Fracasa rápido, la lección que todo emprendedor debe aprender

Fracasa rápido

Todo emprendedor necesita fracasar, así que es mejor hacerlo rápido.

No, esto no es un alegato de autoayuda, esto es la realidad pragmática. Si yo le digo que para llegar a ese sitio que nos gusta tenemos que atravesar otros que no, incluso otros que nos van a causar problemas, usted cogerá su mochila y se pondrá en marcha si de verdad quiere lo que hay en su destino. Como decía mi madre y su sabiduría sencilla y poderosa: «Si me han de dar un palo, mejor cuanto antes, porque antes se me pasa».

Lo mismo ocurriría si yo le digo que, necesariamente, va a conseguir una venta cada 10 intentos. Si es así (y es así, aunque desconocemos exactamente el número de intentos en cada caso), usted va a ir rápidamente al encuentro de las 9 negativas que necesita antes de poder llegar al sí.

Las verá como algo necesario, como una etapa necesaria del camino hacia lo que queremos.

Cuando miramos el fracaso de esa manera, y esa es la manera correcta de mirarlo, entonces se nos instala esa mentalidad de fracasar rápido. Porque tras un buen puñado de fracasos (he ahí la «gracia», no sabemos cuántos) algún éxito aparece.

De esa manera no intentamos evitar el fracaso, vamos a su encuentro para quitarlo de en medio, cuanto antes mejor.

Ahora, hay una diferencia entre «fracasar» y «fracasar de manera inteligente». Porque fracasar sólo es romántico en los libros y las películas, fracasar duele. Por eso hay una diferencia entre probar si el agua está fría lanzándonos de cabeza o metiendo primero el pie en el agua.

De esa segunda manera, probando y siendo cautos, viviremos para fracasar otro día de manera inteligente y, además, viviremos también para ver que algo, alguna vez, también sale bien.

Fracasar es inevitable, como es inevitable que en esta vida se vaya a fallar más veces de las que se acierta. Les pasa a los emprendedores con lo que empiezan, les pasa a los jugadores de élite cuando tiran a puerta.

También hay otra regla inevitable en esta vida, que no puedes predecir el futuro y, por tanto, no sabes lo que va a funcionar: ni en producto, ni en marketing, ni en nada. Sólo puedes averiguarlo, en tu caso particular, aprendiendo primero qué no funciona hasta que das con la clave. Y eso implica fracasar mucho, hacerlo rápido, hacerlo de manera inteligente que no nos destruya.

Debemos estar cómodos con el fracaso si somos emprendedores, igual que debemos estar cómodos con la incertidumbre, pues son dos compañeros de viaje inevitables. Si no estamos dispuestos a que nos acompañen, entonces mejor no emprender.

Los demás, la sociedad, especialmente la española, tienen una aversión terrible al fracaso. Lo ven como algo vergonzante, un estigma. Lo ven justo de la manera contraria a la que es necesario verlo.

Por eso es hora de cambiar la mentalidad hacia el fracaso, ser inteligentes y acudir a su encuentro: pero con cuidado y con la armadura puesta, de manera que el fracaso no nos mate. Vivamos para disparar otra vez a puerta.

Hace no demasiado hablaba en la sección Premium de los fascinantes estudios por los cuales cambiar la mentalidad frente al estrés hacía que éste perdiera su poder. Es más, se convertía en algo positivo, en combustible para impulsarnos a través de los tiempos duros. Los datos demostraban la efectividad de este cambio de pensamiento.

Hemos de hace algo similar con el fracaso, porque nos va a dar frutos similares y será nuestra herramienta para avanzar, en vez de nuestra perdición.

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