Cuál es nuestra verdadera competencia

Algunos emprendedores dedican una gran parte de su plan de negocio a analizar la competencia y a componer en su cabeza estratégicos planes sobre cómo contrarrestarla o vencerla, como si fueran a una especie de batalla y tuvieran que salir triunfantes de ella.

Pero si alguna vez pensamos así, nos estamos equivocando.

No es que la competencia sea irrelevante, obviamente es fundamental y nos afecta, pero por mi experiencia, la mayoría de pequeños emprendedores que se preocupan demasiado de eso están poniendo la vista en el “enemigo” que no es más peligroso para ellos.

He aquí dos rivales a los que se tiene que enfrentar todo emprendedor hoy día y que, siendo más peligrosos que la competencia, estoy seguro de que apenas dedicamos tiempo a combatir.

Uno de ellos es el enorme “ruido” al que está sometido nuestro cliente.

Nos estamos dirigiendo a alguien que prácticamente recibe miles de impactos de información cada día, desde carteles publicitarios que pasan de reojo hasta las noticias que intentan inculcarle miedo y agendas ocultas, todo compite por su atención.

En “Confesiones de un emprendedor” (si no lo ha leído, humildemente lo recomiendo) comentaba cómo el antídoto contra la falta de resultados tiene como uno de sus ingredientes imprescindibles la acción MASIVA, y subrayo masiva porque precisamente nos movemos como en un campo de fútbol repleto gritando a pleno pulmón, donde cada uno dice una cosa a la persona a la que queremos llegar.

En ese contexto imposible tenemos que llamar la atención si es que queremos alguna venta, y precisamente por eso no basta la acción, porque con unas pocas acciones no vamos a penetrar esa barrera de ruido que compite con nosotros, si queremos resultados habrá que proponerse el marketing como una actividad de cada día, establecerlo como prioridad e ir haciéndola masiva a base de acumular esfuerzo.

Y otro gran enemigo es la incredulidad de nuestro cliente.

Porque se dirija a quien se dirija más de dos vendedores sin escrúpulos ya le habrán “partido el corazón” con promesas incumplidas y se habrá vuelto cínico y desconfiado, o bien simplemente habrá tenido alguna mala experiencia de compra, por el motivo que sea y que es algo que sucede a todo el mundo, con lo que no sólo promocionarse sirve, también hay que demostrar (he aquí de nuevo una de las dos cosas sobre Marketing que tenemos que saber y que también comentaba en Confesiones de un emprendedor).

Apostaría dinero a que esos dos enemigos roban más clientes a la mayoría de emprendedores que cualquier competencia (y yo no apuesto nunca ni juego a lotería, pero lo he visto tantas veces que esta vez lo haría sobre seguro).

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