Esta semana, en la zona Premium, hablamos de habilidades importantes y necesarias para el día a día de un emprendedor. Si en el anterior artículo tratábamos cómo fomentar la creatividad y resolver problemas, de acuerdo al modo óptimo revelado por la ciencia, aquí vamos a hacer algo parecido. Para empezar, vamos a tratar una habilidad práctica y necesaria para nuestro día a día: decir que no. Para seguir, vamos a optar por el mismo método que la vez anterior, vamos a ver la manera en la que resulta óptimo hacerlo según la ciencia.

¿Está algo sorprendido? Es normal, pero es real, ya ve la cantidad de cosas que se estudian, pero eso no es lo importante. Lo importante es que decir que no es una de las habilidades más importantes para nuestra salud y nuestra productividad.

  • Decir que no a compromisos innecesarios puede darnos el tiempo que necesitamos para recuperarnos y desintoxicarnos de tanto trabajo y ocupación.
  • Decir que no a las distracciones habituales liberará tiempo para las cosas importantes. Y si recordamos, las distracciones son el enemigo más importante de la productividad hoy día. Por eso aquí veremos la manera que se ha probado como más efectiva para decir que no y resistirlas.
  • Decir que no a tentaciones puede ayudarnos a cumplir objetivos y librarnos de problemas.

De hecho, leyendo sobre ciertos emprendedores, me sorprendió cómo bastantes de ellos achacaban algunos de sus fracasos más sonoros a la incapacidad de decir que no.

Decir que no es difícil para todos, pero también una habilidad. Por eso, hay mejores maneras de aplicarlas y hoy vamos a ver la que se ha descubierto que es mejor.

Así obtendrá todos esos beneficios comentados, y alguno más.

Cómo decir que no de la manera más efectiva, según la ciencia

Ya le doy una pista, todo tiene que ver con el lenguaje que usamos y es que el lenguaje es muy poderoso.

En un estudio publicado en el Journal of consumer research, 120 estudiantes fueron divididos en dos grupos. La diferencia entre ambos grupos era el lenguaje que iban a usar para decir que no. El primer grupo diría ”no puedo…”, comparado con el segundo grupo que usaría una afirmación más categórica cuando se les presentara una tentación.

Por ejemplo. Si se les presentaba un helado, el primero grupo debía decir: ”no puedo comer helado”, como forma de enfrentar y rechazar la tentación. Mientras tanto, el segundo grupo debáis decir: ”no como helado”, de la misma manera que podrían decir, ”yo no fumo”.

Ahora, después de usar esas frases, cada estudiante contestó un grupo de preguntas no relacionadas con el estudio. Una vez finalizaron esas preguntas, pensaron que dicho estudio estaba terminado. En realidad, sólo estaba empezando.

Conforme iban saliendo y entregando las preguntas, a cada estudiante se le ofrecía un dulce de regalo, como agradecimiento por participar. Los estudiantes podían elegir entre una chocolatina o una “saludable” barra de cereales. Cuando se marchaban, el investigador anotaba la decisión en su hoja de respuestas. Y esto ocurrió.

Los estudiantes que se dijeron a sí mismos ”no puedo comer X” eligieron la chocolatina el 61% de las veces. Mientras, los que se dijeron: ”no como X” eligieron el chocolate un 36% de las veces. El simple cambio de lenguaje hizo más proclive la elección de una alternativa saludable.

La cosa no se detiene aquí

Queriendo corroborar el poder del lenguaje, los mismos investigadores se plantearon si funcionaba para mantener un hábito, ya sea la concentración en el trabajo, el ejercicio o lo que sea aquello en lo que queramos perseverar, a pesar de distracciones y tentaciones.

En el nuevo estudio, 30 mujeres trabajadores firmaron para un seminario de salud y bienestar. A todas se les pidió que pensaran en sus metas de salud a largo plazo y cuáles eran importantes para ellas. Entonces, las dividieron en tres grupos de 10.

  • Al grupo 1 se le dijo que, siempre que se sintieran tentadas de ”hacer trampas” en sus objetivos y saltarse algo que debieran hacer, simplemente dijeran no. Ya está, sólo no, éste era el grupo de control.
  • Al grupo 2 se le dijo que usara la estrategia de ”no puedo”. No puedo saltarme el entrenamiento hoy, no puedo comer esto o lo otro…
  • Al grupo 3 se le dijo que, cuando se sintieran tentadas, implementaran la estrategia del no que hemos visto al principio y que implica que no eres la clase de persona que hace eso. ”Yo no me pierdo entrenamientos”, ”yo no como esto o lo otro”.

Hay que tener en cuenta que esta manera de usar el lenguaje no era sólo para cuando la tentación es externa y viene de alguien, es el lenguaje interno a usar, con nosotros mismos en nuestro diálogo interior, cuando la tentación o distracción surgiera en nuestra cabeza.

Durante los siguientes 10 días se les controló por email de la siguiente manera. Se les dijo que recibirían dichos correos para recordarles que usaran la estrategia que les tocaba y que reportaran momentos en los que les funcionó o no les funcionó. Si la estrategia en general no les estaba funcionando, podían comentarlo brevemente y podían, también, dejar de responder a los emails de control. Pues bien, esto es lo que ocurrió 10 días después.

  • El grupo 1 de control tuvo a 3 de 10 personas que persistió en sus metas durante los 10 días.
  • El grupo 2, el de ”no puedo”, sólo tuvo 1 de 10 personas que persistió en su meta los 10 días.
  • El grupo 3 tuvo a 8 de 10 personas que persistieron en sus metas.

Es decir, que el cambio en el lenguaje no sólo permitía tomar mejores decisiones, sino que hacía más fácil seguir en la dirección de las metas propuestas a largo plazo.

El poder del lenguaje

Según las palabras que elijamos, nuestra percepción cambia y nuestra fuerza de voluntad también. Decir que tú no fumas o tú no eres ese que se salta entrenamientos da poder, es una decisión propia. Siempre que tomamos decisiones propias ganamos control, nos sentimos poderosos.

Sin embargo decir ”no puedo” no implica decisión, poder, ni control. Es una mera restricción, es algo externo, no es algo que surja de nosotros, es como una especie de prohibición incluso. Y no sólo eso no nos da poder, nos lo arrebata y da poder a lo que no queremos hacer. De hecho, véase como las mujeres del grupo ”no puedo” lo hicieron mucho peor que aquellas que dijeron simplemente no.

Cuando uno no puede, suele ser por algo externo, no por decisión propia. No puedo porque el médico lo ha prohibido, o no puedo porque no es sano para mí, o porque en el seminario me han dicho que no debo… Y eso no funciona.

Ahora ya sabe cómo decir que no de una manera que le da poder. No son sólo palabras, sino que son definiciones de usted mismo. O es la persona que se ve limitada por prohibiciones y por poder o no poder, o es la persona en control, que decide si usted es de los que hace o no hace lo que no quiere hacer.