Vivimos en un mundo que cambia de forma constante, por lo que las empresas necesitan nuevas maneras de sacar adelante proyectos para conseguir el máximo provecho al trabajo, y que tengan la capacidad de conseguir buenos resultados de forma sencilla.

Pero ocurre algo, y es que las empresas de tipo tecnológico surgieron con un modelo distinto, sin jerarquías, y en el que todas las personas podían ser autónomas y creativa. En ellas los ciclos de trabajo se acortaban, y las tareas se organizaban en torno a su fecha de entrega. A su vez, los grupos de trabajo mismos decidían cómo iba a ser su proyecto. Las órdenes directas quedaban sustituidas por la comunicación entre los clientes y los miembros del equipo.

scrum

¿Dónde nace el scrum?

Hacia mediados de los ochenta, dos investigadores japoneses comprobaron que existían empresas capaces de lograr resultados espectaculares en la mitad de tiempo. Todas ellas compartían un patrón común: los equipos multidisciplinares. Cada departamento no se centraba en una sola tarea, sino que estos equipos podían trabajar en conjunto. Pues bien, las empresas de desarrollo de software trabajan de este modo, ya que las tareas se encuentran bastante definidas y existe un factor bastante importante: el tiempo.

Hoy en día estamos en un mundo que nos permite vivir conectados, y las empresas juegan un rol general. Por ello cobra sentido aplicar esta lógica a la empresa convencional, y comenzar a trabajar de otra forma, más colaborativa y orientada a grupos. Hablamos de una serie de dinámicas conocidas como “agile” y “scrum”, que consiste en una forma de aplicar estos principios ágiles.

“Scrum” es un término que proviene del rugby, y que se emplea porque los trabajadores hacen algo así como una melé. Se trata de un concepto ampliamente extendido, hasta el punto de que las personas interesadas en este modelo pueden estudiar un scrum master.

¿Cómo funciona el scrum?

Los expertos lo explican de manera muy sencilla. En el scrum existe un grupo de trabajo y unas tareas que deben desarrollarse en ciclos cortos de trabajo, denominados “sprints”. Dicho grupo se autogestiona, y contacta al cliente con las personas que ejecutarán el trabajo.

Aquí las tareas se establecen según un orden estricto de importancia, es decir, lo principal se hace al principio y lo accesorio después. De este modo dichas tareas se desarrollan con mucha mayor agilidad.

Puede que la metodología resulte lo más complicado de comprender, pero expertos señalan que en realidad es más sencillo de lo que parece. Tal como indicábamos antes se trabaja en ciclos cortos (que duran de dos a cuatro semanas), se hacen reuniones periódicas (de un máximo de quince minutos), y en ellas los propios clientes se involucran para conocer el trabajo hecho y proponer cambios. Ello aporta una flexibilidad natural que añade valor al negocio en cada momento.

El scrum está al alcance de cualquier empresa. Tan solo se requiere una nueva forma de entender las relaciones laborales, ya que es una forma de trabajo completamente colaborativa. No existe un jefe dando órdenes concretas, sino que todo está consensuado en el equipo.

 

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