poder y organizaciones
poder y organizaciones

Hoy vamos a ver un tema polémico, que prácticamente todo el mundo desconoce, aunque es muy útil en la práctica, se lo aseguro. Aprenda esto y le servirá cada día, tanto en su vida profesional como personal.

Cuando era consultor de negocio trabajé en un proyecto para una empresa que ese año preveía facturar unos 500 millones de euros. En el equipo, y para implantar una gran aplicación de cuadro de mando, nos asignaron a un consultor informático de apoyo y a otro consultor de negocio —economista como yo—, para ayudarnos a mi compañero y a mí. Eustaquio y Óscar, recuerdo sus nombres como si fuera ayer.

Ambos eran genios en lo que hacían y conseguían sacar adelante cosas que nadie más lograba. Y años después, uno seguía atascado como consultor junior y el otro fue despedido. Y en serio, eran los mejores en lo suyo y nadie podía acercarse a sus resultados.

Durante aquella época, un puñado de consultores estábamos en dos o tres proyectos que proporcionaban el 80% de los ingresos a la empresa (la regla del 80/20, como siempre, se cumplía a rajatabla). Mientras tanto, por diversas razones, casi una docena de personas estaban en la oficina central, sin proyecto asignado porque no había. Su tarea a lo largo del día era beber café, charlar y hacer Powerpoints (esto último, que lo sepa, es básicamente el 90% de lo que hace un consultor).

Cada seis meses teníamos una serie de evaluaciones y, cada final de año, se repartían los bonus por objetivos y los ascensos dentro de una jerarquía muy estricta. Y he aquí la cuestión:

El 80% de ambos estaban copados por esas personas de café y powerpoint, mientras que ya sabemos lo que les pasó a esos dos compañeros que se batieron el cobre y resolvieron problemas.

¿Cómo es posible cuando va contra toda lógica?

Lo cierto es que los que hemos tocado mínimamente el mundo empresarial  ya sabemos que esto pasa a menudo, lo hemos visto siempre, la eterna injusticia en el lugar de trabajo. Pero si creemos que se debe a que, simplemente, la gente en posición de poder es «tonta» o a que uno sólo progresa en una organización dando coba a los de arriba, nos estamos quedando cortos y no entendemos cómo funcionan las personas y, por extensión, las organizaciones. Y si seguimos así, no es de extrañar que tropecemos en las mismas piedras que Óscar y Eustaquio.

Sí, esto es el mundo real y, sí, efectivamente dar coba a los de arriba funciona (para qué negarlo) pero no se trata sólo de eso, se trata de:

  1. Comprender cómo funcionan las organizaciones.
  2. Sobre todo, comprender cómo funciona el poder dentro de ellas.

Un día vamos a hablar de organizaciones, de las enfocadas a resultados, a política, etc, pues también es un conocimiento extremadamente útil, pero hoy vamos a centrarnos en aprender sobre el poder.

El poder dentro de un grupo u organización

Para empezar, hemos de ser conscientes de que apenas un 50% del poder real dentro de una organización viene explicado por su organigrama. Es decir, que sí, que obviamente el jefe tiene más poder de base que un subordinado, pero el cargo influye menos de lo que parece en el poder real que se posee.

Eso significa que, en un grupo u organización, la mitad o más del poder real es siempre informal.

Hoy y aquí explicaremos el poder de una manera práctica y sencilla, veremos de qué depende y cómo aumentarlo. Y es importante entender que una organización es cualquier grupo de personas, de modo que esto funciona en empresas y ámbitos personales donde haya grupos. Me da igual que sean de amigos, la comunidad de vecinos o esa negociación entre empresas.

El poder, y especialmente el poder dentro de una organización es un tema del que ni se habla ni se enseña, pero precisamente por eso muchos acaban pisoteados, haciendo el trabajo y despedidos como «premio». O bien atascados en el mismo puesto para siempre.

Para que eso no suceda, conozca esto, que no tiene que olvidar nunca, y cómo aplicarlo.

Qué nos proporciona poder

Como punto de partida hemos de ser conscientes de que las redes, los grupos de los que formamos parte, son los que nos dan la mayor parte del poder que vayamos a tener en nuestra vida.

Aquí entenderemos poder por la capacidad de conseguir lo que queremos en general.

Nuestro poder depende pues de nuestras redes sociales (no en el sentido de redes sociales que se entiende hoy, esto no tiene que ver con Facebook o Twitter). En general, las personas encuentran su poder en el grupo y eso no ha cambiado desde que el hombre es hombre (ni cambiará).

Así que, si usted está aislado, «pasa» de los demás, no quiere saber nada porque la gente es insufrible (lo cierto es que muchas veces lo es), sepa que está limitando su poder enormemente. Como decía aquel programa de televisión: «Solo no puedes, con amigos, sí».

Así que es importante que para tener poder desarrollemos redes sociales y grupos, porque solos vamos a estar muy limitados.

De hecho eso es lo que pasaba en parte con estos dos consultores. Uno de ellos, especialmente, iba por libre, y era un experto en lo suyo, pero no quería saber nada de nadie, todo el mundo le parecía mediocre y los pocos con los que se juntaba eran también otros trabajadores quemados con la empresa. Básicamente repetían una y otra vez lo malo e injusto que era todo, retroalimentándose.

Es triste porque muchas veces tenían parte de razón, pero no sólo ese grupo no contribuía a darte poder, sino todo lo contrario, contribuía a una marginación mayor dentro de la estructura y el grupo más grande.

Eso conecta con otro elemento de los grupos que hace tiempo vimos también en esta sección Premium

  • Las redes cerradas, pequeños grupos donde se conocen todos y se retroalimentan, dan menos poder informal.
  • Tener redes abiertas, varios grupos que no se conozcan entre otros, proporciona mucho más poder informal.

Cuando hablamos de redes abiertas y cerradas vimos que una característica que tenían en común las personas de éxito era que habían tejido esas redes abiertas, en contraposición a los que tenían redes cerradas.

No es de extrañar lo del éxito porque, además de lo que vimos sobre la capacidad de recibir mucho más feedback diferente y poder resolver problemas desde diversos ángulos, también son poseedores de un mayor poder informal en general.

Partiendo de esta base, veamos las tres reglas principales de poder.

La regla principal

La primera regla para adquirir mayor poder es obvia:

Expandir nuestras redes todo lo posible y fuera de nuestros grupos de siempre.

Eso es resultado de una acción proactiva. Hemos de tener en cuenta que, si no nos movemos y si no queremos jugar al menos con unas pocas de las reglas con las que funcionan los grupos y el poder, nos vamos a ver empujados necesariamente al margen.

Es lo que hay, la vida real es así.

La segunda regla básica del poder

Lo siguiente que tenemos que saber del poder es esto:

La dependencia asimétrica determina el poder.

¿La qué? No se preocupe, es muy sencillo. Dependencia asimétrica significa que la dependencia entre los miembros de un grupo determina el poder en el grupo. Cuando hablo de asimétrica me refiero a situaciones en las que la dependencia entre dos o más miembros no es igual.

Si yo creo una empresa con usted y usted tiene la idea, pero yo tengo todo el dinero, hay una dependencia asimétrica, y no, las ideas no valen más que el dinero. Cualquiera tiene ideas y pocos tienen dinero. La dependencia aquí es asimétrica porque el socio con la idea necesita mucho más el dinero para la empresa (sin él, tendrá que cerrar) de lo que el socio con dinero necesita a la idea (pues alguien con dinero encuentra gente con ideas cada dos por tres que quieren que les financie).

Así que lo primero que debemos hacer en una organización en la que queramos tener poder es realizar una, llamémosle, auditoría de dependencia y poder, sabiendo cuánto dependen de ti y cuánto dependes tú de ellos.

Como me enseñó un mentor, podemos empezar por hacer esa auditoría con nuestros 10 principales contactos.

La cuestión básica es que los que son más difíciles de reemplazar son los que tienen el poder.

Dos cosas interesantes sobre esto.

  • Los estudios han demostrado que las mejores relaciones son aquellas que se dan entre individuos que tienen una dependencia mutua elevada. Un ejemplo es la pareja joven recién enamorada. En esos casos, la dependencia mutua es elevadísima y no importa lo que venga, «el amor lo puede todo» y no hay quien rompa esa relación.
  • Si tenemos la sartén por el mango (los demás dependen de nosotros), cuando «los usamos» para obtener algo, te llevas más pastel, pero el pastel decrece. Es decir, estás gastando balas y, lo curioso es que el pastel decrece más de lo que ganas, lo que significa que ese poder se agota. Hemos de usar sabiamente y en momentos clave el poder que poseamos.

La tercera regla del poder y las redes

Y he aquí una regla más a tener en cuenta para este juego:

En realidad no desarrollas redes, te las ganas en base a lo que das a los demás.

Es decir, que formar esas redes de manera correct significa ganarse esas redes y eso se consigue dando o aportando algo de valor a ellas.

Y hasta aquí por hoy, en la siguiente entrega vamos a ver cuáles son las monedas de cambio dentro de los grupos de poder. Cuántas más monedas de esas tengamos, más poder acumularemos también y más capacidad de que el grupo haga lo que queremos y se cumplan nuestros objetivos.

Pero de momento, aprendamos lo visto aquí y comprendamos que conecta, muy íntimamente, con cualquier ámbito de nuestra vida, pues es inevitable que dicho ámbito esté formado por alguien además de nosotros.