Hoy, en la sección Premium, voy a contarle, probablemente, la historia más curiosa de todas las que haya escuchado. Es la historia de un informático que, sin cambiar su dieta ni su ejercicio, consiguió perder 13 kilogramos de peso.

¿Cómo es posible algo así? Porque apenas realizó una pequeña acción, aunque ningún cambio en sus hábitos de comida o ejercicio, y sin embargo, consiguió su objetivo. El santo grial en definitiva, no cambiar nada y conseguir cambiar cosas importantes.

Por eso, aunque parezca increíble no lo es y vamos a ver qué hizo exactamente, además de por qué funciona.

¿Y qué tiene que ver todo esto con las ventas, el negocio o la empresa? Mucho, porque podemos emplear exactamente la misma táctica para conseguir resultados y reducir costes o aumentar ventas, sin proponérnoslo ni hacer un esfuerzo consciente.

La historia de Phil Libin

Tim Ferriss, en su libro The four hour body cuenta la fascinante historia de Phil Libin, un informático que decidió perder peso. Como Libin es un hombre extremadamente inteligente, sabe que las dietas no funcionan, son demasiados cambios radicales que, cuando no son directamente perjudiciales, no duran en el tiempo.

Otra cosa que Libin sabía y que aquí hemos hablado es que: La fuerza de voluntad es un recurso finito, se gasta.

La enorme fuerza de voluntad que requiere un cambio de dieta radical como los que se suelen proponer hace que no quede más fuerza para otras cosas (eso incluye trabajar) y que los cambios no sean efectivos, porque no son duraderos.

Lo único que Phil Libin hizo fue una hoja de cálculo con un gráfico, que iba actualizando con un dato de su peso al final de cada día. En serio.

El gráfico en la hoja consistía en una línea, que unía su estado inicial (258 libras), con su estado final deseado (230 libras). Esa línea se extendía a lo largo de los seis meses de tiempo que se dio para su experimento. Por día, representaba apenas un 0,1% de pérdida de peso, un cambio pequeño, pero que a la larga produciría resultado.

A lo largo de esa línea levemente descendente, se dio un margen superior e inferior de valores de peso. Y anotó, cada día, el peso de dicho día.

Mientras ese peso anotado estuviera dentro de los intervalos, todo estaría bien. Si estaba por debajo, comía algo más para volver a su objetivo diario.

Cómo es posible obtener resultados con eso y nada más

Esto es posible, no sólo por el poder de cambios imperceptibles, sino también por el poder de medir.

Vivimos como zombis, creemos que hemos trabajado todo el día, y sin embargo, si lo miramos fríamente con datos en la mano, gran parte se nos ha ido en Facebook, en contestar Whatsapps, mails y otras interrupciones.

Hay programas de ordenador que registran el tiempo que pasamos realmente en cada programa y cada sitio web que visitamos. La primera reacción de los que se lo instalan suele ser un: «No puede ser». Creen que han estado dos horas con el Word, pero en realidad se han ido navegando.

Las distracciones y las agendas de los demás nos llevan de un lado a otro de modo inconsciente.

Lo mismo pasa con el tiempo dedicado y los resultados de nuestro negocio. Si no controlamos, multitud de hábitos inconscientes y acciones de los demás nos empujan para todos lados excepto para el que queremos.

Y la cuestión es ésta, recordemos lo dicho al principio: la fuerza de voluntad es un recurso finito. Se nos acaba, nos vacía por igual estar con Twitter o Facebook, cuando queremos ponernos con lo importante, ya no tenemos la frescura ni la energía, sólo queremos irnos a casa a desconectar.

Por qué funciona medir lo que hacemos

Básicamente, porque hacemos consciente lo que normalmente es inconsciente.

La principal arma de los hábitos nefastos es que operan de manera inconsciente, cuando queremos darnos cuenta, ya han hecho su «trabajo». Si los hacemos conscientes, midiendo, les quitamos gran parte de su poder.

Ese el mecanismo de pérdida de peso de Libin y que se une a otras experiencias similares en las que, cuando uno mide y se da cuenta de lo que está haciendo en realidad, corrige su actitud de una forma natural, sencilla, sin grandes sacrificios que vacíen su fuerza de voluntad.

De hecho, se corrige prácticamente sin querer.

La aplicación práctica: Mide todo aquello que quieres que crezca

O en el caso de Libin, que disminuya. Nada de lo que queremos construir se va a hacer bien si no medimos. Como dijo aquel: «Lo que no se mide, no se puede gestionar». No se puede actuar eficazmente sobre aquello de lo que no llevamos seguimiento.

¿Queremos aumentar los ingresos? Midamos cada mes y establezcamos indicadores clave, algo que muchos emprendedores hacen menos de lo que parece. Seguir la evolución nos va a permitir corregir actitudes, actuar aunque sea un poco.

¿Quiere reducir costes? Anótelos cada día, hágalos conscientes, sólo con eso conseguirá un efecto como el de Libin, los reducirá sin darse cuenta. ¿Sabía que cuando uno deja de pagar con tarjeta y empieza a pagar todo con dinero, ahorra más y gasta menos? Eso es porque el acto de dar dinero y traspasarlo hace consciente el gasto, igual que anotar las cosas. Hacer consciente lo inconsciente, cada día, hará que veamos resultados.

Cuando miras las cosas, las controlas y tienes poder sobre ellas. Como no les eches un vistazo, y más en un negocio, todo se descontrola: desde el tiempo que perdemos en Internet, hasta las ventas o los costes.

Este secreto funciona, y casi nadie lo emplea. Y si no lo va a hacer, al menos haga lo del dinero en efectivo en vez de las tarjetas, así esta información le hará ganar dinero a través del ahorro, sin que tenga que hacer esfuerzo y sin que se lo proponga.