ofertas trabajo marketing
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Hace bastante tiempo me escribió un chico que estudiaba en una prestigiosa escuela privada de gestión. Quería adquirir el software de Plan de Marketing Zen Marketing, pues no sólo era mucho más económico que las alternativas recomendadas por su escuela, sino que lo había encontrado más efectivo que las otras. Además de que las otras no permitían probarlo en primera persona o bien esas pruebas eran tan limitadas, que no podías hacerte una idea de si el programa te iba a resultar útil o no.

Aquella charla inicial dio pie a un intercambio mayor de correos, a hablar sobre temas de marketing en general, más allá del plan.

Obviamente, una de las principales preocupaciones de aquel chico era buscar ofertas de trabajo en Marketing y, por supuesto, conseguir que le contrataran, pues su formación en la escuela estaba llegando a su fin.

Me preguntó si tenía algún consejo, aunque sabía que yo me dedicaba por cuenta propia y que ya no frecuentaba esas situaciones. En el futuro él también quería hacer lo mismo, pero fogueándose primero en empresas ajenas, empezando desde cero.

Mi consejo fue sencillo, que usara todo lo aprendido a la hora de buscar y, sobre todo, conseguir cerrar esas ofertas de empleo con un buen contrato. El marketing, todo lo aprendido, estaba ahí para ser usado.

Y sobre todo, lo principal que le recomendé fue precisamente que reflexionara qué le había llevado a elegir el software Zen Marketing en vez de opciones más prestigiosas, reconocidas y caras.

La respuesta era clara y supone el pilar principal del marketing: La prueba.

La gente, hoy día, está ansiando prueba, está anhelando que le desmuestren, de alguna manera, que todas esas dulces promesas de los eslóganes de marketing son verdad.

Pero la realidad es que el cliente es cada vez más incrédulo y con razón. Una y otra vez todos hemos sido seducidos por esas promesas una y otra vez, para luego comprobar que no eran verdad. Con toda la razón del mundo el cliente es hoy día muy desconfiado en cuanto a ventas, marketing y todo lo que lo rodea.

El antídoto contra el gran enemigo del marketing

El gran enemigo del marketing es la incredulidad y su antídoto, su cura, es la prueba.

Eso le dije al chico. Que no se creyera todo lo que le enseñaban, porque la realidad es que sólo hay un pequeño porcentaje de cosas que importan y funcionan. La prueba siempre lo hace, la prueba es fundamental.

Por eso, mientras los demás se esfuerzan en tener un currículum impecable y coleccionar masters como si fueran medallas, él debía esforzarse en demostrar que era el mejor, en tener algún método para que el entrevistador lo supiera.

Y si no, proponer un reto. Proponer que le dejen demostrarlo, sin compromiso y riesgo para aquellos que le contratan.

También le recomendé algo que recomiendo en general a los clientes, y que le iba a servir para toda su vida laboral. Recoger los posibles casos de éxito que tuviera a lo largo de su carrera.

Así, en vez de enseñar que tiene el mismo curso pagado que otros cien candidatos, él podría demostrar aquella vez en que su campaña fue un éxito, cómo multiplicó las ventas de alguna de las empresas en que trabajó, y cómo podría poner en marcha lo mismo en la nueva que quiere contratarle.

La gente está ansiando prueba, y la prueba despierta el deseo, que es el principal motivo de la compra.

La gente, con suficiente deseo, hace lo que sea para conseguir lo que quiere, para comprar lo que anhela. En medio de la más terrible crisis económica que se ha visto en los últimos tiempos, los iphones no han dejado de tener cifras récord de ventas. ¿Por qué? Porque despertaban el deseo, porque cuando es así, uno empeña lo dientes si es necesario para tener ese teléfono que es objeto de deseo y símbolo de status.

Y es una terrible maniobra económica para muchos, pero es así.

Si usted entra a una tienda Apple, ¿qué puede ver? Que puede usted tocar, manejar, agarrar y experimentar, en primera persona y sin necesidad de que alguien le entone un discurso de ventas, cómo es el Iphone, como se sentiría con él en la mano. Manejándolo, tocándolo, escuchándolo.

Está recibiendo prueba por todas partes, así no hace falta que venda sus virtudes.

Este chico y yo teníamos otra cosa en común que, además, puede resultar un poco paradójica para algunos. A pesar de dedicarnos a lo que nos dedicábamos, no nos gustaba nada vender.

Mejor aún, porque cuando uno suministra suficiente prueba para que el otro compruebe en primera persona, no hace falta memorizar discursos, vender por presión o insistir hasta ser pesados.

Y que no hay mejor forma de convencer a alguien que dejar que se convenza por sí mismo. Garantizado.

Todavía hoy me pregunto qué fue de aquel chico. Pero era inteligente, estoy seguro de que ahora, tantos años después, le va bien en lo que decidiera trabajar. Y que iría a esas entrevistas con una ventaja sobre el resto.

Porque curiosamente, y he ahí otra paradoja, muchos de los que se dedican al marekting, muchos de los que se forman en prestigiosas escuelas y firmas, parecen haber olvidado la esencia que es la base de todo.

Créame, he estado en reuniones con agencias que cobran demasiado y he salido horrorizado.

Demos a la gente lo que ansia, demos prueba y el resto del marketing caerá por su propio peso.