Siempre he sido un apasionado del uso de la tecnología para los negocios. De hecho soy lo que a veces se denomina un early adopter, uno que siempre está explorando la última tecnología y cómo aplicarla. No pocas anécdotas han surgido de eso, como cuando exploré, muchos años ha, la posibilidad de ahorrar en la terrible factura del teléfono mediante telefonía IP.

Ni el servicio, ni las redes por aquel entonces, eran las más propicias para integrarlo todavía, pero es que yo tenía que probar. Recuerdo llamar a mi primer cliente y tener una conversación cavernosa, con retrasos, ecos fantasmales y, en general, una sensación de que al colgar, aquel buen hombre pensaría que yo no estaba todo lo bien de la cabeza que debería estar su asesor de confianza. Al final, me rendí a la evidencia y llamé por mi móvil y retrasé la telefonía IP indefinidamente.

Los tiempos han cambiado mucho y en cuanto a uso tecnológico e intentado siempre dividir lo personal de lo profesional, algo a veces difícil durante las etapas freelance. Un móvil para el trabajo y otro para mí, un ordenador para el trabajo y otro para todo lo demás.

Aunque en teoría eso suena como lo óptimo, en la práctica no es nada cómodo, por decirlo finamente. Ir cargado con varios dispositivos, o estar trabajando en uno y tener que conectar y encender otro para seguir con lo que estás haciendo. Programas duplicados, archivos duplicados…

El advenimiento del trabajo en la nube fue un alivio para mi modo de hacer las cosas y, últimamente, me estoy planteando si eso que creía óptimo de dividir dispositivos lo es de verdad. De un tiempo a esta parte está despuntando la filosofía BYOD en muchas empresas. Esas siglas corresponden a la frase Bring your own device o trae tu propio dispositivo, traducido al español. En ella se aboga por que los trabajadores utilicen sus propios móviles u ordenadores para el trabajo.

En una parte de la balanza está la comodidad, el no tener que arrastrar varios teléfonos o portátiles y una posible duplicidad de archivos e ineficiencias en el proceso de trabajo. La mejora del trabajo en la nube ha facultado que esta filosofía se vaya imponiendo. Sin embargo, y como todo en esta vida, no es perfecta y puede presentar inconvenientes. Uno de los principales, por ejemplo, es el hecho de quién paga la cuenta telefónica en la parte que corresponde a las llamadas y datos consumidos durante el trabajo. Al final, el mundo de los negocios se basa en la resolución de necesidades y ya han surgido aplicaciones móviles como BizPhone, que permiten que la empresa pague directamente las llamadas que los trabajadores hacen desde su propio teléfono móvil. Suponen un ahorro de precio (he aquí un ejemplo de tarifas BizPhone) y se gana en comodidad, claridad y eficiencia.

Con un buen flujo de trabajo y una buena infraestructura online, el BYOD no tiene por qué influir negativamente. Siempre he sido un proponente de que las herramientas no tienen la culpa de nada. Un teléfono o un portátil te harán esclavo si tus procesos de trabajo no son buenos, no porque los dispositivos sean intrínsecamente malos.

Personalmente siempre estoy intentando optimizar dichos procesos, desplazar todo el peso que puedo a la nube e ir incluso más allá de la filosofía BYOD, a una que sea independiente del dispositivo. Esté en cualquier ordenador, móvil o tablet, puedo acceder a lo que deseo e incluso seguir trabajando por donde lo dejé.

Aún disto de haber encontrado la solución perfecta a todo y hay aspectos, por ejemplo con respecto a la facturación, en los que al final la cosa no ha salido y he tenido que aplazar ese traslado al trabajo 100% online. Al menos, nadie pensó que estaba loco o que llamaba desde una cabina en el más allá.

Sin embargo, la perfección no tiene que ser el enemigo de la mejora. Que no pueda conseguir trabajar perfectamente con todo lo que quiero, no tiene que ser excusa para no intentarlo en lo que sí sea posible. He empezado este artículo desde un ordenador a 150 kilómetros de mi oficina, lo he seguido en otro nada más llegar a casa, con plena comodidad. Si me fuera por ahí de nuevo, podría subirlo a la web desde mi teléfono móvil, uno solo, en el que tengo mi trabajo y lo personal.

Al final, la moraleja principal es que la tecnología es una herramienta y que, no importa que las condiciones no sean perfectas aún para hacer algo, eso nunca debe ser excusa para no hacerlo.