La clave para hacer más con menos esfuerzo

Uno de los temas más importantes que todo emprendedor debería considerar es el de la productividad: que no es más que gestionar su capacidad de hacer cosas. O mejor dicho, de hacer realidad cosas importantes.

La productividad es una de mis obsesiones, primero porque, como ya he comentado en esta misma web la solución para esos eternos y agotadores días de trabajo del emprendedor no es hacer más, es hacer menos.

Por eso, en mi experiencia práctica, el primer paso a dar para aumentar exponencialmente nuestra productividad no implica aprender nada nuevo, ni añadir técnicas adicionales a nuestro arsenal.

Implica quitarnos peso de encima.

Muchos emprendedores insistimos en que la solución debe pasar por aprender cosas nuevas o hacer más, pero con lo saturados que ya estamos muchas veces eso apenas nos produce resultado, al contrario, cargamos más equipaje, son demasiados lastres y nosotros sólo una persona.

Por eso lo más eficiente si queremos correr más hoy mismo, no es apretar los dientes e intentar acelerar, es empezar a quitarnos peso innecesario de encima, peso que nos enlentece enormemente y lo cargamos a cuestas todos los días, muchas veces sin darnos cuenta.

Lo primero es pues eliminar al peor enemigo de nuestra productividad todo lo que podamos.

Ese enemigo son las distracciones.

Porque todos estamos sometidos a una enorme cantidad de distracciones y actividades de poco valor que nos atraen con sus cánticos, como las sirenas de los mitos antiguos.

Empieza la mañana y consultamos el correo. Tenemos esa tontería graciosa que un amigo nos ha enviado por e-mail, tenemos que verla y luego reenviarla a nuestra lista de contactos, alguien se ha conectado a la red social de turno, no podemos pasar sin decir hola y ese hola son veinte minutos de charla. Suena el teléfono y se nos van otros quince como mínimo. Vale, es hora de ponernos a ver cómo enfocamos esa campaña de Marketing, entonces entra alguien y pregunta que si nos apetece un café. No podemos decir que no, obviamente. Nos sentamos de nuevo tras un rato y tenemos que empezar de cero, pero antes miramos el e-mail, un par de correos aparecen y corretean por nuestra cabeza pidiendo respuesta, no podemos dejarlos así. Los contestamos y nos ponemos de nuevo, pero luego resulta que estamos viendo a la vez un enlace en Internet y nos pasamos 15 minutos navegando de acá para allá. Intentamos centrarnos un momento, pero en ese instante alguien entra de nuevo, pidiendo opinión sobre cómo hacer algo, echamos un vistazo y se la damos.

Luego miramos la agenda y la lista de tareas sigue ahí, ha pasado buena parte del día y ya nos parece una montaña imposible de escalar con el poco tiempo que nos queda, de modo que buscamos la que parezca más fácil para rematarla pronto, pero la mirada se nos va y resulta que tenemos un mensaje en el móvil, así que leemos y contestamos. Es casi la hora de comer, así que aceleramos, nos ponemos con un par de cosas rápidas que tachamos de la lista de tareas (y que no tienen que ver con lo importante que nos trae ingresos) y ya es hora de marcharnos a casa.

¿Le suena? Es un ejemplo que puede parecer exagerado, pero creo que ilustra bastante bien a nuestro enemigo.

Hoy día el mayor inconveniente que tenemos como emprendedores es la numerosa legión de distracciones que compiten por nuestra atención.

Hay tal cantidad de información, aparatos, personas y programas de Internet que luchan porque les hagamos caso, que es muy difícil conseguir una hora de silencio en la que centrarte, única y exclusivamente, en las tareas importantes que van a hacer crecer tu empresa: Marketing y Producto.

Además, dichas tareas importantes siempre nos suelen parecer una montaña enorme que escalar, de modo que cada vez que las miramos ponemos los ojos en blanco, buscamos a ver si tenemos un e-mail o alguien ha llamado y cuando acaba el día cogemos esa tarea importante, la tachamos en la agenda y la copiamos para el día siguiente, donde probablemente sufrirá el mismo destino de no tocarse y posponerse de nuevo para el día posterior.

Así todo se eterniza y nada sale adelante, porque alimentado con miles de horas al monstruo de la distracción, que a cambio nos agota y frustra.

Si queremos gestionarnos adecuadamente, y sacar el máximo partido de nuestro tiempo, nuestra primera misión no es aprender nada nuevo, sino hacer desaparecer de nuestro entorno las principales distracciones que tengamos.

Sólo dando este paso de eliminar distracciones va a ser como quitarnos una mochila de cincuenta kilos, y créame, vamos a poder caminar mucho más ligeros con el mismo tiempo y menos esfuerzo.

¿Cómo aplicarlo en la práctica? Empiece por aquí:

+ Desconecte Internet. Sí lo sé, es inconcebible, pero siempre recordaré como mi proveedor de Internet falló durante 36 horas seguidas y fueron las más productivas en años que recuerdo.

+ Deje el teléfono en otra habitación.

+ Dígale a aquellos con los que trabaja que no le molesten a menos que sea absolutamente necesario. Que no vengan a buscarle, que ya irá usted.

+ Limpie su mesa de trabajo.

Si hay miles de post-it, papeles, notas o cacharros, entonces hay miles de distracciones, cuando su mente perezosa no quiera trabajar se aferrará a cualquier cosa que vea, pero si no tiene más que la mesa, el ordenador y su agenda, es difícil que encuentre excusas con las que enredarse.

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