Cambia o muere
Cambia o muere

Habitualmente hablamos de cuando las cosas van mal, de qué hacer si una empresa está en crisis. Tácticas, recoger datos, ver qué están haciendo los mejores…

A estas alturas tenemos clara una estrategia para cuando el viento viene en contra, pero, ¿qué pasa cuando las cosas van bien? Hace poco leía un libro, uno de esos no muy allá, sin ideas demasiado revolucionarias, pero con una frase genial y cierta, y a veces basta eso para convertir un libro en bueno. La frase era esta:

«¿Las cosas te van bien en el negocio? Felicidades. Ahora cambia o muere»

Drástico, lo sé, pero cierto en muchas ocasiones. A continuación el libro ponía ejemplos, que siempre son la mejor manera de aprender algo.

Ejemplos como el hecho de que cuando Blockbuster era un imperio enorme, Netflix se lo comió. De que en 1984 Wordstar era el procesador de textos estrella, haciendo de su empresa, MicroPro, la compañía de software más grande entonces. ¿Le suena? Claro que no, a mí tampoco, Wordperfect le desbancó y a WordPerfect le desbancó Word.

Y así con multitud de ejemplos, Kodak cayó con las cámaras digitales, pero Canon se mantuvo a flote cambiando de estrategia, como pasó con IBM. Los PC’s clónicos la derrotaron, pero resurgió cambiando de sector y hoy sigue siendo gigantesca, aunque quizá apenas la oiga porque ya no se dedica al cliente particular.

La cuestión es, incluso a mí me ha pasado.

Buenos tiempos, en esos tiempos tiendes a aburguesarte y no cambias, un día despiertas y ya es tarde. Por ejemplo, al principio el producto superventas de Recursos para Pymes era un Pack para Autónomos. Triunfó porque había una demanda existente (el mercado es siempre lo más importante) y porque nadie lo estaba haciendo. Él solo y en piloto automático daba más de mil euros de ingresos mensuales.

Sin embargo, empezaron a aflorar portales con información gratuita, productos más elaborados, servicios a partir de productos… y no se capitalizó en los miles de clientes ni en evolucionar el producto lo suficiente.

Y ya fue tarde.

La cuestión es que ser emprendedor es una carrera de fondo, una que no termina nunca. Si te paras, retrocedes tú mismo porque el mercado cambia o te comen terreno porque alguien ha visto que haces dinero. O las dos cosas a la vez, que es lo que ocurre a menudo.

Hay quien opina que lo no está roto no debe tocarse, pero hay una realidad en el mundo de los negocios. Todo producto, bueno o no, se está rompiendo poco a poco.

Al principio, cuando todo va bien, no se notan las grietas. Lo malo es que muchas veces, cuando las ves por fin y vas a hacer algo, ya es tarde.

Los imperios caen porque las cosas cambian, y porque los imperios se aburguesan. Engordan, se hacen ineficientes, ya no están perfectamente preparados para la lucha.

La realidad de las cosas es que uno genera músculo cuando encuentra resistencia, y lo pierde cuando no. Eso es una realidad en cualquier faceta de la vida y los negocios no son diferentes. Sólo nos esforzamos cuando sentimos la punzada de la necesidad. Hemos de concienciarnos de que la necesidad siempre está ahí, porque siempre está, la veamos o no.

Además, si uno no está en su negocio para ser el mejor, entonces ¿para qué molestarse? Si no tienes una inclinación natural a ser el mejor en lo que haces, otro sí la tendrá. Tarde o temprano.

Es por eso que digo que el mercado es lo primero, porque si nadie quiere comprar, da igual lo apasionado que seas. Pero si no tienes algo de esa pasión, da igual el mercado porque otro vendrá a quitarte la cima.

Siempre hay que correr. No digo que siempre haya que ir con la lengua de fuera, pero siempre hay que correr un poco, porque en el momento en que no estamos pensando en lo próximo, en cómo mejorar o tenemos la cabeza dos productos más allá de la competencia, alguien habrá que lo haga. Y siempre hay alguien que lo hace.

La gran mayoría de competidores no, pero es que no son esos con los que realmente competimos. Siempre hay uno o dos que sí se van a esforzar, que son los incansables. Y basta ese uno o dos para relegarnos a la nada, para convertirnos en el Wordstar o Kodak. Competimos contra esos pocos, el 99% restante no importa.

Así que, ¿nos va bien? Enhorabuena, hora de cambiar o morir.