La «procrastinación», palabra tan de moda para definir el «dejar para luego», es el enemigo más terrible del emprendedor.

Todo profesional sabe que el problema no es saber qué tiene que hacer, sino ponerse cada día pase lo que pase y hacer ese trabajo que hay que hacer.

Con ese párrafo estoy parafraseando libremente al genial escritor Steven Pressfield, pero es que es la realidad del emprendedor, cuyo principal enemigo es ese, que pasan los días y lo importante sigue sin hacer. Ponemos mil excusas y vamos ocupando las horas en cientos de cosas, pero lo que es crítico se sigue quedando en el apartado de Pendientes, no avanzamos y eso produce una enorme ansiedad.

Llegar a donde nos proponemos no es cuestión de genio, es cuestión de tener la capacidad de hacer lo que hay que hacer, cada día, nos guste o no.

Hay multitud de libros, e incluso seminarios, dedicados al problema de la procrastinación y cómo resolverlo. De hecho yo mismo he visto y aprendido numerosas técnicas y procedimientos.

Mucho de eso tiene una base equivocada. He visto procesos con multitud de pasos para eliminar el «dejar para luego», pero por mi experiencia, ese es un enfoque fallido en el mundo real.

Si no soy capaz de ponerme con esa tarea, menos aún voy a empezar a ponerme con un inacabable proceso de no sé cuántos pasos para luego ponerme con la tarea en cuestión. Si lo que ocurre es que veo una montaña alta que me desincentiva, no se arregla haciendo que parezca aún más alta con más trabajo previo.

Igualmente no puedo estar leyendo 50 o 200 páginas para resolver esto, al contrario, soluciones largas o complejas son, por naturaleza, contraproducentes para este problema.

En mi opinión, lo que mejor me ha funcionado ha sido conocer las técnicas más breves y efectivas y usarlas como balas en el cargador, para ir disparándolas cuando me ataque el fenómeno hasta que al final acierte con algo y acabe haciendo lo que tengo que hacer.

Esas técnicas sencillas, breves y probadas son las que vamos a ver aquí, y las vamos a ver ya.

1. La técnica más efectiva de todas, los 10 minutos

Lo que se ha mostrado más efectivo para vencer esa procrastinación está basado en los estudios del psicólogo Bluma Zeigarnik que encontró que lo más efectivo para vencer eso es ponerse sólo 10 minutos con la tarea. Esto es lo que recomiendo usar primero.

Así que en vez de decirse que tiene que estar toda la mañana adelantando ese proyecto o escribiendo esos materiales para la campaña de Marketing, póngase sólo 10 minutos o un breve periodo de tiempo.

Eso elimina el principal golpe que el dejar para luego nos arroja, y es la ansiedad psicológica que nos produce el ver lo que tenemos que hacer e imaginarnos lo duro de estar todo el rato en eso (esa sensación de montaña infranqueable que decíamos antes).

Sabiendo que sólo nos ponemos 10 minutos esa ansiedad se reduce en gran parte, porque dentro de nada habremos terminado lo que tenemos que hacer.

Póngase 10 minutos, si lo hace entonces se disparará la inclinación natural de que, cuando empezamos algo, nos vemos empujados a terminarlo, a seguir más allá de los 10 minutos, con lo que aprovechamos un fenómeno natural para vencer otro.

Para que funcione no se ponga con la intención de que en realidad va a estar una hora en vez de 10 minutos, sino ponerse con un objetivo real de 10 minutos. Si luego de manera natural quiero seguir, perfecto, si no, no pasa nada, me quito, me pongo con otra cosa y más tarde intento otros 10 minutos a ver si me engancho y quiero seguir.

He descubierto que ésta es la mejor mentalidad para afrontarlo, porque si nos ponemos 10 minutos sabiendo que el objetivo es realmente 50, entonces la ansiedad de ver la tarea enorme no se reduce.

2. Forzarse a actuar

Esta es la otra táctica que personalmente me ha resultado más efectiva. Supone colocarse en una situación donde no tienes otra elección que hacer lo que tienes que hacer.

Una de las bendiciones de ser emprendedor es que muchas veces no hay jefe ni estructura que tenga más poder que nosotros, lo cual es también nuestra perdición para los que no tenemos voluntad de hierro, porque aunque no hagamos las cosas nadie va a venir con el látigo.

La paradoja de la elección es que cuanta más capacidad tenemos para elegir lo que haremos, más ansiedad se genera y menos acabamos haciendo.

Así que en esas situaciones hay que forzarse a actuar y ponerse en la situación de «no hay más remedio». Normalmente lo hago exponiéndome ante mis propios clientes a los que les digo que voy a hacer esto o aquello para tal fecha.

Si no lo hago perderán la confianza y sabrán que lo que digo y lo que hago no es lo mismo, lo que supone menos ventas.

En otras ocasiones utilizo amigos y compañeros de los que me importa la opinión que tengan de mí. Es importante que sean amigos que no te justifiquen demasiado si fallas, el miedo al fracaso tiene que ser nuestro aliado aquí contra el dejar para luego en vez de ser el enemigo habitual.

Otra técnica cuando no tengo eso a mano es hacerme una promesa a mí mismo y escribirla. Sé que suena bastante tonto, pero me funciona bien ver el papel cerca y ver que tengo que hacer eso para hoy. Esto no es lo mismo que anotar la tarea en un papel la tarea, lo que hago es escribir la promesa de que voy a hacerlo e incluso la firmo.

3. Buscar compañía para el trabajo

Es más difícil escamotearnos o ponernos excusas cuando trabajamos con alguien, igual que por ejemplo es más fácil no faltar al gimnasio si quedamos con alguien para ir. El uno por el otro ayuda a que no hagamos trampas.

Da igual que no trabajen en lo mismo, propónganse ir echando un vistazo al trabajo del otro, la cuestión es que el dejar para luego es muy vulnerable a la buena compañía.

4. Visualizarse haciendo el trabajo bien

Creo que no hay nada más mal usado y entendido que la habilidad de visualizar. Algunos la venden como la solución mágica que les va a arreglar todo sin mover un dedo, lo que sólo implica una gran capacidad de autoengaño.

Pero ciñéndonos a lo que funciona de veras al respecto están los estudios de Pham y Taylor que descubrieron que el desempeño de quienes hacían algo se veía afectado por la visualización previa.

Curiosamente, lo que funcionaba era justo lo contrario a lo que suele decir el 99% de literatura al respecto, porque resultó ser que los mayores efectos estaban en quienes se visualizaban yendo a través de los pasos del trabajo a imaginándose haciéndolo bien en contraposición a los que se imaginaban con el trabajo ya bien terminado.

Personalmente es cierto que dedicar unos minutos a imaginarse trabajando y avanzando sin problema en lo que se tiene que hacer ayuda a reducir esa ansiedad previa y a desempeñar mejor. Le invito a probarlo sin prejuicios como otra bala que disparar al monstruo de la procrastinación.

5. Recordar por qué hacemos lo que hacemos (o cualquier otra motivación que nos funcione)

Es casi imposible eliminar cualquier ansiedad del tipo que sea y quedarnos en un estado de no sentir o pensar en nada, sin embargo es mucho más efectivo cambiar una sensación por otra, en este caso motivación.

Si nos llenamos con suficiente motivación el dejar para luego no tiene cabida. Con el día a día se pierde el norte de por qué quisimos empezar con tanta pasión lo que tenemos entre manos. Recordarlo, nos puede ayudar.

6. Piense en cómo puede aumentar la «nota» de la tarea

Está técnica es sencilla, ya verá. Afrontemos la realidad, si tuviéramos que poner una nota del 1 al 10 a la tarea que estamos evitando esa nota podría ser perfectamente un 1, un 3, o incluso un tremendo cero. Es indudable que lo que evitamos hacer no es agradable, pero siempre podemos hacer algo para mejorarlo, aunque sea un poquito. Con lo cual nos podemos preguntar:

«¿Qué puedo hacer para subir la nota de esa tarea y que sea al menos un 5, un 7 o incluso más

Puede que la situación sea menos aversiva si trabajamos con buena música, o si lo hacemos en un sitio más cómodo o incluso si salimos al jardín, nos vamos a un parque o a esa cafetería tranquila que nos gusta. O bien puede ser mucho mejor si al final de la tarea tenemos una recompensa y nos vamos a tomar ese bollo o veinte minutos de siesta.

Añadiendo o modificando condiciones podemos subir la nota de la situación y, lo que es más interesante, podemos hacerlo en cualquier situación.

Algo podemos añadir o cambiar siempre que reduzca ansiedad y aumente el atractivo. Simplemente es cuestión de pensar un poco y esforzarse por vencer la pereza inicial de cavilar, verá como se le ocurren cosas.

7. Partir en pedazos más pequeños y concretos la tarea

Muchas veces la ansiedad de dejar para luego viene porque no sabemos muy bien por dónde tirar o qué hacer para avanzar en la tarea, todo es como una niebla espesa que no sabemos bien por dónde coger.

En esos casos tenemos que partirla en trozos diminutos y concretos. «El proyecto de web» se convierte en:

  • Hacer un diseño en papel.
  • Elegir los gráficos.
  • Redactar la página de presentación.

Si es algo más continuado como escribir un manual, hacer la contabilidad o programar podemos partirlo en bloques de 1 página, 15 asientos contables o 40 líneas de código.

Cuando estemos ante una tarea enorme saquemos el cuchillo y empecemos a dividirla con ganas. Acometeremos esos pequeños pedacitos mucho más fácilmente y con menor ansiedad, de hecho esta táctica y la de los 10 minutos nos puede servir perfectamente para resolver el 90% de situaciones.

Un estudio de la Universidad de Konstanz en Alemania respaldaba esta técnica, los que pensaban en tareas de manera abstracta tardaban mucho más en ponerse y terminarlas que quienes pensaban en términos concretos de “Qué, Cómo y Cuándo”

Así que he aquí lo que se ha demostrado que funciona contra la procrastinación y, como ve, no es necesario un libro ni un seminario para aprenderlo y ponerlo en marcha.