiento Janusiano, proveniente del dios romano Jano (Janus) y que tenía múltiples rostros.

Se trata de concebir simultáneamente opuestos, ya que las ideas integradoras suelen aflorar de las yuxtaposiciones de contrarios. Dichas ideas no suelen ser obvias durante los procesos de pensamiento normales.

De hecho, el famoso físico Niels Bohr achacaba a esta práctica el haber encontrado la solución a sus teorías de la luz como partícula u onda.

Aplicación en la práctica

Para lo que nos interesa, hagamos oposiciones imposibles, probemos combinaciones ridículas, juntemos los dos extremos.

Recuerdo cuando estaba concibiendo el producto Zen Marketing, que empecé oponiendo los dos extremos posibles, desde un programa completamente automatizado y funcionando por wizards y tutoriales, casi sin participación del usuario, hasta el otro extremo de hacerlo mediante modelos para copiar e imprimir, sin programar un software de por medio.

Lo mejor de dos mundos salió con la yuxtaposición de ambas cosas, parece que, de manera similar a cuando la mente se expone al absurdo, cuando se la expone a conceptos opuestos se esfuerza el doble por encontrar el patrón que conjunta todo y soluciona el tema.

Reconceptualizar

Normalmente, cuando nos exponen a un problema, surgen unas cuantas respuestas rápidas (incluida la respuesta de «no se puede») y cuando nos esforzamos por pensar más a fondo, la mayoría de cosas que surgen no son más que variaciones de esas respuestas rápidas o procesos de pensamiento que vienen a desembocar de nuevo en esas primeras respuestas.

Parece que esas primeras ideas, como la típica de «no se puede» que suele aflorar ante un problema difícil, actúan como una fuerza de gravedad y difícilmente podemos salir de ahí.

Sin embargo, un estudio de 1994 descubrió que los participantes de un experimento a los que se les obligaba a re-concebir y replantear el problema en otros términos o formas, antes de ponerse a resolverlo, acababan produciendo ideas de mayor calidad.

Aplicación en la práctica

Básicamente resulta rentable gastar un poco de tiempo en reformular el problema en distintos términos antes de ponerse a resolverlo.

Cuando un problema aparece ¿estamos seguros de que nos estamos preguntando las cuestiones adecuadas? ¿Estamos seguros de que ese es el problema y no otro? ¿No podemos expresar el problema en otros términos?

Desde resolver problemas cotidianos: como saber qué regalo comprar a alguien, hasta dar con la solución a ese Marketing que se nos resiste, estas técnicas se pueden aplicar en nuestro día a día, y son las que se ha demostrado que mejor funcionan.